¿Qué tiene 4 patas, una trompa y una base de datos de comportamiento?

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Joyce Poole tenía 6 años y vivía en Malaui cuando su familia viajó hacia el norte para ver a los elefantes africanos salvajes de lo que es en la actualidad el Parque Nacional Amboseli de Kenia. Al ver a un majestuoso elefante macho, el padre de Poole, un fotógrafo reconocido, detuvo el auto y comenzó a tomar fotografías.

“¿Qué pasaría si el elefante cargara contra nosotros?”, preguntó Joyce con nerviosismo.

“Aplastaría nuestro auto hasta dejarlo como una vaina de guisantes”, respondió su padre, mientras entrecerraba sus ojos a través de la cámara.

Poco después, el elefante cargó hacia ellos.

Joyce gritó y se escondió debajo del asiento. Su padre logró apartar el auto del camino. El motor falló y el elefante cargó de nuevo antes de finalmente decidir que los turistas enlatados no merecían la estampida. Después de eso, por años, Poole dijo: “Desconfiaba mucho de los elefantes”.

Sin embargo, y siguiendo la tradición de comedias románticas como “Orgullo y prejuicio” o “Cuando Harry conoció a Sally”, el recelo inicial dio paso al amor duradero. En la actualidad, Poole, de 65 años, es una de las principales autoridades con respecto al elefante africano de sabana, el animal terrestre más grande del planeta y uno de los más complejos en el aspecto cognitivo y conductual.

Poole y sus colaboradores han recopilado importantes conocimientos sobre la sexualidad, la vida familiar, los estilos de alimentación, la vida social y las estrategias de comunicación de los elefantes, incluyendo el asombroso descubrimiento de que los elefantes pueden mantenerse en contacto con compañeros distantes a través de señales sonoras profundas y de baja frecuencia que como humanos apenas podemos oír.

Poole ha pasado decenas de miles de horas en el campo, observando, rastreando y analizando elefantes salvajes. Ahora, en un amplio proyecto que sus colegas zoólogos describen como “un logro impresionante” y “un tesoro inmenso”, Poole y su esposo Petter Granli han reunido los frutos de su trabajo de campo en una vasta base de datos llamada “El etograma del elefante: una biblioteca sobre la conducta del elefante africano”.

Publicado en mayo por la organización sin fines de lucro ElephantVoices, el etograma es un compendio detallado de los tipos y fonemas básicos del comportamiento de los elefantes: los aleteos, las ondulaciones, los pliegues y las bofetadas de las enormes y expresivas orejas del elefante; la forma en que la trompa se enrosca, se estira, gira, palpa, arranca, succiona y apunta; el sutil meneo de la cola; el no tan sutil serpenteo y balanceo del falo de un macho excitado, que se asemeja a una segunda trompa y a ratos se interpone en el camino de un macho torpe; los barritos, estruendos, saludos, súplicas, regaños, burlas y amenazas. La biblioteca, que sigue creciendo, describe cerca de 500 comportamientos y 100 conjuntos de actitudes en diversos contextos.

Y aunque ya se han compilado etogramas de diversos niveles de rigurosidad para otras especies, lo que hace que el nuevo etograma del elefante sea excepcional —y adictivo, incluso para los no expertos— es la inclusión de más de 3000 archivos de audio y video que ilustran las descripciones escritas.

“Es un logro científico increíble y un maravilloso aporte a nuestro conocimiento”, dijo Cynthia Moss, fundadora del Fondo Amboseli para Elefantes y otra autoridad líder en el campo. “Tener todas las posturas, gestos, vocalizaciones y señales mostradas y explicadas en un mismo lugar… no conozco nada parecido”.

El etograma enciclopédico llega en medio de una crisis en desarrollo para los elefantes salvajes de África. A finales de marzo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por su sigla en inglés) dividió formalmente a los elefantes africanos en dos especies: los elefantes de sabana descritos en el etograma y el elefante de bosque, que es más pequeño, raro y elusivo. Ambos están clasificados actualmente como especies en peligro de extinción, sobre todo el elefante de bosque, que está en estado crítico. En 1913, se estimaba que había 10 millones de elefantes en todo el continente africano. Hoy en día, solo quedan unos 400.000.

