Los zoológicos ya son parte del pasado

Isabel de Estrada
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El zoológico de la ciudad de Luján, luego de años de polémicas, ha sido clausurado.

Que los zoológicos empiecen a ser parte del pasado es un hecho. Que los animales, esos seres capaces de experimentar alegría, tristeza o dolor, deban sufrir para que nosotros podamos entretenernos, es un concepto obsoleto.

Si bien en algunos países desarrollados existen zoológicos, donde la prioridad es el bienestar de los animales, también van cerrando sus puertas. El original sentido que alguna vez tuvieron -el conocimiento de las especies- es hoy innecesario. Contamos con tecnología suficiente para conocer casi la totalidad de los animales, sin necesidad de condenarlos a una vida de infierno. Los animales se han convertido hoy en un símbolo más de la lucha a favor de las minorías del mundo.

Hace no mucho tiempo, en plena pandemia, muchos de nosotros presenciamos el escándalo mediático llevado a cabo en nuestro país, durante la clausura del Zoológico de Luján; que contó con la presencia del Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Juan Cabandié, y el secretario de control y Monitoreo Ambiental, Sergio Federovisky. Proteccionistas por un lado, y empleados del zoológico por el otro, a los golpes y haciendo declaraciones a los gritos, protagonizaron una vergonzosa escena como las que estamos acostumbrados a ver últimamente por cualquier cosa en la que no nos pongamos de acuerdo, ya sea en el Senado o en el Zoo. Finalmente, un letrero de clausura quedó pegado en la tranquera de entrada del zoológico, sobre la colectora del Acceso Oeste, a pocos kilómetros de la ciudad de Luján.

¿Qué fue lo que ocasionó que el predio fuera clausurado en plena pandemia? Desde el Ministerio de Medio Ambiente afirman que el zoo no cumple con las normas que dicta la ley 12.238 que regula a zoológicos y acuarios. La atracción principal del controvertido predio ha sido desde siempre la interacción del público con los grandes felinos. Otro de los motivos de la clausura sería la ausencia de chips identificatorios en los animales, cosa que el zoológico no tendría en regla. Como consecuencia de esto, se le exige cumplir con una serie de nuevas normas, y se lo intima a una reconversión del mismo, sacando a los animales salvajes de allí, y conservando solamente animales domésticos.

A diferencia de muchos otros en nuestro país, el zoológico de Luján es privado. Los animales que allí viven fueron adquiridos por su propietario, Jorge Semino, legalmente. Razón que no lo exime de cumplir con todas las normas impuestas por los entes regulatorios del Estado para poder conservarlos y exhibirlos.

Desde hace ya muchos años se corre la voz de que estos grandes felinos que habitan el zoológico eran adormecidos con drogas non sanctas. Pero en este punto, muchos de los trabajadores y el propio dueño del lugar lo desmienten terminantemente. Por otro lado, los que conocen el manejo del zoológico y algunos veterinarios de la ciudad de Luján aseguran que la manera que tiene Jorge Semino, su propietario, de criar a los cachorros de los grandes felinos, es la de familiarizarlos con los seres humanos desde muy pequeños. Con este fin, contrata jóvenes apasionados de los animales que entusiasmados ante la posibilidad de tener contacto con estos grandes gatos, pasan horas entre ellos, incluso llevándolos a sus casas con el objetivo de acostumbrarlos desde pequeños a convivir con humanos.

¿Quién podría resistirse? Otra de las acusaciones de los proteccionistas es que los animales no están castrados y se reproducen fácilmente (son gatos), y al no estar identificados con chips, su destino es incierto o imposible de comprobar su paradero y destino.

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Por otro lado, desde el zoológico se defienden con el argumento de que durante muchos años, Fauna ha "depositado" allí cientos de animales incautados en muy mal estado, carromatos de circos con animales adentro, chimpancés, pumas, anacondas por solo nombrar algunos de ellos. Algo cierto. Pero cierto es también que Fauna ha cerrado un ojo sistemáticamente ante el evidente y constatable hecho de la estrecha relación del público con los animales.

El dueño del zoológico inaugurado en 1994 asegura que el nuevo secretario, Federovisky, arrastra una antigua disputa y un juicio contra él desde hace muchos años y que en parte la clausura se debe a este motivo, y a otros de orden político.

Desde los años en que su creador, el mediático Cutini, se paseaba por todo tipo de shows, programas televisivos y fiestas junto a tigres, osos y otros animales exóticos, ha corrido mucha agua bajo el puente. Los abusos eran moneda corriente sin que la sociedad pudiera siquiera percibir que eran tales Inútil sería cargar culpas hacia un pasado que pareciera que estamos dejando atrás.

Entrar a un zoológico es también sumergirse en un universo donde el amor y el espanto van de la mano. El zoo de Luján no estaría ajeno a esto. Las 80 personas que trabajan desde hace años allí, hoy reducidas a 25, debido a la pandemia y a la reciente clausura, conforman un equipo de trabajadores apegados a los animales, quienes a veces llegan a ser su vida entera. Pero a pesar de esta realidad se trata de concientizar hacia el cuidado y la compasión que nos merecen todos los seres vivos.

Hace poco tiempo, cuando la elefanta Mara fue trasladada desde el zoo porteño a un santuario para elefantes en pleno Matto Grosso, el público entusiasmado enviaba fotos en los que se los veía junto a Mara en el Zoológico, en las playas de Necochea o presenciando un espectáculo en el circo Rodas, con las respectivas disculpas: las de no haber sido conscientes de que eso, para el enorme animal, significaba una vida de sufrimiento y cautiverio. Hechos que revelan el camino que hemos recorrido como sociedad.

Pero quizá lo fundamental sea hoy no perder de vista el verdadero y urgente problema: dentro del predio de Luján hay cientos de seres vivos de los que ocuparse y urgen las soluciones. Está por verse si, luego del cumplimiento de lo puntos requeridos por las autoridades para reabrir el zoológico nuevamente, esto sucederá.

Esto recién empieza, y mas allá de los puestos de trabajos, intereses, amores y odios humanos, allí esperan Sharima, la elefanta, Johnny el chimpancé, los osos, las cebras, los tigres, pumas, leones y tantos tantos más.