Yo fui a buscar al Chapo a Nueva York y esto es lo que encontré

Por Juan Alberto Vázquez-. Desde que iniciaron las deliberaciones del juicio EEUU vs. Joaquín Archibaldo Guzmán Loera, los reporteros comenzaron a formarse a las cuatro de la madrugada afuera de la Corte Federal de Brooklyn. El ingreso, que se permite desde las 7:00 am, lleva a un primer detector de metales operado por media docena de oficiales con chalecos antibalas y modos de cadenero en discoteca. Enseguida, los enviados de la prensa deben subir al sexto piso y dejar laptops, tablets y celulares en la sala de prensa asignada.

Reproducción fotográfica de un dibujo realizado por la artista Jane Rosenberg donde aparece el narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán mientras saluda a su esposa antes del inicio del primer día de su juicio hoy, martes 13 de noviembre de 2018, en el tribunal del Distrito Sur en Brooklyn, Nueva York (EE.UU.). EFE/Jane Rosenberg

Ya en el octavo piso, donde se hallan los juzgados, tendrán que hacer otra fila durante dos horas, pasar un nuevo detector de metales en el que a veces deben quitarse los zapatos, y esperar a que a las 9:30 am ingrese el juez Brian Cogan para declarar el inicio de las actividades en la sala principal donde se les asigna lugar sólo a los 15 más madrugadores.

Empero, madrugar y formarse por tanto tiempo a veces tiene sus recompensas. Cuando el abogado Jeffrey Litchman, a cargo de la defensa de Joaquín Guzmán Loera dijo en su alegato inicial que “el actual y anteriores presidentes de México recibieron cientos de millones de dólares en sobornos de parte del Mayo Zambada”, los periodistas que llevamos más de una semana rondando la Corte Federal de Brooklyn, nos miramos con ojos de asombro por las quizás muy prontas, aunque esperadas, revelaciones que el caso prometía.

El martes 13 de noviembre por la mañana, la capacidad del juzgado fue rebasada y los asientos de prensa asignados en la sala más los de la sala de audiencia de desbordamiento con circuito cerrado de televisión (cerca de 70) se ocuparon. Afuera, otras dos decenas de reporteros tuvieron que hacer fila en el pasillo, al acecho del lugar de aquel que se decidiera ir al baño o a tomar un almuerzo. Era la orden de la autoridad: el que se sale pierde su asiento.

Gina Parlovecchio interroga a Jesus Zambada (izq), mientras el Chapo y su abogado escuchan. (REUTERS/Jane Rosenberg)

Cinco horas duró ese día el encierro en la corte (lo que dos partidos de fútbol con todo y tiempos extras). “Quieren que sintamos empatía con el Chapo”, se lamentaba alguien que leía una novela de las esposas de los narcos.

En la cobertura del juicio contra Guzmán Loera hay reporteros de Estados Unidos, España, Centro y Sudamérica y unos cuantos de México. Como si se hubieran entrenado para esto toda su vida, los muchachos de la fuente escuchan los alegatos y baten gustosamente sus plumas sobre aquellas libretas, apuntando cosas sorprendentes. La vuelta al periodismo clásico de pluma y papel con la bandera de EEUU colocada a 45 grados en una esquina a espaldas del juez, que parece moverse cada vez que la pequeña tropa de escribanos cambia de página en los cuadernos donde nunca anotarán todo lo que se dice, pero sí lo más relevante.

“Joaquín se dedicó al narcotráfico porque era muy pobre”. “El que lo presenten como el gran capo de las drogas es falso y sus fugas de la prisión lo único que han hecho es acrecentar su mito; pero él se fugó para salvar su vida pues lo iban a matar”. “Nadie voltea a ver al Mayo Zambada, verdadero líder del cartel y gran beneficiado cada que atrapan a Guzmán Loera”. “El Mayo, además de sobornar a gobernantes mexicanos, ha colaborado con la DEA y con el gobierno de Estados Unidos”. “Ellos, el gobierno de EEUU, lo consienten aunque dicen que lo buscan, pero por otro lado tienen a uno de sus hermanos y a dos de sus hijos, colaborando con ellos”. Muy difícil en casos así jerarquizar tanta información.