Los elefantes siguen siendo masacrados por sus magníficos colmillos, que son dientes incisivos altamente modificados y de mucha mayor utilidad para los elefantes que como símbolos de estatus de marfil tallado exhibidos en un tablero de ajedrez. Sin embargo, la amenaza más grave es la pérdida de hábitat y los enfrentamientos con humanos por el acceso a la tierra y el agua. Los biólogos de elefantes sostienen que cuanto más comprendamos la mentalidad de los elefantes, mayores serán las probabilidades de mantenerlos vivos.

Michael Pardo, investigador posdoctoral de la Universidad Estatal de Colorado que escribió su tesis doctoral sobre pájaros carpinteros, pasó a estudiar la comunicación vocal en los elefantes africanos hace tres años. “El comportamiento del elefante puede ser sutil y a veces es difícil saber por qué está vocalizando”, dijo. “Joyce ha pasado mucho tiempo estudiando el contexto de los diferentes llamados, y los videos me dieron una idea de lo que debería estar buscando en el terreno”.

Pardo citó el estruendo de un “vamos”, un llamado de bajo profundo emitido por una elefanta para anunciar su deseo de seguir adelante.

“Sabía que estos llamados existían, pero cuando salí al campo por primera vez, no fueron tan fáciles de identificar como creía”, dijo. El etograma del elefante ofrece 13 clips de ese sonido para ayudar a los futuros novatos de la investigación.

Daniela Hedwig, investigadora asociada del Elephants Listening Project de la Universidad Cornell que estudia a los elefantes de bosque, dijo que “los elefantes africanos pueden ser un sistema de estudio genial para la evolución de sistemas complejos de comunicación, incluyendo nuestro propio lenguaje”.

El etograma se basa en estudios de tres poblaciones de elefantes: dos en Kenia, en el Parque Nacional Amboseli y la reserva Masái Mara, y el tercero en el Parque Nacional Gorongosa de Mozambique, para un total de aproximadamente 6000 elefantes.

Dondequiera que vivan los elefantes, parecen desarrollar su extenso vocabulario social a través de una mezcla y combinación de gestos y sonidos familiares. El contexto es clave. Por ejemplo, los elefantes suelen colocar sus trompas en forma de periscopio. En una cría, eso puede indicar un deseo de ser amamantado. En un macho joven, ganas de jugar. Los elefantes también adoptan la trompa en forma de periscopio cuando detectan algo de interés o peligro inusual. La extensión de las orejas puede funcionar como una advertencia o un saludo amistoso, dependiendo de la cantidad de veces que las orejas aleteen a lo ancho, si se doblan o se levantan, y el ángulo del mentón.

A pesar de todo, a los elefantes salvajes les encanta mantenerse en contacto, literalmente, con sus cuerpos; olfativamente, a través de olores que se escurren de glándulas temporales y que otros elefantes pueden detectar a través de sus cavidades nasales a lo largo de la trompa, que son más sensibles que las de un sabueso; o acústicamente, a través de estruendos, gruñidos, rugidos y barritos. Los retumbos suenan como ronroneos de gato muy profundos y son, por mucho, el tipo de vocalización más común y diverso del elefante.

Los elefantes no son tontos, pero son gentiles. “Los elefantes exhiben algunas de las características que nos gusta pensar que tenemos”, dijo Moss. “Son muy atentos con los miembros de su familia y tolerantes con los que no lo son”.

Un macho adulto puede pesar el doble de los 3100 kilogramos de una hembra, pero aun así no asume un rol de mandril acosador.

“Incluso cuando los machos grandes están en periodo de must, cuando tienen un aumento de testosterona, son muy amables con las hembras y las crías”, dijo Poole. En contraste, un toro pasa su periodo anual de impulso erótico de dos o tres meses buscando hembras en celo o peleando con otros machos.

Por otro lado, los elefantes son golosos incansables y pasan cerca de 16 horas al día quebrando ramas, hurgando en arbustos y arrancando hojas con destreza. Los elefantes son considerados ingenieros del ecosistema, que abren oportunidades para una variedad de formas de vida más pequeñas. Al mismo tiempo, el apetito de los elefantes puede llevarlos a asaltar huertos y jardines y destruir el sustento de un agricultor de la noche a la mañana.

Los biólogos y conservacionistas de elefantes admiten que no es fácil convivir con estos animales, pero afirman que la idea de que se extingan es inconcebible. “Sería una Tierra deprimente”, afirmó Moss. “si no tuviera elefantes desfilando por ella”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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