Una procesión creada para erradicar la peste

El Carro de Oro de Mons y la fiesta del Doudou

Altar de la colegiata de Santa Valdetrudis, con el relicario en la parte superior | © Javier García Blanco.
Altar de la colegiata de Santa Valdetrudis, con el relicario en la parte superior | © Javier García Blanco.

La localidad belga de Mons –en la región de Valonia– se convierte en un hervidero de gente, música y color el día principal de su fiesta grande, el Ducasse o Doudou, una festividad que se celebra cada año coincidiendo con el domingo de Trinidad (primer domingo después de Pentecostés) y que cuenta con el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El festejo, que se prolonga durante ocho días aunque el principal es el último, tiene su origen en una antiquísima tradición medieval vinculada con la santa patrona de la ciudad, Santa Valdetrudis, y uno de sus eventos más señalados está protagonizado por una singular obra de arte que cada año, y durante apenas unas horas, se convierte en pieza fundamental de la fiesta grande de los montois: el Car d’Or o Carro de Oro.

Cuenta la tradición piadosa que, en el año 1349, y a raíz de una temible epidemia de peste que estaba asolando la ciudad, las autoridades de Mons decidieron sacar en procesión las reliquias de Santa Valdetrudis –una religiosa del siglo VII y origen noble que prestó sus votos en un monasterio de la localidad– desde la colegiata que lleva su nombre hasta el pueblo de Casteau.

El desfile religioso obtuvo sus frutos y la peste cesó, de forma que el “éxito” de la santa se conmemora desde entonces cada año con una procesión de las reliquias de Valdetrudis, que rememora la liberación “milagrosa” de la plaga.

En la actualidad la fiesta del Ducasse –o Doudou, como se conoce más popularmente, a raíz de una canción que se canta durante la celebración– comienza ocho días antes (un sábado) del “día grande”, aunque los actos principales se celebran el último fin de semana. El sábado anterior a la fiesta principal, por la tarde, se procede al descenso del relicario con los restos de santa Valdetrudis, custodiados durante todo el año en la colegiata que lleva su nombre, y las reliquias se entregan a las autoridades.

El Car d'Or o Carro de Oro, guardado en el interior de la colegiata | © Javier García Blanco.
El Car d'Or o Carro de Oro, guardado en el interior de la colegiata | © Javier García Blanco.

A la mañana siguiente, día principal de la fiesta, el relicario se deposita en el llamado Car d’Or –un carruaje de madera datado a finales del siglo XVIII– que, tirado por caballos, recorre la ciudad en una procesión que rememora la que originó la tradición. Las reliquias van en todo momento acompañadas por un grupo de monaguillos del coro de la colegiata, así como por un sacerdote de la misma que va leyendo el santo milagro de Valdetrudis.

Tras recorrer las calles de la ciudad, el Carro de Oro llega a la Rampa de Sainte-Waudru, donde se lleva a cabo uno de los episodios más importantes de la festividad: la montée del Car d’Or. Allí, el Carro de Oro –con un peso estimado en unas cuatro toneladas– debe ascender por una pendiente de casi el 20 por ciento de desnivel, ayudada por los caballos de tiro y el empuje de cientos de vecinos de Mons, que harán los posible por que el carruaje ascienda hasta la “cima” sin detenerse en ningún momento. Si el carro se para antes de llegar a lo alto de la calle –así lo asegura la tradición–, traería mala suerte a la ciudad.

Después del ascenso del Carro de Oro, la fiesta se traslada a la Grand Place, donde tiene lugar el otro momento culminante de la fiesta: el llamado Duelo de Lumeçon, en el que San Jorge se enfrenta al Dragón, ambos ayudados por sus respectivos partidarios, representados por vecinos de Mons disfrazados para la ocasión.

El Carro de Oro durante la procesión del domingo | Crédito: Wikipedia.
El Carro de Oro durante la procesión del domingo | Crédito: Wikipedia.

En la actualidad, los estudios realizados por los historiadores han podido confirmar con seguridad que, al menos desde la primera mitad del siglo XIV, existió un kar o carro que se empleaba para sacar las reliquias de Santa Valdetrudis en procesión. El que mañana saldrá en procesión fue construido entre 1779 y 1782 por los artesanos montois Ghienne y Midavaine, y consiste en un carruaje barroco de estilo Luis XVI. Una pieza sin par, pues es el único carro procesional de esta época que todavía está en uso.

Detalle de una de las cartelas con cronograma en el Carro de Oro | © Javier García Blanco.
Detalle de una de las cartelas con cronograma en el Carro de Oro | © Javier García Blanco.

Además de por sus formas voluptuosas y sus dorados, el Carro de Oro llama la atención por otra razón: varios de los trece querubines que adornan el carruaje aparecen portando sendas cartelas o cartuchos con inscripciones latinas, textos compuestos por caracteres negros y rojos. Curiosamente, estas letras rojas sirven para componer varios cronogramas –cifras en clave, en este caso fechas– relacionados con la santa y sus reliquias.

Si tomamos por separado las letras en rojo de las cartelas, veremos que pueden ser interpretadas como numerales romanos (leyendo las “U” como “V” y las “W” como “X”). De este modo, las letras rojas de cada cartela suman siempre la cifra 1803. Ese es, precisamente, el año en el que regresaron a Mons las reliquias de la santa, después de que hubieran estado en el “exilio” durante varios años.

Una fecha por tanto de importancia para la ciudad, pues sin reliquias no había procesión, y sin procesión el carro de oro no podía ascender la cuesta de Saint-Waudru, lo que exponía a Mons a sufrir mala suerte. Así ocurrió –al menos según la tradición– en los años que el carro no subió de un tirón la pendiente, o en aquellos en los que no pudo salir. Mañana, como cada año, los vecinos de Mons empujarán el carro con todas sus fuerzas. Les va la suerte en ello.

Más información: Turismo de Bélgica: Bruselas y Valonia