Nueva York: el lado oscuro de vivir en las megatorres de lujo de Manhattan

Stefanos Chen
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NUEVA YORK.- La inauguración de la torre de casi 427 metros de altura situada en el 432 de Park Avenue de Manhattan, fugazmente el edificio residencial más alto del mundo, marcó el apogeo de los condominios de lujo que vivió Nueva York hace un lustro, un boom alimentado por los inversores extranjeros que buscaban discreción y pingües ganancias.

Seis años más tarde, los vecinos de ese exclusivo rascacielos están enfrentados con los desarrolladores del proyecto y entre ellos mismos: queda claro que ni una escritura de propiedad de varios millones de dólares garantizan una vida sin problemas de consorcio. Entre los incontables reclamos hay millones de dólares en daños causados por el agua, por problemas de plomería, desperfectos constantes en los ascensores, y paredes que se rajan como la cubierta del Titanic. Y según varios ingenieros y los propios consorcistas todo podría estar conectado con el gran gancho de venta que tenía el edificio: su descomunal altura.

A menos de una década de la inauguración de una serie de torres residenciales de altura récord en Nueva York, han empezado a surgir los primeros reclamos por fallas de construcción, y más de uno se pregunta si los métodos y materiales utilizados eran los adecuados para esos avances de ingeniería, que recién hace poco tiempo permiten levantar edificios de departamento de más de 300 metros. Y los ingenieros que están al tanto de las actuales disputas dicen que en otras torres se están manifestando silenciosamente las mismas fallas

Problemas de consorcio

Los problemas de consorcio en el 432 de Park Avenue también ofrecen una imagen distinta e inusual de la así llamada "Billionaire's Row", la "hilera de los megamillonarios" de Nueva York, un tramo de rascacielos cerca de Central Park que redefinió el horizonte de la ciudad, y donde la identidad de prácticamente todos los propietarios quedó oculta detrás de empresas fantasmas.

El edificio -una esbelta torre que los críticos han comparado con un dedo medio, debido a su longitud comparativa- está casi todo vendido, y su valor total proyectado es de 3100 millones de dólares. El penthouse del piso 96 se vendió en 2016 por casi 88 millones de dólares a una empresa que representa al magnate saudí Fawaz Alhokair. En 2018, Jennifer López y Alex Rodríguez compraron allí un departamento de 372 metros cuadrados por 15,3 millones de dólares y lo vendieron un año después.

Ahora, los mensajes entre los consorcistas, algunas de las personas más ricas e influyentes del mundo, revelan ásperas discusiones sobre cómo solucionar los problemas sin levantar la perdiz ni hundir el valor de la propiedad.

"Estaba convencida de que sería el mejor edificio de Nueva York", dice Sarina Abramovich, una de las primeras residentes del 432 de Park Ave. "Lo siguen publicitando como un regalo del cielo, y no lo es".

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El CIM Group, uno de los desarrolladores, manifestó a través de un comunicado que el edificio "es un proyecto exitosamente diseñado, construido, y casi totalmente vendido", y que están "trabajando en colaboración" con el consejo de administración, que fue manejado por los desarrolladores hasta enero, cuando los consorcistas tomaron el control y eligieron a sus propios representantes. (Es usual que los desarrolladores administren el consorcio durante los primeros años de un edificio.)

"Como con toda construcción nueva, durante ese periodo hubo cuestiones de mantenimiento y de terminación", sigue el comunicado. Maclowe Propoerties, otro de los desarrolladores del proyecto, no quiso hacer comentarios.

La empresa que gerenció la construcción, Lendlease, dijo en un comunicado que están "en contacto con los desarrolladores por algunos comentarios que han recibido de los residentes y que ya están siendo evaluados."

En el edificio hubo varias inundaciones, entre ellas, dos copiosas filtraciones en noviembre de 2018, que el administrador general del edificio, Len Czarnecki, admitió en sus intercambios de email con los consorcistas. La primera pérdida arrancó el 22 de noviembre de 2018 y fue causada por el "estallido de una brida" en la conexión de los caños de agua a alta presión que alimentan el piso 60 del edificio. Cuatro días después, "la falla de una línea de agua" en el piso 74 provocó una catarata en el tubo de ascensores, que dejó fuera de servicio a cuatro de ellos durante varias semanas.

Ambos desperfectos ocurrieron en pisos que funcionaban como plantas técnicas, que ya habían sido criticadas por encontrarse a una altura excesiva, pero que les permitió a los desarrolladores construir más alto de lo que habrían podido de otra manera, ya que las plantas técnicas no se cuentan dentro de la altura total permitida del edificio.

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Tras el primer incidente, empezó a entrar agua en el departamento de Abramovich, que se encuentra varios pisos más abajo, causando daños estimados en 500.000 dólares.

Los arquitectos dicen que una de las quejas más comunes en los rascacielos residenciales es el ruido, y los vecinos del 432 Park Ave. se quejan de los crujidos, estallidos y golpes que escuchan en sus departamentos, y de una tolva para la basura "que retumba como una bomba" cuando tiran las bolsas, según consta en las actas de las reuniones de consorcio de 2019.

Los problemas en el edificio vinieron acompañados de nuevas facturas de expensas extraordinarias. En 2019, los gastos comunes del edificio se dispararon casi un 40%, según emails de la administración donde arguye un incremento en la prima de los seguros y gastos de arreglos varios, entre otros costos.

Algunos vecinos también están furiosos por el aumento de los precios en el restaurante privado del edificio, supervisado por Shaun Hergatt, chef con una estrella Michelin.

Muchos de los propietarios viven en otros lugares la mayor parte del año, y se han dividido en grupos, ya que no están de acuerdo sobre la forma de resolver los problemas del edificio. Según Abramovich, la mala onda entre los vecinos se viene cocinando desde hace años.

"Acá se odian todos", dice Abramovich, pero la mayoría no dice nada "para no quedar en el ojo de la tormenta".

The New York Times (Traducción de Jaime Arrambide)