19S, las historias cruzadas de los terremotos en México

Lo nombraron el “Jueves Negro”, se describió como una guerra, se vivió como el infierno, como una catástrofe, la peor tragedia, la más costosa del siglo para México.

7:19 am del 19 de septiembre de 1985. Un sismo de 7.3 grados en escala de Richter con epicentro en Bahía de Petacalco, en los límites entre Michoacán y Guerrero, sorprendió al Distrito Federal.

Al siguiente día, las portadas de los diarios no podían hablar de otra cosa. Se informaba de 3 mil muertos tan solo en las primeras horas, unas 50 mil familias sin techo y por lo menos 3 mil personas hospitalizadas. A la suma le seguían 500 turistas fallecidos y 50 alumnos sepultados.

La cifra nunca será exacta.

Compras de pánico en los supermercados y voluntarios desbordados en las calles de la Ciudad de México mientras que el pánico ya se había apoderado de Colima y Jalisco.

La noche trajo mayor desesperación y es que las colonias Guerrero, Peralvillo, Doctores, Vallejo, Tepito, Tabacalera, Roma, Del Valle y Narvarte estaban en tinieblas. Ya muchos habían abandonado sus casas, otros más, los que buscaban a los suyos, caminaban como perdidos, sin un rumbo fijo, sin conciencia ya de lo que estaba pasando.

Imagen: Elizabeth Ruiz

En el centro hay personas ayudando desde las 7:30 am, sin descanso. Ingenieros del DDF dirigen las maniobras mientras un camión de refresco llega a hidratar a los voluntarios.

Cerca de ahí, en el edificio Nuevo León en Tlatelolco, la ayuda se necesita más. Sin nadie que los coordine, civiles ayudan a manos llenas a la gente que quedó atrapada después del colapso desde los cimientos. La tragedia iba en aumento en cada metro recorrido.

En el Centro Médico Nacional solo hay energía en la Unidad de Congresos. Todos los pacientes que fueron evacuados son llevados a Xola, Lomas Verdes, La Raza y Politécnico. El Hospital Juarez no tuvo la misma suerte.

La torre de 12 pisos se vino abajo. De las 800 personas que se calcula habían en ese momento, solo se recuperan 162 personas con vida.

“No se alarmen, tengan calma, el temblor pasará en un momento. No salgan corriendo a la calle ni traten de bajar por los elevadores”

Fueron las últimas palabras de un periodista que cumplía con su labor desde el edificio de Radio Fórmula que minutos después, a las 7:30 am, colapsó sobre Río de la Loza y Avenida Cuauhtémoc. Sus colegas en Televisa, cientos de ellos, corrieron con la misma suerte.

UN NUEVO SISMO

Según el Gobierno, la cifra no pasaba de los 2 mil muertos; sin embargo, a 36 horas del terremoto, un nuevo movimiento impactó en la Ciudad de México y agravó la situación.

Para el 21 de septiembre ya había 600 rescatados, 4 mil muertos, cien mil personas sin hogar, 20 mil personas en albergues cientos más acamparon en el Zócalo y 28 mil desaparecidos. Locatel recibía 1166 llamadas cada hora en busca de familiares y amigos.

“empezamos a abrazarnos sin conocernos” contó un día después un reportero de El Universal al sentir el segundo sismo mientras entrevistaba a un par de elementos policiacos en el centro.

“Recen por amor de Dios, no hay nada que hacer”, dijeron los uniformados quienes pensaron que en ese momento iban a morir.

El olor a muerto comienza a salir de los edificios colapsados y viaja por la Ciudad. Ya son 250 mil sin hogar y un miedo importante por las epidemias que los cadáveres generaran.

Poco a poco las noticias se fueron apagando, la cifra de muertos siguió en aumento, aunque realmente nunca se sabrá el número exacto. El miedo jamás desapareció.

El 23 de septiembre empezó una demolición masiva de los 7 mil edificios dañados. En el primer cuadro de la ciudad había 100 mil personas sin empleo. El fin de semana la Ciudad tuvo más caos, 2 mil provincianos llegaron a buscar a sus familiares. La primera dama Nancy Reagan vino a México acompañada de ayuda internacional, la rapiña comenzó y la noticia de la continuidad del Mundial para México era un hecho.

A 33 años del evento más mortífero del país, la cifra de decesos es totalmente incierta. El Gobierno de Miguel de la Madrid calculaba 6 mil, tiempo después protección civil daba poco más de 9 mil. La Cruz Roja Mexicana hablaba de 15 mil, la embajada de Estados Unidos informaba en su momento el fallecimiento de 20 mil personas y en el mundo, las agencias de noticias lo magnificaron a 30 mil muertes.

Con el pasar de los días hasta la clasificación de intensidad del sismo cambió. Aún había 1500 cadáveres bajo los escombros, pero de entre las tinieblas, en un edificio colapsado en Chimalpopoca y Clavijero, renacieron 39 personas en plena demolición, entre ellos 9 lactantes.

Para el año siguiente todo era fiesta, el fútbol dejó en un bosquejo el horror de 1985, pero la fecha jamás se olvidará, la tierra se encargaría de tatuarla en lo más profundo de la cultura mexicana.

EL 19S, OTRO GRAN DESASTRE EN UNA NUEVA ERA

Las generaciones cambiaron, pero la esencia siempre fue la misma. El 19 de septiembre de 2017 tuvo grandes similitudes con el Terremoto de 1985, empezando por el día.

En ambos, la ayuda se desborda, los edificios se colapsaron, la gente volvió a subir a los escombros buscando vida de familiares o desconocidos, aquí también decían que la corrupción mató gente, pero la esperanza la unión y la fuerza pudieron más que todo.

En el 85, una generación de jóvenes marcó época. Por su gran labor en 2017 pasó lo mismo. La tecnología abrió paso una nueva cultura de paz e información veraz, de ayuda y solidaridad que hoy une a todo un país.

El 19S, de una magnitud de 7.1 a las 13:14:40, dejó 38 edificios colapsados, uno de ellos cayó 50 minutos después del sismo. La
última persona rescatada con vida fue el 22 de septiembre en el multifamiliar Tlalpan y el cadáver que cerró la lista negra fue recuperado el 4 de octubre en Álvaro Obregón 286, uno de los sitios más emblemáticos junto al Colegio Rebsamen donde 26 personas perdieron la vida, entre ellos 19 niños.

La cifra total fue de 369 fallecidos. 228 en la Ciudad de México, 74 en Morelia, 45 en Puebla, 15 en el Estado de México y 1 más en Oaxaca.

Los sismos del 19 de septiembre de 1985 y 2017, no solo sacudieron el subsuelo de la Ciudad de México, rompieron estructuras y tiraron edificios; también sacaron lo mejor de cada mexicano y cambiaron los conceptos de vida, incluso religiosos. Los sismos sacudieron conciencias.

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