Una voz del Bronx

Nueva York, 10 jun (EFE News).- "Si eres lo suficientemente afortunado puedes salir de aquí, quizás ir a la universidad, pero la mayoría de mis amigos o han acabado muriendo o en la cárcel, o siguen viviendo en comunidades como en la que estamos ahora", cuenta Chris Ramos, una de las miles de personas afroanericanas del deprimido barrio neoyorquino del Bronx.

Como él, miles de personas se han unido al clamor por justicia -y por justicia social- para la comunidad afroamericana en EE.UU. tras la muerte de George Floyd a manos de la policía.

Chris habla con claridad y calma, y camina despacio. Sobrevivió diez años de su infancia y adolescencia en un bloque de viviendas sociales conocidas como "projects", sinónimo de minoría, pobreza, drogas, delincuencia y violencia, hasta que sus padres tuvieron la suerte de recibir, hace unos años, una vivienda de protección cinco bloques más allá, en un área un poco más tranquila de esta zona del sur del Bronx, uno de los barrios históricamente más empobrecidos de Estados Unidos.

El Bronx tiene el mayor índice de pobreza de la ciudad con un 28,4 %, según datos oficiales de 2019, muy por encima de la media de la ciudad, y en algunas zonas como Hunts Point, Morris Heights, Belmont o Concourse, cuatro de cada seis familias son pobres.

Una penuria que se une a la falta de servicios públicos, como la asistencia sanitaria, la limpieza o al acoso policial contra la minoría de raza negra, que junto a la latinoamericana es la predominante en grandes partes de este distrito del norte de Nueva York, donde viven un millón y medio de personas.

Chris tiene 27 años y ha vuelto a su casa "temporalmente" después de haber perdido su trabajo en una tienda de ropa deportiva por la irrupción de la pandemia, pero también para echar una mano a sus padres y mantener "las luces encendidas", como dicen aquí para referirse al pago de la factura de la electricidad.

El barrio, al mediodía, parece una zona apacible, con la mayoría de los locales cerrados por el coronavirus, una iglesia evangelista cada dos bloques y muy poca gente por las calles. Pero Chris aconseja no pasearse por esa zona a partir de las ocho de la tarde, cuando cae la noche.

"La vida aquí no es para todo el mundo", explica antes de decir que la gente en su vecindario tiene siempre dos preocupaciones en mente: "el gran número de bandas y su violencia sinsentido, pero también tienen que preocuparse de la policía. Puedes recibir de cualquiera de las dos partes. Por lo que sí, definitivamente, es difícil vivir aquí, aunque intentamos hacer todo lo posible para prosperar sacando lo mejor de esta situación".

Pero la vida de la comunidad afroamericana en El Bronx se repite también a lo largo y ancho de Estados Unidos, donde los afroamericanos representan el 13 por ciento de la población.

De acuerdo al Instituto de Política Económica, en 2019 el sueldo de los trabajadores blancos era un 14,9 % superior al de los afroamericanos y el desempleo entre la comunidad afroamericana el doble que el de la blanca.

El diario The Washington Post, en un análisis con datos del año pasado, sostiene que el índice de personas de raza negra muertas a mano de la policía supera con creces al de otras comunidades, y es desproporcional respecto al de blancos fallecidos por las mismas causas.

Así, según sus propios datos, desde 2015 la policía mató por disparos a 1.291 afroamericanos, frente a los 2.469 blancos. Sin embargo, si se toma en consideración que en Estados Unidos hay 42 millones de afroamericanos y 197 millones de blancos, esto quiere decir que la policía mató a 31 afroamericanos por cada millón, frente a 13 blancos.

RACISMO Y ACOSO POLICIAL

Chris ha sufrido en "incontables" ocasiones el racismo y el acoso policial. Una vez estuvo tres días detenido hasta que retiraron los cargos y uno de sus mejores amigos se pasó tres años en un correccional entre los 14 y los 17 años.

