El yate maldito de los Gucci sellado por la muerte y la venganza en el cual festejaron su luna de miel Juan Carlos I y doña Sofía

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(GERMANY OUT) France - Saint-Tropez St. Tropez: Nioularque 1993; classical yacht Creole - 01.01.1993 (Photo by Heinrich Hecht/ullstein bild via Getty Images)
El Creole ha pasado por muchas manos pero finalmente se ha quedado con las hijas de Maurizio Gucci (Photo by Heinrich Hecht/ullstein bild via Getty Images)

Un gigante que surca el mar, con más de 65 metros de eslora y perteneciente a una de las familias más poderosas de la industria de la moda, los Gucci. Este titánico barco maldito pasa sus noches atracado en Mallorca y ha sido testigo de innumerables eventos que forman parte de su historia tétrica.

El Creole, que así se llama el yate de los Gucci, fue un regalo de Maurizio Gucci hacia su esposa, Patrizia Reggiani en los años 80. Por aquel entonces, el enorme velero era considerado el más grande del mundo y además era un símbolo del más exquisito lujo dado que está realizado enteramente con madera de teca.

Fue el patrimonio más preciado de la familia Gucci en su momento pero la propia Patrizia Reggiani confesaría años después que el barco estaba maldito debido a su pasado de ira y competencia antes de que Maurizio lo adquiriera.

Para descubrir la maldición tenemos que ir más atrás, a 1927 cuando se creo el Creole, por aquel entonces llamado Vira. El barco era de un vendedor de alfombras americano que, además, era un heredero millonario y rico.

Según recoge ‘El Mundo’, desde el primer momento el barco se resistía a ser bautizado ya que el típico ritual de romper una botella de champán contra su madera, se tuvo que repetir en más de tres ocasiones para que, finalmente, la botella se rompiera y el yate iniciase su historia naval… eso sí, sin el millonario propietario quien murió repentinamente dos años después.

El Creole tuvo varios propietarios más y finalmente fue comprado previamente, en 1948, por Stavros Niarchos, un adinerado griego que pretendía controlar con él las rutas marítimas y el transporte. Su adversario, Aristóteles Onassis tenía también un velero llamado Christina que le hacía la competencia directa.

Cuando Juan Carlos I y doña Sofía se casaron, pasaron la luna de miel, en mayo de 1962, en el lujoso barco gracias a la buena relación de Sofía (princesa de Grecia) con Stavros y, de hecho, Onassis puso a disposición de los enamorados el Christina, pero declinaron su oferta y optaron por el imponente velero de tres mástiles y cuatro velas.

Onassis se quedó de piedra dado que su yate era de 99 metros, más grande que el propio Creole y, ante la negativa de Juan Carlos, invitó a muchas personalidades como Churchil, Greta Garbo o Elizabeth Taylor. Sin embargo y siguiendo con la maldición del navío, Onassis cometió el error de invitar a María Callas y su esposa Tina descubrió que eran amantes y le costó el divorcio al millonario.

(Original Caption) Opera star Maria Callas and Greek shipping owner Aristotle Onassis spends a night out at the International Sporting Club here. The same night, they stole the spotlight at a charity ball that Monaco's Princess Grace gave at the palace.
María Callas y Onassis afianzaron su relación pero cuando se conocieron ambos estaban casados (Getty)

Este duro golpe acentuó la rivalidad entre Stavros y Onassis que ya no se limitaban a pelear por negocios marítimos sino también por relaciones sentimentales dado que el primero quiso casarse con Tina cuando ella era menor y no pudo así que Onassis aprovechó para casarse posteriormente con ella en 1946.

Stavros se casó un año después con la hermana mayor de Tina, Eugenia que terminó falleciendo a los 44 años por una sobredosis de pastillas, siempre en posesión del yate maldito. Lo “peor” es que cuando todo sucedió y Onassis fue infiel a Tina, Stavros consiguió casarse con ella en 1971, sin sospechar que tres años después, Tina acabaría muerta igual que su hermana, por sobredosis de pastillas a los 45 años.

CANADA - OCTOBER 19:  Maurizio Gucci: Company president struck deft couter-blow against other members of board.   (Photo by Erin Combs/Toronto Star via Getty Images)
Maurizio Gucci compró el Creole para su esposa Patricia (Photo by Erin Combs/Toronto Star via Getty Images)

El recuerdo de la desgracia de sus dos esposas hizo que Stavros vendiera el barco pensando en su maldición y lo hizo al Gobierno danés para convertirlo en un yate educativo para escuelas pero su mantenimiento era tan caro que el Gobierno lo vendió finalmente a Maurizio Gucci.

El resto de la historia es por todos conocida, Maurizio regaló el barco a Patricia quien, años después, planearía el asesinato de su marido que murió en 1995 a manos de un sicario. Lo más curioso del asunto es que, con toda esta historia de muerte y venganza a sus espaldas, hoy en día el Creole es propiedad de Allegra y Alessandra, las dos hijas de Patrizia Reggiani y Maurizio Gucci que incomprensiblemente no se han deshecho de él.

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