Hay un drama en la comunidad 'queer' de pingüinos

Miguel Artime
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Grupo de pingüinos del cabo <i>Spheniscus demersus</i>. (Imagen Creative Commons vista en Wikimedia).
Grupo de pingüinos del cabo Spheniscus demersus. (Imagen Creative Commons vista en Wikimedia).

De un tiempo a esta parte el término “queer” (que literalmente significa “raro, extraño, peculiar” en inglés) ha pasado de ser empleado exclusivamente de forma peyorativa por los homófobos, a ser adoptado por la comunidad LGTB, que lo usa con cierto orgullo no carente de ironía.

Tiene sentido ya que además de lograr convertir el agravio en virtud, para desesperación del que pretende ofender, en realidad muchos “queer” sienten que la palabra se ajusta más acertadamente a su estado de ánimo. Después de todo, el término “gay” (literalmente “alegre” en inglés) no es algo que defina de la mejor manera a tantos y tantos homosexuales, permanentemente “cabreados” por ver como se pisotean sus derechos.

Así pues, me permito la licencia de adoptar el término con intención reivindicativa para el titular. Si alguien se ofende no era mi intención, me disculpo. Y si además ese alguien es un pingüino neerlandés, que sea doble mi disculpa.

¿Me he vuelto loco? No, al menos no tanto como dos parejas de pingüinos del Zoo Dierenpark de la ciudad de Amersfoort (provincia de Utrecht, Países Bajos) que parecen haber iniciado una guerra “por sus huevos”. Si os comento que una de las dos parejas es gay y la otra lesbiana, seguro que vais comprendiendo el sentido de este artículo.

En efecto, tal y como ya os comenté en alguna ocasión anterior, entre los pingüinos es muy común que se formen parejas del mismo sexo, lo cual por desgracia para ellos les priva “biológicamente” de la oportunidad de ser padres. Las hembras pueden “avanzar” un paso más en su idea de ser madres, ya que son capaces de poner huevos, si bien al no estar fertilizados no llegan a eclosionar. Para los machos en cambio, el fracaso es dolorosamente más obvio desde el principio, ya que ni siquiera pueden poner huevos. Esto ha llevado a que en algunos casos acaben por empollar piedras, lo cual es bastante triste la verdad.

Bien, vayamos al grano. Lo sucedido en Amersfoort fue que una pareja de ejemplares machos de pingüino de El Cabo (Spheniscus demersus), decidieron hacer una incursión en el nido de una pareja lesbiana que se encontraba cerca, para robarles todos los huevos. Desde entonces, la “intrigante” pareja ha venido compartiendo todos los cuidados de su botín, turnándose para mantener calientes los huevos y para buscar alimento.

Curiosamente, estos mismos animales ya habían robado otro huevo el año pasado (aprovechando que nadie miraba) a una pareja diferente, si bien el esfuerzo fue fallido ya que el huevo no eclosionó. Parece ser que esta pareja de machos es la dominante en el hábitat dedicado a los pingüinos del zoo neerlandés, en el que conviven 17 aves con fuertes vínculos entre sí.

Tal vez la experiencia del año pasado sirvió para que este año nuestros aspirantes a padre se “envalentonasen” y no se conformasen con robar un solo huevo. Los pobres pingüinos no tienen forma de saber que los huevos que han robado este año a la pareja lesbiana (las verdaderas víctimas en toda esta historia), probablemente no estén fertilizados y que por tanto tampoco llegarán a buen término.

Los pingüinos del cabo tienen dos puestas al año, así que pronto veremos más huevos en circulación. En algunos zoos es costumbre asignar los huevos que algunos padres abandonan sin empollar a parejas infértiles que están deseando procrear. Crucemos los dedos, picos y patas para que algo así suceda en un futuro cercano y tanto la pareja gay como la lesbiana consigan ser padres.

La comunidad queer del zoo lo agradecerá enormemente, y seguramente buena parte de los lectores también. ¿No es así?

Me enteré leyendo DutchNews.nl

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