Wuhan más allá del coronavirus: acero, autos y fideos picantes

Carlos Tejada
ARCHIVO - Un trabajador instala páneles solares en una torre residencial en Wuhan, China, el 5 de junio de 2018. La ciudad es el epicentro de un brote viral que está preocupando al mundo. (Bryan Denton/The New York Times)

Si Wuhan pudiera compararse con una ciudad estadounidense, quizá sería Pittsburgh, una versión mucho más grande y calurosa de Pittsburgh.

Wuhan, una ciudad industrial ubicada en el centro de China, atraviesa un río, el Yangtsé. Es la sede de una industria del acero atribulada y en declive. Es una ciudad universitaria repleta de estudiantes.

Hasta ahí llegan las comparaciones. Wuhan tiene una población de más de once millones de personas, el equivalente a 36 Pittsburghs. Solamente en términos de los estudiantes universitarios, más o menos un millón de ellos están inscritos en escuelas de la ciudad, de acuerdo con las cifras del gobierno. Las temperaturas durante el verano pueden llegar a los 37,7 grados Celsius, con mucha humedad. Su platillo tradicional, y uno de los tentempiés favoritos de China, es un brebaje de pasta picante llamado “reganmian”, o “fideos secos y picantes”.

Wuhan también es el epicentro de un brote viral que está preocupando al mundo. El 23 de enero, los funcionarios chinos limitaron considerablemente los viajes desde y hacia la ciudad, en un esfuerzo por contener un coronavirus que hasta ahora ha cobrado la vida de al menos 26 personas y ha infectado a cientos más. Las restricciones se impusieron en el auge del periodo de viajes por la festividad del Año Nuevo lunar, es decir que muchos residentes de la ciudad quizá no vean a sus familias y seres queridos esta semana.

Wuhan personifica el ascenso de China como potencia económica global, con todas sus complejidades. Entre 2002 y 2018, los ingresos disponibles por persona se dispararon a una cifra seis veces mayor a la previa, de acuerdo con los datos del gobierno recabados por CEIC Data, un proveedor de información. En el área residen inmensas fábricas automotrices que producen autos para General Motors, Nissan, Honda y otras marcas globales y locales. La ciudad se ha vuelto un destino popular para la inversión extranjera.

El gobierno chino aprecia tanto la imagen de la ciudad que Xi Jinping, el dirigente del país, la eligió para su reunión con el primer ministro de India Narendra Modi. Ambos mandatarios caminaron por el lago Este de la ciudad, fomentando lo que los medios chinos controlados por el Estado llamaron el espíritu de Wuhan entre los dos rivales regionales.

Esta bonanza ha acarreado problemas. La contaminación excesiva ha provocado manifestaciones. Sus calles suelen estar atestadas de tráfico. Sus fábricas de acero, que desde hace tiempo habían sido la columna de la economía local, han batallado, al igual que el resto de las industrias ineficientes de China, con problemas de exceso de capacidad y contaminación, por lo que Pekín decidió fusionar a Wuhan Steel, el gigante propiedad del Estado, con otra empresa.

Desde hace mucho, Wuhan ha sido un centro para el comercio en China, gracias a su ubicación junto al río Yangtsé, una ruta comercial importante, además, sigue siendo un punto clave de transporte, lo cual le ha valido la comparación con Chicago, según algunos chinos. También fue el sitio de un suceso formativo en la historia de China: una sublevación militar en 1911 que condujo al colapso de la dinastía Qing y marcó el inicio de la República de China.

Wuhan ocupaba un lugar especial en el corazón de Mao Zedong quien, como es bien sabido, se metió a nadar al Yangtsé en 1966 para demostrar su vitalidad. Eso sucedió al inicio de la revolución cultural, que destrozó a Wuhan, así como a otras ciudades.

Mientras China cobraba impulso en la era moderna, los líderes locales intentaron pulir su imagen y demostrar que Wuhan era parte del progreso del país. Consideraron varios lemas para este propósito, entre ellos: “Gran río, gran lago, gran Wuhan” y “La capital fluvial del este, la habitable Wuhan”.

Al final, optaron por “¡Wuhan, distinta todos los días!”.

This article originally appeared in The New York Times.

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