Xadani, donde se sueña en la lengua de las nubes

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XADANI, Oax., febrero 21 (EL UNIVERSAL).- Eliel se mueve inquieto en la cocina de Nolberta, su madre, quien le pide en zapoteco un poco de leña seca para el horno de tortillas, pues necesita avivar el fuego para que los totopos de maíz que elabora tengan buena cocción.

Eliel Guerra López es un niño de siete años cuya lengua materna es el zapoteco y aprendió español en la escuela.

Apenas y abrió sus ojos, sus padres comenzaron a cantarle en la lengua de los hombres y las mujeres nubes, el diidxazá, la misma que Nolberta López Gallegos aprendió de su madre, quien, a su vez, lo aprendió de la suya y así hasta perder su rastro en el tiempo.

Eliel es el hijo más pequeño que tiene Nolberta, sus otros dos hijos, también tienen como primera lengua el zapoteco, pero, a diferencia de ellos, Nolberta es monolingüe, sólo habla en la lengua de las nubes, así que cuando requiere comunicarse en español para trámites burocráticos, utiliza a sus hijos de intérpretes.

Esta mujer —de 46 años y originaria de Santa María Xadani, y quien elabora totopos para contribuir al gasto familiar— concibe el mundo en zapoteco, tal y como lo hace 11% de la población de esta comunidad del Istmo de Tehuantepec que se considera monolingüe, de acuerdo con los datos más recientes del Inegi.

Ella dice que no aprendió el español porque no fue a la escuela. Aunque sí lo entiende, le cuesta trabajo expresar sus ideas, porque éstas las construye en su mente pensando en zapoteco.

Para ella, esta lengua no interfiere en la habilidad de sus hijos para comunicarse en español. Ser bilingüe es una ventaja en el futuro, así que en su casa el zapoteco no está prohibido, es la lengua viva que se practica todos los días, desde que despiertan hasta que duermen.

"Pues él, digamos que nació hablando zapoteco, como todos mis hijos, como yo, como su papá. Aprendió el español cuando entró al kinder. Habla el español cuando juega con un par de vecinos que no hablan zapoteco. En la escuela también lo practica, pero cuando llega a la casa todo es en zapoteco", explica Nolberta sin dejar de moverse frente al horno de tortillas.

El pueblo con más hablantes. Santa María Xadani, el pueblo de Eliel y Nolberta, es la comunidad del Istmo de Tehuantepec que tiene más hablantes de zapoteco, según el último Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi.

De los pueblos zapotecas, Xadani tiene 8 mil 42 hablantes, lo que representa 87% del total de su población, que alcanza los 9 mil 234 habitantes, por lo que se conserva como una comunidad donde el diidxazá goza de cabal salud y se transmite a los niños como primera lengua, algo que no sucede en todas las localidades.

En esta población, mil 191 personas son monolingües, es decir, sólo hablan en zapoteco, mientras que 6 mil 824 personas se mueven en el bilingüismo.

El número de hablantes aumentó en una década, ya que en 2010 se contaba con 6 mil 563 personas y actualmente hay 8 mil, es decir, 2 mil personas más.

Por esta razón, Xadani se ha convertido en un pueblo ejemplo de la conservación de la lengua, la cual se refuerza en los centros educativos, donde se promueve el orgullo de ser hablantes, a diferencia de otros pueblos que tienen el zapoteco en franca agonía, como es el caso de Tehuantepec —donde sólo 5 mil 428 ancianos lo hablan, lo que representa apenas 8% de los 67 mil habitantes— o Jalapa del Márquez —en donde sólo hay 294 personas que lo hablan de un total de 11 mil 735 habitantes, es decir, 2.5% de la población, todos ancianos.

Se sueña en zapoteco. A unos cuantos metros de la casa de Nolberta vive Claudia Guerra Castillo, una poeta bilingüe de 39 años que considera que en Santa María Xadani, su pueblo, se nace hablando, se come y se sueña en zapoteco.

"En el pueblo, hasta el más tiernito habla el zapoteco. Creo que en ningún lugar de la región se habla tanto como en Xadani. Le pueden seguir después otros pueblos como Álvaro Obregón, San Blas Atempa y Santa Rosa de Lima. Aquí todo se mueve en zapoteco, desde los anuncios en los altavoces hasta los trámites en el ayuntamiento", comenta la poeta ganadora del Premio del Centro de las Artes de San Agustín (CaSa) en Creación Literaria en Lenguas Indígenas, un prestigioso reconocimiento creado por el pintor Francisco Toledo.

En este pueblo de pescadores y artesanas, el zapoteco es el principal vehículo de comunicación para comercializar en el mercado, para profesar la fe en su santuario frente al mar —dedicado al Cristo Negro— y para exponer sus males en el centro de salud, porque las enfermeras tienen que ser hablantes; también para enseñar las primeras letras en las escuelas bilingües.

A pesar de la buena salud del zapoteco, Claudia ha observado un fenómeno que le llama mucho la atención: que al ser un pueblo de migrantes temporales (viajan una vez al año a los campos de Nayarit, Quintana Roo y Yucatán como mano de obra), los hijos de éstos no hablan el zapoteco, sólo lo entienden, ya que se los llevan pequeños y se ven obligados hablar sólo español en espacios educativos.

"Cuando estos niños regresan, ya no hablan el zapoteco, porque donde están la educación es completamente en español. Me pasó a mí, mi hija mayor nació fuera de Xadani, así que al regresar le costó mucho adaptarse con los otros niños. Aunque sigue sin hablarlo, sí lo entiende. Lo mismo veo con los hijos de muchos migrantes, ya no hablan el zapoteco, aunque le entienden. Afortunadamente es un porcentaje muy pequeño", argumenta la también tejedora.

Claudia considera al zapoteco como su lengua materna, así que siente la obligación de contribuir a su reforzamiento y difusión, por eso aporta su granito de arena enseñando la lengua en talleres y busca que sus hijos la hablen y que se sientan afortunados por ello .

Para la poeta, Xadani es un pueblo que, sin buscarlo, se convirtió en un ejemplo de preservación en donde los niños aprenden la lengua desde la cuna y ésta se refuerza en los espacios comunitarios.