Vuelven los fantasmas errantes de las novias abandonadas, en una nueva versión de Giselle

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El coreógrafo Jorge Amarante y los bailarines Sofía Menteguiaga y Facundo Luqui, en un ensayo en la Fundación Julio Bocca, antes del estreno de este sábado
Alejandro Guyot

Después de un año de teatros cerrados y proyectos inconclusos, los fantasmas de las novias abandonadas regresan a los escenarios buscando venganza. Las Willis, esos espíritus errantes del segundo acto de Giselle, volverán a encontrarse con el público presencial en una nueva apuesta del coreógrafo argentino Jorge Amarante, con Sofía Menteguiaga y Facundo Luqui en los roles protagónicos.

Amarante ha creado su versión del ballet romántico en clave contemporánea y algo neoclásica. ¿Cuál es el sentido de reversionar Giselle, 180 años después? “Puro regocijo mío – aclara en medio de la brisa de un ensayo con todas las ventanas abiertas–. Lo mastiqué mucho para buscar en dónde poner mi impronta. Y decidí que los conflictos los llevaran los personajes femeninos”. El cambio argumental se basa en el traslado del drama a un problema impensado en un ballet de 1841: Giselle descubre que Bathilde está embarazada de Albrecht. Influenciada por la religiosidad de su madre, quiere dar un paso al costado y se quita la vida. Así es como la madre tiene un rol más central en el primer acto, y no está allí solamente para colaborar en el desarmado del peinado de la protagonista antes de la famosa escena de la locura. “Me interesan mucho los personajes femeninos. Por eso es que hice una Carmen. Y ahora una Giselle. Siempre me gustó la música de [Adolphe] Adam. Es una joya”, afirma Amarante .

Exbailarín del Teatro Colón, como coreógrafo Amarante hizo una carrera  con acento neoclásico; está interesado en darle fuerza a los personajes femeninos del repertorio cláisco: esta versión de "Giselle" llega después de una "Carmen", de hace dos años
Alejandro Guyot


Exbailarín del Teatro Colón, como coreógrafo Amarante hizo una carrera con acento neoclásico; está interesado en darle fuerza a los personajes femeninos del repertorio cláisco: esta versión de "Giselle" llega después de una "Carmen", de hace dos años (Alejandro Guyot/)

Sin anclarla en una época concreta, la obra tiene un vestuario simple y atemporal. “Para buscar dos polos opuestos entre los actos, no sólo en el movimiento, también en el vestuario. El primero es colorido y veraniego. En el segundo, con las Willis, todo es más blanco y etéreo”, sigue el coreógrafo.

“Pero estas Willis son bastante oscuritas –se suma Sofía Menteguiaga, que había comenzado a trabajar con Amarante en rol de Giselle antes de que comenzara la pandemia.

“Estas Willis son más terrenales que las que solemos ver –advierte Amarante-. Lo etéreo esta dado por la liviandad del vestuario, pero la energía es diferente. Están en un plano más bajo en cuanto al movimiento, y Mirtha, su reina, es un puente entre una energía y la otra”.

Esta dramática versión de 75 minutos, sin uso de zapatillas de punta, se ha sacado de encima todos los momentos de divertissement que no aportaban al conflicto central. Conserva algo de la pantomima original, pero con otro dinamismo y aunque no se trate de una historia de príncipes y aldeanas, aún señala los conflictos de clase. Y la diferencia de madurez entre sus roles principales.

“Elegí a Sofía para esta Giselle porque ella tiene la carga artística, emotiva y años de experiencia, a sus 38, que hace que el personaje pueda tener estos matices de un acto al otro –destaca Amarante-. Son dos personalidades completamente distintas. Y esto se puede hacer con una artista que puede transformarse dentro de la obra”.

Facundo Luqui, bailarín solista del Teatro Colón, llega a su primer protagónico fuera del Ballet Estable. “Lo que me da Facundo es su juventud. Tiene 23 años y baila desde ahí. Albrecht está con culpa y enamorado, pero no se transforma tanto como Giselle”, describe el coreógrafo.

“Me fascina trabajar roles. Y es un placer poder crearlos con un coreógrafo que da espacio a los aportes. Así debería ser siempre –sostiene ella-. Sin perder cada uno su lugar, es como se hace crecer una obra”.