En el "project Davidson", situado en el número 167 de la avenida Prospect, donde se crió, cuenta el último encuentro que él y sus amigos tuvieron hace un año con unos policías de incógnito.

"Se bajaron de un Impala negro y nos preguntaron qué estábamos haciendo, si vivíamos en el edificio, donde viven la mayoría de mis amigos, y después decidieron registrar a todo el mundo y nos dijeron que nos pusiéramos mirando hacia aquí", dice señalando la valla donde se colocó a petición de los agentes.

Entonces, uno de ellos le golpeó la espalda con su codo y le pateó las piernas mientras le decía que no se resistiera. "No me estaba ni siquiera moviendo, solo tenía las manos levantadas", relata antes te agregar que del golpe que recibió su cara acabó contra las barras de hierro del vallado y se le rompieron varias piezas de su aparato dental.

Tras contar el percance guarda unos momentos de silencio, como si lo estuviera reviviendo o recordara otros encuentros con las fuerzas de seguridad, y continúa: "Pero ocurrió muchas veces más, constantemente, especialmente aquí, siempre estás acosado por la policía (...) es algo normal, está normalizado, pero no debería ser así".

A finales de 2017 en las prisiones controladas por el gobierno federal había 475.900 presos afroamericanos, frente a los 436.500 de origen caucásico, a pesar de que la población blanca es cuatro veces superior a la afroamericana.

Incluso la esperanza de vida de los varones afroamericanos en Estados Unidos es de un año y tres meses menor que la de sus compatriotas blancos, mientras que las mujeres afroamericanas viven de media siete meses menos que sus conciudadanas caucásicas.

"La gente ha sufrido opresión y racismo sistemáticos, desde que podemos recordar, desde que estamos vivos, es por eso que quizá no eres capaz de encontrar un trabajo porque eres negro, o te para la policía porque eres negro, o te tratan de una manera porque eres negro, o vives en un área pobre solo porque eres negro", reflexiona, sentado en el salón de su casa mientras juguetea con su perro Koby.

Por eso dice, el asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco ha sido la gota que ha colmado el vaso en EE.UU., "porque la gente, simplemente, está cansada de no ser tratada con justicia o con igualdad, y eso la gente ya no lo soporta".

UNA VIDA MARCADA EN LA PIEL

En sus brazos, una decena de tatuajes cuentan su vida, pero en gran parte también la vida del barrio.

En uno de ellos, sacado de la película de terror "It", muestra la palabra "loser" (perdedor en inglés), que se convierte en "lover" (amante), con una gran uve dibujada en rojo tachando la letra s.

La reciente película de "Joker" también tiene un hueco en su brazo izquierdo con el dibujo de un sonrisa y la frase "¿Por qué estás tan serio?", las palabras que supuestamente el padre de "Joker" le dijo antes de rajarle la cara con un cuchillo. "La Familia primero", dice otro de ellos: "Esto es algo que cuando crecí en el project todos nos tatuábamos", para mostrar la vinculación y la solidaridad entre los que vivíamos allí.

Pero también tiene un tatuaje del fallecido jugador de baloncesto Koby Briant, un verso de una de sus canciones favoritas, o una nube negra de la que caen gotas de agua, junto a la frase: "Cuando llueve, caen tormentas".

EL CENTRO SOCIAL QUE LE SALVÓ LA VIDA

En los bajos de los bloques del project, como un refugio, se encuentra un centro comunitario para ayudar a los menores del barrio, tratar de darles algo de educación en artes y oficios, comida y protegerles de la dura vida del barrio.

Chris fue uno de esos menores que acudían a este lugar. "Los trabajadores cuidaban de ti y se aseguraban de que no estabas fuera, en medio de tanta locura". Con el tiempo, el propio Chris se acabó convirtiendo en uno de sus monitores para tratar de devolver a la comunidad lo que había recibido.

"Sólo recuerdo todo el buen trabajo que hicieron por mí, cuando era más joven, y quizá parte de la razón de por qué no he terminado en la cárcel o incluso algo peor, simplemente pudiendo tener un lugar al que poder venir con mis amigos", dice.

