Volvió a las recetas de su infancia y encontró sabores que no hay en la industria

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María Conte Grand y Victoria Majul crearon Dulce Ando, un emprendimiento de mermeladas gourmet hechas con recetas tradicionales
DIEGO SPIVACOW / AFV

Durante la infancia de María Conte Grand, las mermeladas siempre estuvieron presentes. Su abuela y su mamá pasaban las tardes cocinando la fruta en la olla, a fuego lento y con mucha azúcar, llenando todos los rincones de la casa con ese olor dulzón tan característico. Una tradición que ella siguió, primero como hobby y después como negocio. “Yo lo asocio con los sabores del alma”, agregó la creadora de DulceAndo.

Conte Grand siempre fue aficionada a la cocina, pero hasta antes de la pandemia no se lo había tomado como un oficio. Durante los días de cuarentena le llegó un mensaje invitándola a cocinar para Convidarte, una red de voluntariado que le lleva un plato caliente a los comedores sociales. Allí se reconectó con ese pasatiempo que tenía un poco olvidado y tuvo la certeza de que era lo suyo. En febrero de este año, como Convidarte no retomaba, decidió lanzarse al mundo del emprendedorismo.

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“Toda la vida le insistimos con que tenía que hacer algo relacionado con la cocina. De hecho, no le han faltado ofertas. Después de Convidarte, le empecé a decir en chiste que nos pongamos a vender mermeladas. Pero ella, después de años de haberle insistido, se lo tomó en serio. Cuando me empezó a mandar fotos de los frascos, del packaging, me di cuenta de que iba para serio”, contó Victoria Majul, que decidió sumarse al proyecto de su madre en el área de ventas, marketing y redes sociales.

Para ellas, el secreto de su éxito fue que en el mercado porteño hay poca oferta de dulces artesanales. Y si los hay, es con pocos sabores. Para el paladar de los clientes de la Ciudad de Buenos Aires, acostumbrados a los dulces más industrializados de las góndolas de los supermercados (“sospecho que no tienen fruta”, agregan), fue una bomba de sabor.

“La gente nos dice ‘es la misma mermelada de naranja que me hacía mi mamá’ o ‘es el dulce que comía cuando vivía en tal provincia’. Sin saberlo, nos encontramos con que mucha gente buscaba algo así. Somos lo que ya no hay. A nivel país debe haber disminuido lo casero, desde chicos mamá siempre nos decía que no sabemos qué sabor tiene la fruta. Proponemos algo artesanal y tradicional, y se ve que gustó. Nos llegaron a pedir rosa mosqueta desde Bariloche, cuando la mermelada es originaria de ahí”, relató Majul.

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Otra de las claves para lograr un buen sabor es de dónde proviene la materia prima y en qué condiciones. La rosa mosqueta la traen desde el sur, el membrillo de San Juan y las frutillas y los higos del Mercado Central. Si la fruta no madura como es debido conviene combinarla con otras, no se puede hacer mermelada solo con eso. Y siempre que se puede se congela, para no encontrarse sin producción fuera de temporada.

Con precios que rondan entre los $550 y $700, hoy suman 18 tipos de mermeladas diferentes entre sabores “clásicos” (un solo gusto) y “gourmet” (los combinados). Desde frutillas, frutos rojos y ciruela, hasta jalea de membrillo, quinotos y tomate, aseguran que cada dulce encuentra un paladar. “Evidentemente en la diversidad encontrás el nicho. A mí los amargos no me gustan, pero la gente los pide y se vuelve divertido”, observó Conte Grand.

Madre e hija, unidas por un emprendimiento que también sumó salsas de postre, almíbares y confituras.
DIEGO SPIVACOW / AFV


Madre e hija, unidas por un emprendimiento que también sumó salsas de postre, almíbares y confituras. (DIEGO SPIVACOW / AFV/)

También ofrecen salsas de postre, almíbares y confituras. Eso sí, por el momento, nada de productos “light”, a pesar de que es algo que les piden constantemente. “No usamos conservantes, es el azúcar lo que permite la formación y conservación de la mermelada. Ahora estoy apuntando a la fruta untable, que es lo más moderno dentro de lo saludable”, adelantó la emprendedora.

“Es un producto presente, te acompaña en los desayunos, en las meriendas. La gente que lo compra busca comer algo natural, para ellos o para sus hijos. Para mí fue algo impresionante, se generó un vínculo con el cliente que nunca me hubiese imaginado, vuelven con nosotras, piden otros sabores, sugieren nuevas mermeladas. Y ahora lo entiendo: buscan un desayuno rico y encontrarse con sus gustos”, cerraron.

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