El declive de una estrella: Will Smith pierde su lugar como reclamo de taquilla

A diferencia de otras épocas, ya son pocas las estrellas que Hollywood considera reclamo de taquilla. Will Smith era una de ellas a principios de siglo, pero hace tiempo que ha perdido ese estatus. Hace unos años que a Will Smith no le llueven los aplausos de la crítica o que una de sus películas originales arrasa en taquilla. Es cierto que tiene una legión de fans en todo el mundo que sigue su persona pública, pero ya no tanto sus películas.

Más de uno me criticara intentando refutar mi escrito con el éxito económico de Aladdin o el de Escuadrón Suicida, pero en ambos casos no era el rostro de Will lo que atrajo a los espectadores a las salas. Al menos en su mayoría. En el primer ejemplo se trataba del reboot de un sello clásico indiscutible de Walt Disney con el peso del éxito que acarrea la moda de sus remakes animados, y el segundo era el primer intento de innovación del Universo Extendido de DC. Y en donde, en realidad, la gran protagonista fue Margot Robbie.

Will Smith en Géminis (Ben Rothstein; Copyright: ©2019 PARAMOUNT PICTURES. ALL RIGHTS RESERVED.)

¿Cuándo fue la última vez que fuiste al cine a ver una película protagonizada por Will Smith que te recomendaron? ¿O la última vez que lo vimos liderando la taquilla mundial con una película propia o siendo aplaudido por la crítica con miras a la temporada de premios? Hace mucho, ¿verdad?

No me tomen a mal, creo que Will Smith es un entertainer nato y una de las estrellas más humildes de la industria a las que he tenido el placer de conocer y entrevistar en varias ocasiones. Es más, tiene una habilidad natural para transmitir drama y empatía al mismo tiempo a través de la pantalla cuando tiene un personaje a su medida o que le apasione. Y quizás de eso se trata, que no haya encontrado en mucho tiempo un papel que desafíe su talento como hizo Joaquin Phoenix, por ejemplo, con Joker.

Su más reciente producción, Géminis, ha sido destruida por la crítica (25% en RottenTomatoes) y la taquilla no respondió tan bien como lo hicieron sus películas de los años 2000s. En su primera semana lleva cosechados 56 millones de euros ($62 millones) a nivel mundial, cuando se estipula que tuvo un presupuesto abismal del doble (entre 125€ y 143€ millones -$138 y $158 millones) debido a los efectos especiales que utilizó el director Ang Lee para recrear al clon juvenil de un Will veinteañero.

[Crítica de 'Géminis', lo nuevo de Will Smith: un intento de blockbuster sin el mínimo esfuerzo]

Es decir que, con la llegada de Maléfica: maestra del mal esta semana y el poderío que mantiene Joker, es poco probable que la producción salga airosa de la cartelera.

Antes de verlo como el Genio de Aladdin estuvo apartado de las pantallas al menos durante año y medio, y su apuesta anterior fue la cinta más costosa de Netflix. Bright, que se estrenó a Navidades de 2017 y también fue destrozada por la crítica. Aquel intento de drama policial con ogro de por medio (Joel Edgerton) fue recibido con pinzas por los espectadores del streaming que rápidamente pasaron de la idea.

(Matt Kennedy, cortesía de Netflix)

Aquel año y medio de descanso llegó cuando se preparaba para recibir la quinta década de su vida, centrándose en su familia y en cumplir metas personales que fue documentando en vídeos para sus seguidores en redes sociales (saltar de un helicóptero en el Gran Cañón, nadar con tiburones, etc). Como si estuviera regenerando adrenalina para volver con más energía. Y lo hizo en Aladdin, logrando recrear a un Genio suyo, propio, desligándose por completo de las comparaciones con el personaje animado que Robin Williams transformó en un clásico. Y luego se apuntó a la propuesta de ciencia ficción de Ang Lee que, quizás, parecía un vehículo interesante para volver al género que le dio buenos frutos hace años con ejemplos como Yo, Robot (2004) o Independence Day (1996). Pero parece que no es el caso.

Antes de este descanso, Will pasó una década de fracasos prácticamente continuos que quizás por el cariño que le tenemos como público, fuimos dejando a un lado. Hace doce años desde su última nominación al Oscar por la humana y dramática historia que cuenta En busca de la felicidad (2006), sin embargo desde Soy Leyenda (2007) y Hancock (2008), apenas tuvo un solo éxito comercial como protagonista: Men in Black III (2012) que, a su vez, es la última película con un aprobado de la crítica en su filmografía. Y todo por ser la tercera parte de la saga más exitosa de su carrera. Se trata de unos diez años, o más, en donde solo disfrutó del aplauso y el éxito como protagonista en una ocasión, tras pasar los 90 y 2000s recibiendo halagos prácticamente constantes.

Siete almas (2008), el drama de redención que lo reunió con el director de En busca de la felicidad, Gabriele Muccino -y que sin dudas soñaba con llegar al Oscar de nuevo- fue recibido con desgano por parte de la crítica y el público, siendo la menor taquilla que conseguía en cinco años (150€ millones-$166 millones). Entre medias llegó el alivio que supuso Men in Black III, solo para comenzar una mala racha disparada por el gran desastre de M. Night Shymalan, After Earth (2013).

Así, llegarían Focus (2015) con una ascendente Margot Robbie , el drama biográfico La verdad duele (2015) y el drama festivo Belleza oculta (2016), y ninguna de las tres tuvo un gran recibimiento por parte del público o la crítica. Es más, las dos últimas prácticamente generaron pérdidas o igualaron su inversión.

Entre medias llegaría Escuadrón Suicida y Bright, llevando a esa desaparición de la cartelera a la que puso fin este 2019. Viendo los intentos en diferentes géneros, no se puede decir que Will no haya probado opciones para mantenerse en alza. En la última década ha pasado por la acción, el drama, el romance, la ciencia ficción, y parece que su comodín para alcanzar el éxito unánime es a través de la saga de los Hombres de Negro, repitiendo la misma táctica que practica Tom Cruise con Misión Imposible o en unos días utilizará Angelina Jolie con Maléfica. Pero claro, esto de fiarse en papeles de éxito del pasado no aporta seguridad, sino que se lo digan a Johnny Depp que podría ser reemplazado definitivamente de Piratas del Caribe.

En principio, todo esto no parece afectarle mucho. Cada una de sus apariciones nos muestran a un intérprete feliz y satisfecho por todo lo conseguido, y en ese sentido podría definirse como un ejemplo a seguir en Hollywood. Alejado de las presiones de la industria, él parece divertirse y hacer lo que le gusta, teniendo el aval de varios estudios y productores que siguen apostando por él como estrella protagonista.

Lo cierto es que a sus 51 años lo sigue intentando. En 2020 volverá con la tercera parte de una de sus sagas más lucrativas, Bad Boys, con Bad Boys for life con Martin Lawrence y a 17 años de la segunda parte, apostando por el poder de la nostalgia como imán para atraer a los espectadores. Aunque su apuesta más interesante llegará a finales del próximo año, cuando interprete al padre de Venus y Serena Williams en el biopic King Richard que dirigirá Reinaldo Marcus Green. A juzgar por el tema, la historia y las fechas de estreno, es muy probable que sea el vehículo que acerque a Will a los críticos de nuevo y, por supuesto, a la temporada de premios.

¿Será 2020 el año de su redención con la crítica y el aplauso del público?

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