La mujer es joven y delgada. Aparece tumbada boca arriba, rodeada de cuatro soldados, dos de los cuales la arrastran de los brazos que han colocado sobre su cabeza. Ella no lucha. A lo mejor se ha desmayado. En las imágenes no se le ve la cara. Solo que lleva vaqueros azules y deportivas. Pero el torso lo tiene desnudo: se le ve el sujetador azul, la tripa, los brazos... Y alrededor de la mitad superior de su cuerpo está la prenda negra que llevaba puesta antes de que se la quitaran, lo cual nos indica que vestía un niqab, la prenda femenina tradicional en los países árabes.
Estas son las imágenes que han conmocionado a Egipto y al mundo este fin de semana. Corresponden a la sesión de protestas del sábado, cuando esta mujer anónima fue perseguida por las fuerzas de seguridad, que luego procedieron a golpearla con porras de metal hasta que cayó al suelo. Entonces un soldado le pisoteó (porque no hay otra palabra para describir el golpe que le atesta con la suela de su bota) el pecho. Sólo después de esto la dejaron allí, tumbada en el suelo. Cuando se acerca una pareja entrada en años para defenderla, también les golpean.
Otra mujer se enfrenta a las fuerzas de seguridad egipcias (AP)Son
imágenes especialmente duras, y han tenido una repercusión
especialmente sonada. Se han distribuido en los principales medios
internacionales y por las redes sociales durante todo el fin de semana.
Pero son solamente una muestra más de la brutal relación entre las
autoridades egipcias y los mismos protagonistas de la rebelión que en
febrero terminó con el mandato de Hosni Mubarak.
Los manifestantes protestan para poner fin al yugo militar que dirige el país. Y los militares no hacen más que enfrentarse a ellos para demostrar que el fin no está ni mucho menos cerca. Este fin de semana, la cuenta de heridos y muertos es escalofriante: al menos 10 muertos, incluidos dos niños de 12 y 13 años (seis de ellos, se supone, muertos por disparos aunque el ejército niegue haber usado armas de fuego) y cientos de heridos de todas las edades.
Unos soldados egipcios apalean a una mujer que lleva un niqab (AP Photo/Ahmed Ali)De
hecho, la técnica empleada con la ahora famosa mujer de la paliza no es
nueva. Se lleva perfeccionando desde 2005, cuando el pueblo se hizo a
las calles para protestar unas elecciones amañadas que mantuvieron a
Mubarak en el poder. Fue entonces cuando el gobernante ideó un nuevo
plan para contener a las masas: contratar a milicias de matones
profesionales, que propinaran palizas a los hombres y a las mujeres,
desnudarlas, tocarlas y dejarlas expuestas. El plan en un principio era crear la ilusión de que las mujeres que participaban en las protestas querían ser tocadas.
Pero desde entonces las mujeres han ido ideando formas de evitar que esto ocurra, vistiéndose con varias capas de ropa sin botones, unos alambicados cinturones para que no le quitaran los pantalones. Y siguieron protestando. De hecho, muchas de las manifestaciones más efectivas de la historia reciente de Egipto fueron ideadas por ellas. Y así siguió la escalada de abusos a mujeres, contrarrestada por una escalada de ingenio por parte de ellas.
Otra mujer apaleada el viernes (AP Photo/Ahmed Ali)Lo
que se daba por hecho es que esto hubiera terminado el 25 de febrero.
Las imágenes que pueden ver recogen sólo un abuso, repudiable y
vergonzoso, pero aislado. Pero su verdadera fuerza radica en lo
simbólico. Porque son también un símbolo del mensaje que, según los
expertos, quieren transmitir las autoridades egipcias: todo lo que
temíais sigue estando aquí y es todavía peor. Las revoluciones nunca terminan tras la primera victoria.

