100 años de representaciones de Zapata en Bellas Artes

BERENICE BAUTISTA
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MEXICO-ZAPATA

Una pintura del revolucionario mexicano Emiliano Zapata de Arnold Belkin en la exposición “Emiliano. Zapata después de Zapata” del Museo del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México el martes 26 de noviembre de 2019. La muestra incluye 140 obras y objetos relacionados con Zapata. (Foto AP/Marco Ugarte)

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Emiliano Zapata es uno de los revolucionarios mexicanos cuya imagen emblemática, con su traje de charro y sombrero de ala ancha, ha traspasado las fronteras de México. Ahora, su vida es abordada desde la óptica del arte en una exposición en el Museo del Palacio de Bellas Artes que abarca 100 años de representaciones visuales.

“Emiliano. Zapata después de Zapata”, abierta al público desde el miércoles, presenta las distintas facetas en la vida del polémico y venerado revolucionario a través de fotografías y objetos personales, así como cuadros de grandes artistas que incluyen a Diego Rivera.

“Nos permite entender una historia de México ampliada que no sólo involucra a los que venimos de este país, sino a los que han emigrado a Estados Unidos”, dijo el martes a The Associated Press el curador Luis Vargas Santiago, quien ha investigado a Zapata en el arte desde hace unos 15 años.

Zapata luchó por la tierra y la libertad de los pueblos del sur de México. Fue asesinado en 1919, hacia el final de la revolución, no sin antes haber escrito el manifiesto de reparto agrario “Plan de Ayala” y de haberse retratado a un costado de Francisco Villa, quien tras entrar triunfal a la Ciudad de México se sentó en la silla presidencial.

La exposición se divide en cuatro secciones. La primera incluye al Zapata monográfico, sus orígenes, objetos que le pertenecieron, fotografías de la época y caricaturas y críticas que recibió cuando todavía estaba vivo. La segunda muestra al Zapata institucionalizado, adoptado como estandarte del gobierno postrevolucionario y de los muralistas Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, a pesar de que Rivera no había participado de la gesta zapatista.

“Orozco y Siqueiros sí habían participado en la lucha, habían sido parte de los constitucionalistas. Diego cojeaba de esa pata y entonces le inventó”, dijo Vargas Santiago. “Tan es así que el llamado ‘Paisaje Zapatista’ que hace en 1915 no tenía nada que ver con Zapata, pero en 1930 se rebautiza como ‘Paisaje Zapatista”, agregó sobre ese cuadro de Rivera, incluido en la exposición.

Rivera es uno de los autores del Zapata oficial, afirmó el curador, quien considera que el artista buscaba legitimarse a través de Zapata como comunista y como un hombre que vivió en la época de la revolución mexicana. En 1911 Rivera regresó a México después de haber estudiado becado en Europa y se quedó en el país por un año en el cual, afirmaba, estuvo involucrado con los zapatistas y por el que tuvo que huir del país.

“Conforme (Rivera) va creciendo en edad y en grandilocuencia, va ofreciendo entrevistas donde le va corrigiendo cosas, va mejorando el mito”, dijo Vargas Santiago.

La tercera y cuarta sección muestran al Zapata deconstruido y reconstruido por artistas nacionales y extranjeros posteriores, que incluso lo revisan desde el punto de vista de la igualdad de género, lo comparan con otros rebeldes o lo toman ya como un símbolo inequívoco de los movimientos civiles.

Una de las obras destacadas es “El entierro de Zapata y otros enterramientos” del mexicano Alberto Gironella, quien incorporó al caudillo en su arte desde la década de 1950 hasta su muerte en 1999, una época en la que lo relacionaba con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

El colorido cuadro de 3,94 por 2,97 metros tuvo que entrar enrollado a la Sala Diego Rivera, donde se exhibe ahora y donde Gironella lo mostró en una exposición individual en la década de 1970.

“Yo creo que hay tres artistas que están obsesionados con Zapata: uno es Rivera, (el mexicano-canadiense) Arnold Belkin y el tercero sería Gironella”, dijo Vargas Santiago.

“De alguna manera lo que está enterrado (en el cuadro de Gironella) es la revolución, es una revolución mexicana traicionada donde (Francisco) Villa y Zapata son calaveras. Pero en la parte celestial está la promesa de que volverán de alguna manera estas luchas; por eso es el caballo de Zapata el que está arriba”, agregó.

Esta no es la primera exposición de Zapata en Bellas Artes. El museo le había dedicado una muestra en 1979, curada por la fallecida crítica de arte Raquel Tibol, para conmemorar el 60mo aniversario luctuoso del revolucionario.

Buena parte de “Emiliano. Zapata después de Zapata” son imágenes creadas por la comunidad chicana de Estados Unidos. Obras provenientes de colecciones estadounidenses, así como del American Art Museum, el Museo Hirshhorn y la National Portrait Gallery del Instituto Smithsonian. Entre ellas está “El mandilón”, del artista chicano Daniel Salazar, que muestra a Zapata con escoba, mandil y jabón para lavar la ropa como un pronunciamiento contra el machismo en las comunidades mexicanas-estadounidenses.

“Esta pieza fue muy polémica. Incluso allá en Estados Unidos, fue objeto de censura muy fuerte”, dijo el asistente de curaduría y gestor de exposiciones Uriel Vides. “Es una de las apuestas de esta exposición, mostrar también esta dimensión de la imagen de Zapata, sobre todo la crítica que ha habido a partir de los años 80, (artistas)... que ponen en cuestión todos estos modelos de masculinidad hegemónica fomentados por el régimen de la revolución institucionalizada”.

El Museo del Palacio de Bellas Artes está abierto de martes a domingo entre las 10:00 a.m. y las 6:00 p.m. El costo de entrada es de 70 pesos mexicanos (unos 3,5 dólares), excepto los domingos que la entrada es gratuita, e incluye las exposiciones permanentes y temporales. La muestra sobre Zapata podrá verse hasta el 16 de febrero de 2020.

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En Internet:

http://museopalaciodebellasartes.gob.mx/