Nueva York recibió un diluvio histórico, y una advertencia: las tormentas ahora son más fuertes que nunca

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Un vistazo a los totales históricos de precipitación por hora de 1965 a 2021 en Newark, una de las ciudades abatidas por las lluvias del huracán Ida.
Un vistazo a los totales históricos de precipitación por hora de 1965 a 2021 en Newark, una de las ciudades abatidas por las lluvias del huracán Ida.

Las lluvias torrenciales que inundaron Nueva York y Nueva Jersey el miércoles, y cobraron más de treinta vidas, vinieron acompañadas de una cruda advertencia sobre el cambio climático: a medida que se calienta más el planeta, las tormentas intensas descargan más agua que nunca, lo cual amenaza con diezmar a ciudades desprevenidas.

Desde hace tiempo, los climatólogos han predicho que el calentamiento global haría que ciertas partes del mundo se volvieran más húmedas en general, en parte debido a que una atmósfera más caliente puede retener más humedad. Sin embargo, solo enfocarse en promedios globales podría ocultar una realidad más importante: las tormentas más fuertes ahora son más intensas y pueden producir lluvias mucho más cargadas en breves periodos. Esos eventos extremos son los que pueden derivar en una inundación catastrófica.

“La intensidad de las tormentas está aumentando con mucha más rapidez que el cambio promedio en la precipitación”, afirmó Aiguo Dai, profesor de ciencia atmosférica en la Universidad Estatal de Nueva York en Albany. “Y la intensidad es lo que en realidad importa, ya que diseñamos nuestra infraestructura con el fin de manejar precisamente eso”.

Mientras los remanentes del huracán Ida arrasaban con la ciudad de Nueva York, Central Park registró 80 milímetros de lluvia en tan solo una hora el miércoles por la noche, lo cual rebasó el récord previo de 49,2 milímetros en una hora establecido el 21 de agosto durante la tormenta tropical Henri. La repentina lluvia torrencial paralizó la ciudad, pues cascadas de agua inundaron las estaciones del metro e interrumpieron gran parte del servicio durante varias horas.

Según la Evaluación Nacional del Clima del gobierno federal, en las últimas décadas, en todo el territorio continental de Estados Unidos, los chubascos cargados se han vuelto más frecuentes y graves. En el noreste, el uno por ciento más potente de las tormentas ahora produce un 55 por ciento más precipitación que a mediados del siglo XX.

“Hay mucha fluctuación de un año a otro, pero si se observa un periodo más largo, la tendencia se está volviendo cada vez más evidente”, dijo Dai. “Esto es exactamente lo que predijeron tanto los modelos climáticos como la teoría”.

Otras partes del mundo también están batallando con aguaceros cada vez más impetuosos. En julio, lluvias inusualmente agresivas en Alemania y Bélgica provocaron que los ríos se desbordaran, arrasaran con los edificios y acabaran con la vida de más de 220 personas. Ese mismo mes, días de lluvias torrenciales en Zhengzhou, China, inundaron la red del metro de la ciudad y causaron al menos 300 muertes en la región.

Automovilistas navegan las fuertes lluvias en Manhattan, la noche del miércoles, 1.° de septiembre de 2021. Central Park registró 80 milímetros de lluvia en una sola hora, una cifra récord. (Stephanie Keith/The New York Times).
Automovilistas navegan las fuertes lluvias en Manhattan, la noche del miércoles, 1.° de septiembre de 2021. Central Park registró 80 milímetros de lluvia en una sola hora, una cifra récord. (Stephanie Keith/The New York Times).

Si bien los científicos no siempre pueden predecir con exactitud cuándo y dónde sucederán estas tormentas, comprenden cómo el calentamiento global las está volviendo más poderosas. A medida que se elevan las temperaturas, más agua de los oceános y la tierra se evapora en el aire. Además, por cada grado Celsius de calentamiento global, la atmósfera puede retener alrededor de un siete por ciento más de vapor de agua.

Eso significa que cuando se forma una tormenta, hay más agua que puede caer en la superficie terrestre, a veces en un periodo muy breve. Estudios recientes han detectado un aumento en las precipitaciones extremas por hora en partes de Estados Unidos, Europa, Australia y Asia.

Y si el planeta sigue calentándose, la amenaza de lluvias más intensas crecerá. La Tierra ya se ha calentado aproximadamente 1,1 grados Celsius desde la época preindustrial, a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles y la deforestación. Un informe reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU advirtió que, si no se toman medidas ágiles para reducir esas emisiones, el planeta podría calentarse al doble de esa cifra o más.

Ese informe exploró las consecuencias de las tormentas intensas. Consideremos un temporal fuerte que, en el pasado, quizá ocurría solo una vez por década, en promedio. Hoy en día, es un 30 por ciento más probable que esa misma tormenta ocurra y produzca un 6,7 por ciento más lluvia, en promedio. Si el calentamiento global total alcanza los 2 grados Celsius, esa misma tempestad producirá un 14 por ciento más lluvia. El informe predijo que es muy probable que las precipitaciones intensas y las inundaciones se vuelvan más frecuentes en todo América del Norte, Europa, África y Asia, conforme aumenten las temperaturas.

Una mayor cantidad de lluvia a menudo puede ser una bendición para el suministro de agua potable y la agricultura, como es bien sabido en la región oeste de Estados Unidos, que está luchando contra una sequía histórica. Sin embargo, si esta cae a raudales de un solo golpe puede tener efectos devastadores.

El mes pasado, en Tennessee, tormentas eléctricas intensas provocaron el desbordamiento súbito de ríos y arroyos, la inundación de varios hogares y la muerte de unas 22 personas. Este año, en California, secciones de la Ruta Estatal 1 colapsaron hacia el océano Pacífico luego de que fuertes lluvias desataron torrentes de lodo y residuos. En 2019, en el medio oeste del país, chubascos implacables destruyeron cultivos, despegaron la capa vegetal del suelo y obligaron a los agricultores a retrasar sus siembras.

No obstante, el hecho de que una tormenta intensa derive en una inundación destructiva depende de una combinación de factores: la cantidad de lluvia, la manera en que el agua fluye y se acumula en el entorno y cómo se maneja toda esa agua. Con el paso del tiempo, según los descubrimientos de varios estudios, Estados Unidos y otras naciones han logrado reducir su vulnerabilidad ante muchos tipos de inundaciones peligrosas con la construcción de presas, diques y otras medidas de protección.

Aunque, a medida que aumentan las precipitaciones potentes, los expertos afirman que tendrá que haber más iniciativas. Estas podrían incluir la adición de más áreas verdes en las ciudades para que absorban el exceso de escorrentía, así como el rediseño de sistemas de alcantarillado, caminos y redes de transporte público para lidiar con la precipitación más severa. También deberían incluir una actualización de los mapas de riesgo por inundación para que tomen en cuenta el cambio climático, de modo que la gente tenga un panorama más claro de dónde es peligroso construir y dónde debería comprar un seguro contra inundaciones.

“Prácticamente toda la infraestructura que hemos construido al día de hoy fue diseñada para tolerar condiciones meteorológicas históricas, y eso ya no es suficiente”, afirmó Jennifer Jacobs, profesora de ingeniería civil y ambiental en la Universidad de Nueva Hampshire. “Es complicado en lugares como la ciudad de Nueva York, porque no hay mucho espacio para que fluya el agua, pero tenemos que pensar de maneras más creativas sobre el drenaje y cómo diseñar nuestros sistemas para mayores niveles de precipitación”.

© 2021 The New York Times Company

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