Ernesto Laguardia y el extremo al que llegó por la inseguridad en México

Ernesto Laguardia con esposa Patricia Rodríguez y Emiliano Laguardia. (Photo by Jaime Nogales/Medios y Media/Getty Images)
Ernesto Laguardia con esposa Patricia Rodríguez y Emiliano Laguardia. (Photo by Jaime Nogales/Medios y Media/Getty Images)

Desde hace muchos, lamentablemente muchísimos años, pocos se sienten seguros en México y el tomar la justicia por sus propias manos se ha convertido en una práctica recurrente por parte de la ciudadanía. La familia de Ernesto Laguardia se vio envuelta en una situación que los puso ante este dilema hace un tiempo atrás.

La historia del actor recuerda a muchas de las que escuchamos a diario: alguien, sin el menor escrúpulo, se siente con el poder de vulnerar y violentar nuestra seguridad. Así debió pasar aquel día en la casa de Laguardia, donde estaban solos su esposa Patricia y sus hijos.

Debió ocurrir al menos una década atrás cuando el también conductor triunfaba con su monólogo El tiempo vuela, adaptación del libro de Paul Linke. En una ocasión, previo a una presentación en Toluca, Estado de México —a una hora de la capital mexicana—, Patricia insistió en hablar con Ernesto. "No, dile que luego le hablo, que ahorita no me quiero desconcentrar", respondió el actor pero le dijeron que era muy urgente. Lo que escuchó del otro lado de la línea lo dejó frío: "¡se están metiendo a la casa!", le reveló su compañera de vida.

"¡¿Cómo?!, ¿cómo crees?, ¡y los niños!, ¡yo en Toluca, con el teatro lleno!, a un minuto de pisar el escenario", recuerda el villano de Corona de lágrimas durante una plática con la periodista Inés Moreno en la que hablaban sobre sus 50 años de trayectoria y los momentos complicados a los que no ha podido responder de inmediato por cumplir con ese lema de "el show debe continuar".

Y así ocurrió aquella noche, según recordó Laguardia: la obra, con una duración de unos 80 minutos en dos actos era una función obligada que, no de realizarse, supondría una demanda para él y su socio Gerardo Quiroz. El peligro al que estaba expuesta su familia le hizo tomar una decisión arriesgada. "Le digo (a mi esposa) 'métete a tal lugar, agarra esta arma y a quien entre, le disparas; yo ahorita me encargo'".

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Antes de tomar el escenario, el legendario 'Pancho' hizo uso de sus contactos y le pidió a un amigo "que estaba en un puesto muy, muy importante" que ayudara a su familia mientras él cumplía con su obligación actoral. "Ahí voy a dar el primer acto, ¡imagínate la angustia tremenda!, y en el intermedio vuelvo a hablar, 'no han llegado, pero ya no se oye nada', no, no, no, no, no, una cosa espantosa, espantosa. Esa vez a mil por hora, ya nos regresamos, llegué a abrazar a mi esposa, mis hijos".

"¿Y Patricia sí fue por la pistola?", indagó la periodista. El actor confesó: "claro; le dije 'tú ni pienses, tú oyes un ruido y disparas', qué entereza de mi esposa, admirable".

Claro que su sugerencia de disparar quedó solo en eso y lo hizo con el firme convencimiento de proteger a su familia, como cualquiera lo haría. Pero en México, donde el 64.4% de la población de 18 años y más considera inseguro vivir en su ciudad, y que cada vez hay más registros en los que la gente hace justicia por propia mano bajo esa triste 'Ley del talión' ("ojo por ojo, diente por diente"), la anécdota de Laguardia nos recuerda cómo otros toman la decisión de recurrir a medios ilegales para hacer frente a la criminalidad.

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