“Zoomfobia”: el creciente rechazo a las clases virtuales preocupa a educadores y padres

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Alejo está en quinto grado y, desde mediados del año pasado, expresa rechazo por las clases virtuales
Hernan Zenteno

La resistencia comenzó a mediados de 2020, pero fue empeorando con el correr de los meses. Alejo, por entonces alumno de cuarto grado, empezó a comer de más y a engordar, a despertarse varias veces cada noche y a tener ataques de ira en medio de sus clases virtuales. Había días en los que silenciaba el audio del Zoom y gritaba por la casa que no entendía nada, que nadie lo escuchaba. La situación empeoró aún más cuando empezó a rechazar por completo la computadora.

“No había caso, no se quería conectar a las clases. Hacía una resistencia exagerada”, recuerda Fabiana Bisso, su madre. Ahora que su colegio, situado en Núñez, volvió a la presencialidad, su estado de ánimo mejoró, pero cada vez que su burbuja educativa se “pincha” por un caso sospechoso o confirmado de coronavirus y debe volver a estudiar en su casa –lo cual sucede semana de por medio– el rechazo a las clases virtuales se repite.

El caso de Alejo es uno más de muchos. Este tipo de comportamiento es conocido entre los directores escolares como “zoomfobia”. Los psicólogos consultados prefieren llamarlo astenia psíquica, ansiedad y fobia social o simplemente saturación ante la enseñanza remota. De acuerdo con los especialistas, son muchos los factores que pueden desencadenar este problema: desde la falta de contacto social y de motivación hasta la sobreexposición ante los compañeros y los docentes que conlleva una clase virtual.

La “zoomfobia”, según ellos, empezó a evidenciarse a mediados del año pasado, pero se volvió más frecuente en los últimos meses, tanto en los distritos donde la presencialidad se encuentra prohibida por decreto como también en aquellos donde se mantiene un sistema híbrido –mitad presencial y mitad virtual–, aunque con una mayor incidencia en los primeros.

El colegio de Alejo ya volvió a la presencialidad, pero cada vez que su burbuja educativa se "pincha", el rechazo por las clases virtuales vuelve
Hernan Zenteno


El colegio de Alejo ya volvió a la presencialidad, pero cada vez que su burbuja educativa se "pincha", el rechazo por las clases virtuales vuelve (Hernan Zenteno/)

En el jardín de infantes Mi Casita, situado en Lanús, solo entre el 60% y el 50% de los alumnos de sala de cuatro y cinco años se conecta a las clases virtuales. “Tratamos de buscar la manera en que se conectan, pero es muy difícil. Según los padres, muchos veces sus hijos faltan porque no quieren saber nada con el Zoom”, cuenta Silvina Mambrin, la directora del establecimiento. Esta semana, una de las alumnas de preescolar de la institución comenzó a llorar en plena clase. La madre después le explicó a la maestra que su hija se levanta todas las mañanas y corre a ponerse el uniforme, y cuando ella le recuerda que no se puede ir al jardín, se enoja y llora.

“Muchos chicos ya no toleran el Zoom y hay que entenderlos”, opina Susana Kuras Mauer, psicoanalista especializada en niñez y adolescencia. Últimamente, la especialista, que atiende en la Capital, recibe muchas consultas de padres con hijos que rechazan las clases por Zoom. Ella considera que estos casos pueden englobarse dentro de lo que se conoce como astenia psíquica o fatiga emocional. “Se ve cuando los chicos pierden la motivación frente a los estímulos. Ya nada les importa: ni participar en la clase ni hacer la tarea. No es depresión, es falta de motivación. Eso es fruto del aislamiento, de la falta de cercanía social, y es algo que debería alarmarnos”, explica.

En las primarias

Este tipo de reacción frente a las clases virtuales también se ve con frecuencia en las primarias. En el Colegio Internacional del Sur, en Berazategui, hay aproximadamente un caso de “Zoomfobia” por aula de primaria. También un caso en el primer año de secundaria. “No se conectan, apagan la cámara, no participan. Cuando hacemos el seguimiento para ver por qué sucede esto, el alumno a veces llora o dice que extraña a sus amigos”, detalla Andrés Pallaro, representante legal del colegio. Los padres manifiestan su preocupación por estas situaciones y la institución educativa responde ofreciendo la contención del gabinete psicopedagógico.

La sobreexposición ante los compañeros es otro factor que puede incidir en el rechazo de las clases por Zoom
La sobreexposición ante los compañeros es otro factor que puede incidir en el rechazo de las clases por Zoom


La sobreexposición ante los compañeros es otro factor que puede incidir en el rechazo de las clases por Zoom

Para Kuras Mauer, este tipo de reacciones frente a la educación remota se ha vuelto más común y más preocupante en los últimos meses. “No es lo mismo un Zoom 2020 que uno 2021. Al principio del año pasado, la virtualidad era algo nuevo, que implicaba el uso de una computadora y una nueva dinámica familiar. Hoy, los chicos ya tienen demasiadas experiencias con las clases virtuales y con el aislamiento. Ellos mismos dicen: ‘Ya no puedo más vivir en plano, en cuadraditos, siendo una figurita de un álbum en vez de un ser humano’“, afirma.

La especialista también destaca otro causante de la “Zoomfobia”: la sobreexposición frente a los compañeros de clase. En el aula, los alumnos miran el pizarrón y al profesor, que está adelante. En el Zoom, en cambio, se observan también unos a otros. “A muchos niños esta mirada constante de los demás sobre sí mismos les genera una inhibición extra. Tengo pacientes que inventan que no tienen wifi o apagan la pantalla para evitar sentirse así”, agrega Kuras Mauer

El psicólogo Guillermo Thomas, jefe de la sección Psicología Clínica del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano, ubica este tipo de comportamientos dentro de las variantes de la ansiedad social, en los casos más leves, y de la fobia social, en los más extremos. “La fobia es un miedo irracional frente a un estímulo. Muchos chicos se están resistiendo al Zoom porque están hartos de que toda su vida pase a través de la pantalla. Los niños y los adolescentes necesitan la expresión corporal, la descarga de energía, el estar al aire libre. Y las clases virtuales restringen todas esas cosas”, destaca Thomas.

“No es natural que un alumno de nivel inicial o del nivel primario tenga seis o siete horas de Zoom todos los días. El hartazgo es entendible”, destaca Pallaro. El directivo propone una alternativa en la dinámica de las clases virtuales para intentar captar más la atención de alumnos y alumnas, como hacer trabajos por medio de la plataforma interactiva Google Classroom o aplicar el modelo de educación invertida (flipped classroom), donde el estudiante investiga un tema por su cuenta y luego lo expone de forma virtual.

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