“Giselle es una de mis obras favoritas. Ya había bailado con el Ballet Estable del Colón casi todos los roles masculinos. Y en el 2020 había empezado a ensayar mi primer Albrecht y entonces llegó la pandemia y nos mandaron a nuestras casas”, recuerda Luqui un asunto pendiente.

En el contrapunto entre los protagonistas, durante la pandemia Menteguiaga eligió la quietud mientras que Luqui, hiperactivo, no paró un segundo aunque el Colón estuviera cerrado
Alejandro Guyot


En el contrapunto entre los protagonistas, durante la pandemia Menteguiaga eligió la quietud mientras que Luqui, hiperactivo, no paró un segundo aunque el Colón estuviera cerrado (Alejandro Guyot/)

Dejar atrás la quietud atrás

“Dejé de bailar hace más de dos años. Y no tenía ningún plan en el horizonte. Jorge me llamó para hacer Carmen dos días antes de mi última función con el Royal Ballet of Flanders, pero yo necesitaba retirarme y cortar por un rato. Así que después de un año comenzamos a trabajar en Giselle. Llegamos a montar algunos dúos y solos, y nos agarró la pandemia”.

Durante muchos meses el proyecto estuvo congelado. “Yo personalmente estuve quieta. Solo movía el pulgar para apretar el control remoto de la TV –se ríe Menteguiaga–. Claro que tengo mis rutinas de pilates y yoga. Y con mi hija de 4 años dando vueltas por la casa, hay una parte de estar en movimiento que nunca se termina”.

Luqui, por el contrario, encaró la incertidumbre con hiperactividad y un trabajo interno de aceptación de las limitaciones. Así que creó un emprendimiento de comida sin gluten y nunca paró de hacer sus clases, aunque el Colón estuviera cerrado. “Necesitaba moverme. Estuve todo el año entrenando por Zoom con mis maestras de Estados Unidos. Hice mucho esfuerzo para poder volver a bailar en buenas condiciones físicas”, señala.

Como si esta Giselle estuviera predestinada, todos los miembros del equipo se venían cruzando desde hace tiempo. Sofía recuerda que tenía 12 años cuando hizo de doble escénica de Clarita en un Cascanueces de Nureyev en el que Jorge Amarante era protagonista. Facundo Luqui formó parte del cuerpo de baile en la versión de Carmen del coreógrafo, de 2019. Y los protagonistas, no habían bailado juntos hasta ahora, pero se habían visto en la Gala de Buenos Aires Ballet de fines de 2020.

La nueva versión de Giselle se verá este sábado en el teatro El Nacional; coreógrafo, bailarines y productores coinciden en las ganas de hacer crecer la obra y llevarla a otros escenarios del país
Alejandro Guyot


La nueva versión de Giselle se verá este sábado en el teatro El Nacional; coreógrafo, bailarines y productores coinciden en las ganas de hacer crecer la obra y llevarla a otros escenarios del país (Alejandro Guyot/)

Ahora que regresaron al movimiento todos están llenos de proyectos. Amarante ya les montó un dúo vía Zoom para que bailen en la próxima gala de Buenos Aires Ballet y planea empezar a crear una versión que cruce La Cenicienta con El Cascanueces. Por su parte, la productora y directora artística Karina Battilana, con quien había ideado la versión contemporánea de Carmen hace dos años, planifica continuar el ciclo de danza en El Nacional, con la Cía. de Danza Argentina de Analia Domizzi y su obra Rizoma.

Todos coinciden en tener muchas ganas de poder hacer más funciones y llevarla a algún otro escenario del país. “Es una propuesta que se puede agrandar completamente. Por ahora, la presentamos como una versión de cámara por razones económicas. Pero también sanitarias: son 16 bailarines y bailarinas, y nunca está la totalidad sobre el escenario –subraya Amarante-. Hay prácticamente dos burbujas en el primero y el segundo acto. Además, en el caso de las Willis están bastante separadas. Así que haber creado una versión de cámara es mejor en tiempos de pandemia”.

PARA AGENDAR

Giselle, de Jorge Amarante. El sábado 6 de marzo, a las 20.30, en el teatro El Nacional, Av. Corrientes 960. Entradas desde $ 1300

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