En Zárate, los vecinos evitan hablar de los jóvenes detenidos

José María Costa

ZÁRATE (ENVIADO ESPECIAL).- "Lo nombraron por una broma que surgió en el Colegio San Pablo. Dicen que en el colegio hacían la misma joda: 'Fue Ventura'. El lunes a la noche, mi hija me contó: 'Mamá antes Pablo terminaba en la dirección y ahora terminó en la comisaría'", dijo a LA NACION, Laura Genoud, una vecina de toda la vida del joven de Zárate que había sido detenido como parte del grupo de deportistas que golpeó mortalmente a Fernando Báez Sosa el sábado en Villa Gesell.

La voz de Genoud y de su marido son de las pocas que se escuchan en público en esta ciudad, donde el hermetismo y las miradas desconfiadas son una constante. La poca información que se obtiene se dice en voz baja. Desde la intendencia de Zárate, pasando por los clubes de rugby y remo, que están enfrentados, hasta por las familias de los jóvenes agresores, conseguir quién explique la tragedia resulta una tarea difícil.

Recorrida por la ciudad de Zárate

"Gracias por el apoyo de ustedes. Ahora dejamos en manos de la Justicia para que se esclarezca. Conmigo no habló la familia de ninguno de los acusados. Lo más importante es que paguen los que hicieron todo esto y que se limpie el nombre de mi hijo. No puede ser que los adolescentes estén en ese estado. En Zárate nos conocemos todos por los apellidos", dijo ayer al mediodía ante la prensa y desde la puerta de su casa Marisa, la madre de Pablo Ventura.

Y agregó: "Cuando salió anoche [por antenoche] mi hijo no se tapa la cara porque estaba avergonzado, porque es inocente; lo hizo por el desgaste de lo sucedido. Esto te cambia la vida de una forma tremenda. Es una pesadilla. Una película de terror".

El domicilio del joven Pablo Ventura

Enero dejó de ser tranquilo en esta ciudad situada a 78 kilómetros de la Capital y tema del que todos hablan: el crimen de Villa Gesell.

"No son hijos del poder, como se dice. Son chicos de clase media acomodada y que tienen vínculos con gente de poder. Por eso es que muchas cosas no se denunciaron. La gente decía que para qué hacerlo si la causa no iba a avanzar", admitió una mujer de 50 años a LA NACION y pidió no revelar su nombre bajo el siguiente argumento: "Nos conocemos todos. Tal vez no a los chicos, pero sí a los padres. Por eso, nadie quiere hablar porque después seguimos viviendo acá".

El relato de la vecina condice con los expedientes judiciales. Ninguno de los detenidos tiene antecedentes penales por situaciones similares en la Justicia. "Dos de los chicos tuvieron causas en la UFI Nº 7 de Zárate por tenencia de marihuana", explicaron fuentes judiciales a LA NACION tras analizar los fueros de mayores y menores.

Puertas cerradas, ventanas bajas y timbres desconectados fueron la postal en la casa de los acusados, donde la mayoría de los vecinos optó por esquivar a la prensa. Uno de los pocos que hablaron fue Agustín, un joven de 23 años que vive en diagonal al domicilio declarado por los hermanos Ciro y Luciano Pertossi sobre Avellaneda al 400.

"Jugué al rugby en el club y no me sorprendió. Cuando lo vi, dije, era la crónica de una muerte anunciada. Para mí la Unión Argentina de Rugby tiene que tomar cartas en el asunto. Lo digo como un joven que jugó, amó el deporte durante su adolescencia y abrazó esos valores que se pregonan", planteó Agustín y agregó: "Era algo de esperarse. En mi camada no hubo tanto lío como en otras. Sí me llamó la atención. No es que lo esperaba, pero había una probabilidad. Si uno junta los factores, el resultado final es bastante aproximado a lo que pasó. De los 10 [detenidos], de algunos no me lo esperaba".

El club nautico de Zárate

Sobre el porqué de la inclusión de Ventura en el relato de los sospechosos, explicó: "Acá siempre hubo pica entre rugby y remo, desde la época de mi viejo. Es como una larga guerra. Llevan años peleando y ya no saben por qué. Hace un tiempo, unos de estos chicos intentó hacer daño al galpón de botes de remo donde entrenaban Ventura y mi hermano. Cuando me enteré le dije a mi hermano que no los fuera a buscar, que me avisara a mí porque sabía que venían en patota".

LA NACION también estuvo en la municipalidad de Zárate para conocer la opinión del intendente Osvaldo Cáffaro (Frente de Todos). "Decidimos que no hablara porque si dice algo sobre 'A' se enoja 'B'. Si dice sobre 'B', se enoja 'A', y así. El municipio tomó la decisión de no salir a hablar y la vamos a mantener hasta el final", dijeron extraoficialmente en la sede comunal.

Sobre la secretaria de Obras Públicas, Rosalía Zárate, madre de Máximo Thomsen, uno de los dos acusados de coautor del crimen, solo informaron que pidió licencia por tiempo indeterminado y que no está trabajando en el municipio. Y negaron un "pacto de silencio".

"Lo que sucede es que todos conocemos a alguien de alguna familia y no lo podemos creer. En la ciudad somos unas 90.000 personas. En ciertos sectores sociales, todos nos conocemos. Toda la ciudad está mal. Los padres de los chicos son personas de clase media trabajadora. No hay nadie cheto, ni rico. Esos están en el Náutico. La gente de guita acá hace otro tipo de deportes. Acá el deporte de elite es el remo".

Extraoficialmente, la intendencia descartó cualquier vínculo entre Cáffaro y el letrado que patrocina a 10 imputados al argumentar que "en Zárate hay solo dos abogados penalistas. No es que el intendente les puso el abogado a los chicos".