En la puerta, se encuentra con Robert, un afroamericano que trabaja en la actualidad en el centro, donde según dice se ofrece diariamente comida a doscientas familias necesitadas del barrio.Corpulento y con una camiseta gris, Robert cuenta a Efe que tiene dos hijos, de 12 y 14 años, que no han ido a las manifestaciones pero que han visto lo que está pasando a través de las redes sociales, y confiesa que no sabe cómo explicarles por qué murió George Floyd.

Dice que se inventa excusas asegurando "que las cosas tomaron la dirección equivocada, que algo salió mal...".

"¿Ves? Una vez más tienes que intentar suavizar las cosas para tus hijos: 'No hombre, fue un malentendido, se les fue de las manos'. ¿Entiendes? No puedes realmente sentarte delante de ellos y decirles, '¡Hey! esto es el racismo que vuelve una y otra vez'", concluye Robert, convencido de que la situación es un círculo vicioso que se repite una y otra vez.

LAS PROTESTAS

Este mismo racismo ha despertado las conciencias de miles de estadounidenses blancos, afroamericanos, latinos y de otras minorías, quienes desde el asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco en Mineápolis se manifiestan en las calles de cientos de ciudades al grito de "La vida de los negros importa" y "Sin justicia no hay paz".

Chris bajó a las calles por primera vez el domingo 31 de mayo, a la protesta convocada en el centro Barclays, en Brooklyn y que desembocaría en una noche de saqueos en las tiendas de lujo de Manhattan, pero también en otros barrios.

Pero Chris, siempre con su gorra puesta, subraya que rechaza esa violencia y cuenta que nunca ha retado el toque de queda impuesto en la ciudad, desde el día 2 de junio: "no quiero darles más motivos para que me hagan algo que ya me hacen sin razón alguna".

Al día siguiente, asegura que con sus amigos estaba a las nueve de la mañana en Fordham, un barrio del Bronx, ayudando a limpiar los destrozos causados la noche anterior.

Hace unos días, ataviado con una mascarilla que le tapaba la barba, Chris dio un paso al frente en una protesta convocada en el distrito de Hunts Point, y tomó el altavoz para dirigirse a los concentrados que fueron a mostrar su rechazo al racismo, ante los que pidió unidad para luchar contra "el verdadero virus", el racismo que corroe la sociedad.

"Estoy aquí para levantarme contra la injusticia que está ocurriendo en el país, en Nueva York, Minesota, Kansas City, Louisville, para asegurarnos de que permanecemos juntos y unidos y nos movilizamos contra la policía en todo el país, porque se está matando a nuestra gente", afirmó rodeado de varias decenas de manifestantes.

Altavoz en mano, alentó a los neoyorquinos a que participen en las elecciones. "Si permanecemos en silencio y no votamos es como esos tipos llegan al poder".

En la protesta, convocada en una de las zonas más deprimidas del Bronx y que se disolvió antes de la entrada en vigor del toque de queda, marcha al frente con un cartel en el que se puede leer: "Si crees que respirar con una mascarilla es difícil, imagínate ser negro".

Está convencido de que este movimiento, en el que la presencia de numerosos blancos es palpable, es "definitivamente, un buen comienzo".

"Ver no solo gente negra en las calles y ver gente blanca con nosotros, incluso a algunos de ellos cubriéndonos las espaldas, es impactante y poderoso. De todos modos, no diría que es una victoria, porque todavía queda un largo camino, pero definitivamente, es un paso en la dirección correcta", concluye.

Apasionado del baloncesto, Chris no terminó el instituto, pero con los años aprobó el examen de bachillerato que le permitió entrar en la universidad, donde estudia Mercadotecnia y Administración de Deportes, con la esperanza de trabajar para alguna organización deportiva como la NBA, ayudar a desarrollar jugadores o "simplemente cualquier cosa para poder sacar a la familia de estas circunstancias" y mudarse a "algún lugar agradable".

No dejará de luchar.

(c) Agencia EFE

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