Desde Wall Street y Adidas hasta el automovilismo: se extienden los reclamos de justicia racial

Jodi Kantor

NUEVA YORK.- El ajuste de cuentas fue vertiginoso. Arrancó el lunes, cuando el diccionario inglés Merrian-Webster anunció que revisaría su entrada de la palabra "racismo" para reflejar "que puede ser sistémico".

El martes, la Universidad de Washington despidió al entrenador de su equipo de danzas cuando las únicas dos integrantes negras fueron separadas del grupo. Ambas mujeres fueron invitadas a reincorporarse.

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El miércoles, cuando un automovilista negro de la categoría NASCAR reclamó que la institución prohibiera la presencia de la bandera de batalla de la Confederación en sus competencias, la NASCAR cumplió de inmediato.

El jueves, Nike se sumó a la ola de empresas estadounidenses que ya convirtieron en feriado oficial pago el Día de la Libertad o "Juneteenth", como se conoce en Estados Unidos la conmemoración de la abolición de esclavitud en Texas, el 19 de junio de 1865 y de manera más general, la emancipación de los afronorteamericanos esclavizados. El anuncio de Nike enfatizó que el feriado pago "servirá para conmemorar y celebrar mejor la historia y la cultura negras".

Y el viernes, ABC Entertainment reveló el nombre del protagonista de la Temporada 18 de su exitosísima franquicia "The Bachelor": por primera vez, será un soltero de color negro, un reclamó histórico de los fans del programa.

Pasaron apenas tres semanas desde que el asesinato de George Floyd desató una generalizada ola de protestas y eso que arrancó como un nuevo reclamo de reforma policial se convirtió en una bola de nieve que parece arrollar todas las esferas de la vida norteamericana y está obligando a instituciones e individuos de todo el país a enfrentarse con sus arraigadas formas de discriminación racial.

En estas semanas, los norteamericanos blancos atosigaron a sus amigos negros con preguntas sobre cómo combatir su propio racismo y los activistas antirracismo observaron con asombro a poderosos líderes y corporaciones blancas usar palabras como "racismo estructural" y comprometerse a ir al hueso con una reforma de las actitudes personales y corporativas.

Pero quienes llevan décadas en las trincheras de la lucha contra el racismo en Estados Unidos se preguntan cuánto durará tanto examen de conciencia. "La marea de declaraciones corporativas condenando el racismo son golpes de pecho redactados por agentes de prensa y dirigidos por los negros que ocupan cargos más altos en cada empresa", dice Dream Hampton, escritora y cineasta. "Primero mostrame la foto de los integrantes de tu junta directiva, y entonces vemos si podemos hablar de diversidad, inclusión e igualdad".

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"Dejen de tirar buena onda", imploraba el escritor Chad Sanders en una reciente columna de opinión en The New York Times y les sugería a sus amigos blancos que mejor canalizaran la buena energía en tratar de proteger a los manifestantes negros y donar fondos a las instituciones que combaten la injusticia racial.

Pero las protestas ya produjeron cambios tangibles en los protocolos de actuación policial. El viernes, Nueva York prohibió a las fuerzas de la ley bajo su órbita el uso de "llave al cuello" como técnica de estrangulamiento para reducir al oponente, y derogó la ley de confidencialidad del historial disciplinario de los agentes de policía.

El poder de las protestas también es cultural y está marcando una época. El furor de los libros sobre el racismo trastocó las listas de best-sellers y empujó a la cima títulos como "Cómo ser antirracista" y "Fragilidad blanca". Y la terminología sobre el problema racial en Estados Unidos, que antes parecía jerga de los académicos y activistas, parece haber penetrado en el gran público.

Conscientes de esta inusual y tal vez fugaz oportunidad de hacerse escuchar, muchos estadounidenses negros se volcaron a las redes para compartir dolorosas experiencias de racismo y maltrato en los lugares de trabajo, y muchas de esas personas dicen que hasta ahora tenían miedo de contarlo.

Esa sensación de que cayeron las barreras hace pensar en aquel otoño-invierno boreal de 2017 cuando las acusaciones de abuso sexual contra el productor hollywoodense Harvey Weinstein desataron un diluvio incontenible de relatos de mujeres y suscitaron sinceramientos entre amigos, colegas y vecinos, que por primera vez sintieron que podían contar que también lo habían sufrido. O también los que se dieron cuenta de haber hecho daño en ese sentido y quisieron enmendarse.

Aunque el racismo no es secreto para nadie, "el gran despertar se produce cuando la gente que no lo sufre en carne propia toma consciencia", dice Drew Dixon, productora musical, activista e impulsora de una denuncia de violación contra el productor musical Russell Simmons. "Mucha gente no sabía lo que tienen que pasar las mujeres todos los días y creo que hasta ahora muchos no negros tampoco sabían lo que tienen que vivir los negros diariamente".

Un giro que ya estaba en marcha

Por repentino que pueda parecer el actual desborde, ya había señales de que la percepción racial estaba fluctuando. Las encuestas de opinión de los últimos diez años muestran que los demócratas tienen una opinión crecientemente positiva de los afroamericanos y que cada vez son más los que atribuyen las desigualdades de ingresos a la discriminación y no al fracaso personal. Ya en 2018 los progresistas blancos decían tener una opinión más positiva de los negros, hispanos y asiáticos que de los otros blancos.

Las razones de ese giro no son claras, y hasta ahora no se tradujo en una desegregación concreta de escuelas y barrios, pero ayudan a explicar la incontenible reacción por la muerte de Floyd. Ese desborde popular también está relacionado con el modo horrendo en que murió Floyd, que quedó registrado en video en un momento de creciente malestar con el gobierno federal por el manejo de la pandemia y la cuarentena.

Además, las generaciones jóvenes son racialmente mucho más diversas que sus mayores. Ven la cuestión racial de manera diferente y su incidencia sobre la sociedad no hará más que aumentar. Ya hace unos años que las marcas que apuntan al público joven incluyen en sus campañas publicitarias proclamas a favor de la igualdad y la justicia, y tras las protestas por Floyd, desde los CEOs de Wall Street hasta la gigante Adidas inundaron las redes con vagos mensajes de apoyo a la diversidad.

Las denuncias de hipocresía no se hicieron esperar y muchos acusaron a la empresa de no practicar los valores que promueve. Decenas de empleados de Adidas dejaron sus puestos de trabajo para sumarse a la protesta frente a la sede central de la empresa, en Portland, Oregon.

Un punto de ebullición

La discusión sobre el racismo en Estados Unidos nunca se detuvo, pero las muertes de George Floyd, Breonna Taylor y tantos otros "llevó las cosas a un punto de ebullición", indica Joe Melody Woods, de la Escuela de Comunicación Moody. De todos modos, el debate nacional seguía enfocado básicamente en la cuestión de la brutalidad policial. "Pero ese no es el único sistema funcional a la perpetuación de la supremacía blanca", dice Woods. "Hay otros sistemas, y uno de ellos son las instituciones académicas".

Woods y sus pares destacan que ahora sus colegas de la universidad no necesitan de la presencia de un compañero negro para guiar un debate sobre el racismo. "Esta vez lo que es distinto es que los blancos están escuchando".

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide