En el Washington de Biden, los demócratas y los republicanos no concuerdan respecto al significado de 'unidad'

Peter Baker
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El presidente Joe Biden pronuncia su discurso inaugural en el Capitolio en Washington, el miércoles, 20 de enero de 2021. (Chang W. Lee/The New York).
El presidente Joe Biden pronuncia su discurso inaugural en el Capitolio en Washington, el miércoles, 20 de enero de 2021. (Chang W. Lee/The New York).

WASHINGTON — Cuando declaró que su misión para la historia era unir a un país dividido, el presidente Joe Biden hizo de la “unidad” la consigna de su naciente administración. Pero uno de los factores que divide a Estados Unidos es el significado verdadero de la palabra unidad.

En su discurso inaugural del miércoles y en otras alocuciones públicas, Biden se dirigió a los republicanos con mensajes de conciliación, y prometió que trabajarían juntos para enfrentar los enormes desafíos que aquejan a la nación: un tono extremadamente distinto al que solía adoptar el expresidente Donald Trump. Sin embargo, en las primeras horas del gobierno de Biden, la reconciliación se basó más en palabras y símbolos que en acciones tangibles.

No designó a ningún miembro de la oposición como parte de su gabinete, a diferencia de los presidentes Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, y muchas de las órdenes ejecutivas que firmó en sus primeros dos días en el cargo tuvieron como objetivo revertir las políticas de Trump y promulgar ideas liberales, no encontrar puntos en común. No ha dado ningún ejemplo de las prioridades republicanas que estaría dispuesto a adoptar en aras de una cooperación bipartidista ni ha descrito qué concesiones serían aceptables a cambio de que el Congreso apruebe sus iniciativas.

No obstante, Biden y sus aliados argumentan que la unidad no es lo mismo que la concesión, es más un cambio en la cultura, no repartir la diferencia en los planes de políticas. Tras una presidencia que echó sal a las heridas de la raza, la religión, el género, la orientación sexual y la cultura, y que luego buscó anular una elección democrática que incitó a una turba a asaltar el Capitolio, la unidad puede significar un compromiso renovado con los valores más amplios de Estados Unidos. Ambos bandos aún librarán batallas enérgicas para defender sus ideas, plantea este argumento, pero deben ser debates de buena voluntad en lugar de operaciones de búsqueda y destrucción.

“A fin de cuentas, una mayor unidad requerirá un consenso más amplio sobre el valor del gobierno mismo, que es precisamente la razón por la que Biden está enfatizando las acciones competentes del gobierno como la clave para la recuperación de la pandemia y la crisis económica”, dijo Paul Bledsoe , exmiembro del Senado y del personal de la Casa Blanca de Clinton que ahora trabaja en el Progressive Policy Institute.

Biden desde siempre ha sido un apóstol del bipartidismo y ha cultivado buenas amistades con figuras de ambos partidos en el transcurso de 36 años en el Senado y 8 años como vicepresidente. Sin embargo, las estructuras de incentivación han cambiado. Antes los políticos percibían una recompensa política por al menos aparentar una postura bipartidista, pero ahora perciben el riesgo de ser acusados de traicionar sus principios por los elementos más apasionados de su propio partido. Muchos ven la concesión como un vicio, no una virtud.

Los destellos de cortesía entre partidos que se vieron en la ceremonia de investidura ya estaban desapareciendo al día siguiente. El jueves, los demócratas y los republicanos del Senado discutieron para definir las reglas que regirán a su cámara dividida en partes iguales durante los próximos dos años, así como el proceso que se seguirá con el juicio político de Trump, quien fue impugnado por incitar una insurrección. Los republicanos se quejaron de que la agenda del nuevo presidente en materia de inmigración, economía y medioambiente se aprobó mediante órdenes ejecutivas y que sus proyectos de ley no los contemplaban en absoluto.

“Biden tenía un buen mensaje de unidad”, escribió en Twitter Alyssa Farah , quien fue la última directora de comunicaciones de la Casa Blanca antes de renunciar después del motín en el Capitolio, “pero las políticas hasta ahora solo están dirigidas a la mitad del país, a los que lo apoyaron, y no hay señales de querer conectar con aquellos que no lo hicieron”.

El juicio político pendiente contra Trump se ha convertido en un punto de fricción en los primeros días de la presidencia de Biden, pues el segmento del Partido Republicano que aún apoya al exmandatario lo retrata como un acto de venganza que contradice las diáfanas promesas de unidad.

“Debo decir que es difícil unificar a la gente cuando se someterá a juicio político a un presidente que ya no está en funciones”, dijo en una entrevista el representante de Ohio, Jim Jordan , uno de los defensores acérrimos de Trump. “Es difícil unificar a la gente cuando no podemos plantear nuestros argumentos debido a la cultura de la cancelación”.

Los defensores de Trump dijeron que Biden debía convocar a los demócratas del Congreso y decirles que los dejen en paz. “El hecho de que se niegue a hacer eso me demuestra que en realidad no tiene la habilidad ni la disposición de unificarnos porque eso lo dejaría fuera del juego”, declaró para Fox News el senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham .

Los demócratas se mofaron de esa sugerencia, pues sostienen que la unidad no equivale a sacrificar la rendición de cuentas. Un grupo de senadores demócratas presentó una queja el jueves ante el Comité Selecto de Ética del Senado en contra de dos republicanos aliados de Trump, los senadores Ted Cruz, de Texas, y Josh Hawley, de Misuri, en la que los acusaba de validar a la turba al oponerse al voto del Colegio Electoral a favor de Biden.

“No creo que sea muy unificador decir: ‘Olvidémoslo todo y pasemos a otra cosa’. Así no se unifica a la gente”, les dijo a los reporteros Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes. “No se supone que se le diga a un presidente: ‘Haz lo que quieras en los últimos meses de tu administración. Te van a dar una tarjeta que te liberará de la cárcel porque la gente piensa que deberíamos ser amables y olvidar que hubo muertes aquí el 6 de enero’”.

Los republicanos se quejaron de que no hubo ningún diálogo antes de que Biden revelara su proyecto de ley de inmigración que abriría el camino a la ciudadanía para 11 millones de personas que viven en el país de manera ilegal y, al mismo tiempo, frenaría muchas deportaciones y suspendería la construcción del muro fronterizo de Trump. La civilidad, afirmaron, no es lo mismo que la unidad.

“El bipartidismo no se basa en el tono, sino en la política”, comentó Josh Holmes , estratega republicano y exjefe de personal del senador por Kentucky, Mitch McConnell, el líder de la minoría republicana. “Creo que él ya dominó el tono, pero eso no es unidad. Si tomas medidas radicales y partidistas con amabilidad, no estás fomentando la unidad”.

This article originally appeared in The New York Times.

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