Inquietante pronóstico para la "zona muerta" del Golfo de México en 2019

En el Golfo de México, frente a la desembocadura del río Mississippi y en una amplia región frente a las costas de Luisiana y Texas, existe una “zona muerta” donde las aguas carecen de oxígeno a tal grado que resultan incapaces de sustentar la vida.

Esa lúgubre área es, por añadidura, de una extensión inmensa y se estima que este año será la segunda más grande jamás registrada, con 8,717 millas cuadradas (poco más de 22,500 kilómetros cuadrado), apenas 59 millas cuadradas menos que el récord histórico registrado en 2017, de acuerdo al periódico USA Today.

Una oficial de la Guardia Costera de EEUU inspecciona un área contaminada en el Golfo de México. (Reuters/Colin Hackley)

Esa “zona muerta” es el resultado, entre otros factores, de un exceso de sustancias que son depositadas en el Golfo de México por la corriente del Mississippi, cargado de residuos de las ingentes cantidades de fertilizante –sobre todo productos de nitrógeno y fósforo- que se utilizan en los campos de cultivo en la inmensa cuenca de ese río. Y dado que este año se han registrado lluvias e inundaciones de gran magnitud, los fertilizantes se han deslavado también en enormes volúmenes.

De acuerdo a National Geographic la hiperabundancia de esas sustancias en el Golfo de México provoca una proliferación mayúscula de algas que, al morir y descomponerse, consumen el oxígeno de las aguas marinas hasta que, prácticamente, nada puede sobrevivir.

Y aunque este año esa “zona muerta” será especialmente grande, como sucedió en 2017, a causa de factores climatológicos específicos, y con ello se ha creado severa inquietud por la afectación del medioambiente, los daños a la vida marina y las pérdidas para la actividad pesquera las causas que la producen persisten sin que, de acuerdo a expertos citados por USA Today, se estén dando acciones adecuadas para reducirlas.

Y eso solo se dará si se abate sustancialmente la cantidad de fertilizantes que se pierden en la cuenca del río Mississippi y sus afluentes, son arrastrados por su corriente y acaban en el Golfo de México. Pero dado que la actividad agrícola en el Medio Oeste y la cuenca del Mississippi es de enorme importancia económica –los granos, por ejemplo, que allí se producen son clave para la alimentación humana, la ganadería y la industria de los biocombustibles– luce improbable que se logren sin transformaciones de gran calado reducciones sustantivas en el uso de fertilizantes.

La zona muerta de tamaño récord en el Golfo de México en 2017, según un mapa de la NOAA. Esa área marina carente de oxígeno y de vida será casi tan grande en 2019. (NOAA)

Así, como se relató en este espacio en 2017, una alternativa que se ha aplicado en Maryland, en cuya costa Atlántica también existe una amplia “zona muerta”, no es necesariamente la baja en el uso de fertilizantes sino un alza en la retención de estas sustancias en el suelo agrícola y, por ende, la reducción de lo que se deslava, fluye por los ríos y acaba en el mar.

La técnica es curiosamente simple: plantar centeno en los meses de otoño para que los campos no queden expuestos y se reduzca así el deslave de fertilizantes y, con ello, aunque no se logra una cosecha ni se produce un ingreso de ello porque las plantas son retiradas antes de que maduren, sí se mitigan los factores que acaban produciendo la “zona muerta” frente a las costas de Maryland.

Para pagar por ello se canalizan millones de dólares al año en subsidios públicos para esos agricultores, algo que al parecer en Maryland al final resulta rentable (al evitarse con ello pérdidas en la pesca, el turismo y el deterioro medioambiental) pero que en la cuenca del Mississippi requeriría recursos aún más importantes.

Hasta el momento ni esa ni otras medidas han propiciado, por los datos vigentes, reducciones suficientes en los vertidos de fertilizantes al Golfo de México. Por ello, en las costas de Luisiana y Texas en torno a la desembocadura del Mississippi mantienen su lúgubre condición de zona muerta.