La hazaña en patineta que nunca se había visto, hasta que llegó Gui Khury, de 11 años

Talya Minsberg
Gui Khury, un skater de 11 años, en Curitiba, Brasil, el 19 de mayo de 2020. (Isabella Lanave/The New York Times)

Gui Khury tenía una patineta antes de que naciera, gracias a su padre, Ricardo.

Desde que tenía 4 años, Gui tomaba clases de skateboarding en la YMCA en la ciudad playera de Encinitas, California. Un año después, aterrizaba en medio tubo y se elevaba sobre el borde de la rampa vertical a altas velocidades.

“Era solo un niño pequeño, pero era muy valiente”, dijo Ricardo Khury en una entrevista telefónica. “Así es cómo todo empezó, era el pequeño que aterrizaba en las grandes rampas”.

Este mes, el niño de 11 años se convirtió en el primer skater en lograr un 1080 en un medio tubo —un truco en el que hay que girar tres veces completas en el aire, 1080 grados, antes de lograr un aterrizaje en la rampa vertical—.

“Pensé que podía hacerlo”, dijo Gui algunos días después de completar el truco, todavía extasiado. “Solo seguí intentándolo”.

Desde hace mucho tiempo, los skaters jóvenes han sido catapultados hacia la fama con trucos que parecían imposibles. Nos hacen dudar y desafían a la gravedad para hacer avanzar al deporte.

Cuando Gui nació, en 2008, el skateboarding gozaba de popularidad en la cultura tradicional. Habían pasado nueve años desde que Tony Hawk logró el 900 —dos y media vueltas— en los X Games. La franquicia de videojuegos "Tony Hawk&aposs Pro Skater" ya había lanzado su decimoprimer título. Bob Burnquist había construido su Megarrampa, con una altura de ocho pisos, la cual permitía a los skaters alcanzar 88 kilómetros por hora y atravesar una separación de 21 metros. Jóvenes prodigiosos como Ryan Sheckler y Nyjah Huston ya habían ganado sus primeras medallas en los X Games.

Había múltiples parques de patinaje cerca de la casa de la familia en el sur de California, y Ricardo rápidamente se dio cuenta de las habilidades de su hijo.

Así que cuando la familia se mudó a Curitiba, en el sur de Brasil, construyó una rampa en una bodega para que su hijo practicara.

“Después de que construí la rampa aquí, logró su primer McTwist”, dijo Ricardo, al describir un giro de 540 grados por la espalda. “Solo tenía 7 años. Eso es muy muy difícil para un skater. Tres meses después de eso, había logrado su primer 720 y se convirtió en la persona más joven en conseguirlo”.

Cuando la pandemia de coronavirus causó el cierre de las escuelas en Brasil, Ricardo se dio cuenta de que su hijo podía beneficiarse de la pausa en muchas de las otras actividades de su vida cotidiana. Gui tendría más tiempo para entrenar, podía comer bien en casa y tendría acceso ilimitado a las únicas instalaciones atléticas que necesitaba. La rampa vertical en la bodega se ubica a veinte minutos de su casa y también existe una rampa más pequeña en el patio trasero de su hogar.

Gui y su padre, que actúa como un entrenador informal y videógrafo celular, manejó hasta la bodega un día después de terminar las clases desde el hogar. Gui intentó e intentó hacer el 1080, pero no lograba aterrizar y se deslizaba hacia abajo de la rampa con sus protectores de rodilla.

Tenía la confianza de que podría lograrlo en algún momento. Y lo hizo, después de apenas diez intentos.

Gui Khury, un skater de 11 años, en Curitiba, Brasil, el 19 de mayo de 2020. (Isabella Lanave/The New York Times)

Luego de tres giros completos, las rueditas de la patineta de Gui tocaron el suelo. Sus rodillas se tambalearon un poco —estaba un poco más abajo en la rampa de lo ideal—, pero pudo enderezarse y la celebración comenzó.

Gui tiene mucho por hacer durante su tiempo en cuarentena. Ya logró aterrizar exitosamente el 1080 de nuevo y busca hacerlo en una competencia tan pronto como se reinicien los eventos.

Dijo que su parte favorita del skateboarding es aprender nuevos trucos, y ya tiene en la mira un 1260, el cual añadiría otra media vuelta al 1080.

También está ansioso por volver a practicar el monopatinaje con sus héroes en California, Hawk y Burnquist. Por ahora, tendrá que conformarse con su propia rampa vertical en Curitiba. Afortunadamente, tiene un equipo sólido que lo apoya, incluido el perro de la familia, Toni, que corre hacia Gui y le lame la cara cuando cae en la rampa.

“Todo es un sueño”, dijo Gui. “Una de las mejores cosas del skateboarding es escuchar a tus héroes decir: ‘Oye, qué buen truco. Felicidades’”.

Hawk tuvo una gran respuesta a eso.

“Me siento muy afortunado de ser testigo de esta nueva generación y participar al mismo tiempo”, dijo él. “Soy mucho mayor de edad; podrían considerarme como un skater anquilosado”.

This article originally appeared in The New York Times.


© 2020 The New York Times Company


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