Unos 25.000 comercios deberán volver a cerrar en la ciudad: "se viene lo peor", justifica el gobierno porteño

Jaime Rosemberg

"Queremos que entiendan: se viene la peor parte. Hay que pasarla, y esto recién empieza". La frase, surgida de un miembro del gabinete de Horacio Rodríguez Larreta, sirve como explicación de las medidas tomadas anoche en el contexto de una nueva prórroga de la cuarentena, y anunciadas en la quinta de Olivos junto al presidente Alberto Fernández y el gobernador bonaerense Axel Kicillof.

El cierre, a partir del martes, de unos 25.000 comercios en 24 arterias y zonas claves de la ciudad que habían sido reabiertos hace dos semanas, y la clausura de 11 estaciones de tren ubicadas entre el conurbano y las cabeceras de Constitución y Retiro servirán, afirman cerca del jefe de gobierno, para reducir la circulación del virus y, sobre todo, advertir que el "inevitable" avance del virus traerá, más temprano que tarde, nuevas restricciones, que se irán monitoreando "día a día" para evitar un desmadre en la cantidad de infectados.

En la ciudad hacen cálculos: los comercios esenciales representan el 30 por ciento del total, y hace dos semanas ese número llegó al 50 con incorporaciones de nuevos rubros. "Ahora bajamos un 10 por ciento y apuntamos a los grandes centros comerciales de la ciudad, para que la gente no salga a pasear", afirmó otra alta fuente porteña. ¿Temen quejas y protestas como las que se dieron en Córdoba luego de una decisión similar? "Por supuesto que habrá quejas y protestas. Pero no nos quedaba otra. La curva se multiplicó por cinco", justificaban cerca de Rodríguez Larreta, en consonancia con los datos difundidos con el jefe de gobierno en la conferencia de prensa de anoche, en la que Fernández anunció una nueva prórroga de la cuarentena, hasta el 7 de junio.

En lo que hace al cierre de estaciones, la idea es bajar "un dos o tres por ciento" el porcentaje de uso del ferrocarril interurbano, que hoy está en un 11 por ciento de su capacidad total, capacidad que antes de la pandemia alcanzaba 1.400.000 personas en un día hábil. "El objetivo es desalentar los trayectos cortos, y eventualmente que quienes paraban en estaciones intermedias llegue allí caminando o en taxi", explicó otro funcionario.

Las medidas, afirman cerca del jefe de gobierno, tienen en la mira el esperado "pico", que el ministro de Salud Fernán Quirós calcula para las dos primeras semanas de junio. En esa lógica, explicaba un ministro, "si cerrábamos todo ahora, era bastante probable que mucha gente no hiciera caso. Cuando se vea el aumento del número de casos, va a haber más consenso para volver a cerrar". El eventual cierre de más comercios-dependiendo, claro, de la curva de contagios-se daría en una semana o diez días más.

Más allá de las apelaciones públicas al "trabajo conjunto", y del silencio de Rodríguez Larreta, aún continúa el malestar en la administración porteña para con Kicillof, quien en la conferencia de prensa hizo reiteradas alusiones al "desastroso" sistema de Salud bonaerense heredado de su antecesora, María Eugenia Vidal, aliada política del jefe de gobierno. "Es increíble. A veces parece que hablan para que los escuche ella (por Cristina Kirchner). En privado está todo bien con él", se quejó un ministro porteño. "Tiene razón, la provincia está devastada. Por treinta años en los que gobernó el peronismo", opinó un funcionario que comparte el día a día con Rodríguez Larreta. Otro ministro, quien recordó las críticas de Kicillof y sectores del kirchnerismo a la apertura parcial de comercios en la ciudad, destacó que "diga lo que diga, los casos en la provincia van a subir", y dio como caso el contagio de buena parte de la comisión directiva del gremio de Camioneros, originada en un director del Sanatorio Antártida, que recibe pacientes de coronavirus de la provincia de Buenos Aires. "El virus vino de allá", chicaneó el funcionario porteño.

Más allá de los tironeos con la provincia, Rodríguez Larreta aparece concentrado en los problemas por venir. Por la mañana, además de advertir que "la evidencia nos muestra que el pico está llegando", anunció el reforzamiento de los retenes dentro y en los límites de la ciudad, y del trabajo en los barrios vulnerables como la 1.11.14 y la villa 31. En las próximas horas habrá- como anticipó el Presidente ayer- reuniones con el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arrroyo, para "ajustar" la asistencia alimentaria que ya se triplicó en esos barrios y el apoyo para realizar más testeos, un trabajo simultáneo al que se viene haciendo desde ese ministerio y el de Salud en barrios populares bonaerenses.