Hermetismo

La asignación para cubrir el proceso del Chapo resulta emocionante por las expectativas tan altas que ha generado. En la Corte Federal de Brooklyn, los primeros días el ambiente era similar a un primer día de clases y muchos nos imaginamos estar dentro de un show de TV, de esos donde algunos panelistas deciden sacar a pasear sus más sórdidos asuntos legales, aunque con Joaquín Guzmán como atracción principal. A decir verdad, ha estado mejor que eso.

La esposa del Chapo Guzmán, Emma Coronel, al llegar al juicio del narcotraficante en Nueva York, el 14 de noviembre de 2018 (AFP | Don EMMERT)

En esas primeras horas, un panel de cinco colegas fue el único autorizado a presenciar la selección del jurado, con la encomienda de salir después a dar un informe a los que aguardábamos en la sala de prensa. Cuando impera el hermetismo y las medidas de seguridad extremas, los reporteros reaccionamos como cualquier grupo social que forma fraternidades para compartir lo poco que se tiene.

Y en un caso así, donde las herramientas electrónicas reciben trato de criminal, fotógrafos y camarógrafos han sido los grandes desterrados, limitados a reinventarse con diversas tomas de la fachada del tribunal, de la llegada de invitados o involucrados, de las patrullas que resguardan el lugar, o los rondines de los perros policías. Por eso solo están disponibles las imágenes de la dibujante de la corte, Shirley Shepard, que con sus pasteles ha desplazado a las poderosas cámaras japonesas que reposan sobre los trípodes en la banqueta de Plaza Cadman.

Durante los siete días hábiles que ha tenido el juicio, en cuatro llovió y en el último nevó. Y los fotorreporteros no se han movido de ahí.

Del regaño del juez al canto del Rey

Al día siguiente de su mediático alegato de apertura, el abogado Litchman recibió un regaño del juez Cogan, quien calificó su discurso como “irrelevante y engañoso”. No se aparten de las pruebas indiciarias, le dijo, pues la “corrupción en México es irrelevante en este caso”, aunque de hecho es uno de los ejes donde se sustentan los argumentos de ambos bandos.

Reproducción fotográfica de un dibujo realizado por la artista Jane Rosenberg donde aparece el narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán mientras reacciona durante el primer día de su juicio hoy, martes 13 de noviembre de 2018, en el tribunal del Distrito Sur en Brooklyn, Nueva York (EE.UU.). EFE/Jane Rosenberg

Y eso quedó de manifiesto a partir del miércoles 14 por la tarde cuando la fiscalía trajo a su primer testigo colaborador de los 16 que piensa invitar. Acotado por el cuestionario de la fiscal Gina Parlovecchio, Jesús Zambada García, “El Rey”, detalló las operaciones de empresa transnacional del cartel de Sinaloa, éxito que pasa por la capacidad de corromper a prácticamente todas las esferas del poder público en México, desde el simple policía de semáforo hasta el Presidente de la República, pasando por procuradores, jefes militares y policiacos, gobernadores y alcaldes.

Consumiendo libretas y blocks de hojas, los reporteros y la corte van logrando estabilizar los horarios. Llegada de madrugada, tres horas de formación y ocho horas de actividad con una para comer y dos descansos de 40 minutos cuatro días a la semana. Despojándose de los metales para ingresar por los detectores, las veces que sea necesario y bajando la información a ratos, pretendiendo que los abogados o la familia del acusado suelten una revelación o declaración en exclusiva. Acudiendo a la sala de prensa para encender los gadgets, vaciar la información, comer bocadillos y prepararse para regresar al lugar asignado pues no se sabe en qué momento el testigo va a decir algo que se convierta en la nota del momento.

Al terminar la semana uno desea, de manera metafórica, que hubiera un poco más de sangre en este juicio. A los pocos días al parecer mis plegarias no solo fueron cumplidas sino que superaron sus propias expectativas. Nunca se aplicó mejor el ten cuidado con lo que pides porque se te puede cumplir.