Para volver a ver. Una entrevista con Siri Hustvedt en el Filba virtual: "Los libros no tienen genitales"

Daniel Gigena
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Si era necesario algún estímulo intelectual para levantar el ánimo en medio de una semana abrumadora, se lo pudo encontrar en la página web del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) bajo la forma de una videoentrevista. Grabada y subtitulada al español, la conversación entre la ganadora del premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, la escritora estadounidense Siri Hustvedt, y la socióloga, docente y periodista Eugenia Zicavo, que tuvo lugar ayer a las 20, constituyó uno de los momentos más destacados de la edición virtual del Filba 2020.

Además del eje puesto en la lectura de obras literarias y la escritura, ambas dialogaron acerca del machismo, el devenir autoritario del gobierno de Donald Trump, la cultura de la cancelación, los abusos de poder y el racismo. Como las demás entrevistas, está disponible en el canal de YouTube del festival. Hasta ahora la de Hustvedt fue vista por más de 2500 personas. A continuación, destacamos algunas de las frases de la autora de Todo cuanto amé y El mundo deslumbrante.

Sobre la renuencia de los lectores varones a leer literatura escrita por mujeres, desarrolló una hipótesis sutil. "Los hombres heterosexuales consumen menos ficción que las mujeres en todo el mundo y son muy reacios a leer o consumir arte producido por mujeres. Cuando lees una novela escrita por una mujer, tienes que rendirte ante la voz del libro. Y rendirte a esa voz es una manera de sumisión ante la autoridad del libro. Eso puede ser muy incómodo para los hombres. Esto no se discute mucho, pero hay que sacarlo a la luz. Los libros son incorpóreos, no tienen senos, ni genitales, ni penes; nada de eso está presente cuando leemos. Tampoco está presente cuando vemos una pintura o escuchamos música. Pero la presencia de una escritora, una artista o una compositora puede crear en el público la renuencia a someterse a ese arte".

Respecto de su relación con obras de otros escritores, la novelista y ensayista indicó que su diálogo con ellos se había vuelto más complejo y múltiple con el paso de los años. "Los primeros escritores que leí en mi vida, cuando era niña, fueron Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll (en este punto coincidió con su colega Joyce Carol Oates), cuando era muy pequeña y me costaba seguir el texto; luego Emily Dickinson y William Blake a los once años. Después leí La cabaña del tío Tom, el famoso libro estadounidense sobre la esclavitud [de Harriet Beecher Stowe], Up from Slavery [autobiografía del educador estadounidense Booker T. Washington]. Leí mucho sobre la abolición cuando tenía once años. Parte de la historia estadounidense que todavía nos atormenta. El legado del racismo está brutalmente presente en Estados Unidos". Luego, descubrió las grandes novelas inglesas escritas por Jane Austen, las hermanas Brontë y Charles Dickens, sobre el que Hustvedt escribió una tesis de doctorado cuando estudiaba en la Universidad de Columbia.

Se volvió feminista cuando era una adolescente, en la época en que su país se empecinaba en la guerra de Vietnam. "Más o menos a los catorce años -precisó-. Y leí a personas que aún siguen siendo muy importantes para mí como James Baldwin, Audre Lorde, Henry James también. Hay tantos. Y leo mucha filosofía". Para ella, eso forma parte de una conversación continua. "Los libros que más me han gustado cambiaron mi realidad interna pero también mis acciones en el mundo".

Según Hustvedt, la ironía representa una resistencia a la idea de autoridad. "Parte de la condición humana es reconocer cuánto no se sabe -agregó-. En Estados Unidos durante mucho tiempo, aunque ahora creo que se alcanzó un pico durante el gobierno de Trump, lo que se desarrolló es lo que yo llamo ignorancia beligerante, una ignorancia furiosa, como si dijera 'estoy orgulloso de no saber todo esto y no me importa', y no cedo ante la autoridad de las personas que pasan sus vidas, por ejemplo, estudiando el clima". En respuesta a la asociación creada por ella, Writers Against Trump, en la que ya participan más de 1500 escritores, anticipó que sumarían a escritores de otras nacionalidades. "Si Trump es reelecto, Estados Unidos puede volverse un país autoritario", aventuró, e indicó que las elecciones en su país tienen una importancia global, porque el resultado puede determinar el resurgimiento (o el afianzamiento) de los autoritarismos en otros países.

Como en la entrevista que brindó a LA NACION semanas atrás, y en respuesta a una intervención de Zicavo, la escritora se refirió a la llamada cultura de la cancelación. "Si exigimos pureza moral absoluta a nuestros artistas, tendríamos muy poco para leer o escuchar -dijo-. Ningún ser humano es perfecto; todos tenemos deficiencias morales, pero al mismo tiempo nos estamos ajustando a un mundo diferente, donde el sexismo, el racismo y distintos tipos de abuso de poder no son tan aceptados como antes. Hay una pancarta de Black Lives Matter que dice 'el silencio es violencia'. Las personas que no se comprometen, que se mantienen al margen, que no dicen absolutamente nada, son cómplices, y son parte del problema".

"Todos nosotros, de distintas maneras, estamos siendo escritos por las culturas ficcionales que están vivas en el mundo -postuló la autora de La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres-. Y una de esas ficciones es que los hombres tienen mayor permiso para hablar". Hustvedt agregó que las mujeres que se culpan a sí mismas cuando son violadas forman parte de una "narrativa cultural" que asigna a las mujeres la culpa por el deseo heterosexual de los hombres. "Si me siento atraída por un hombre, si intento acercarme o besarlo y el hombre no quiere que lo haga, nunca lo culparía por crear un deseo en mí -ejemplificó-. La cultura le asignó a las mujeres la responsabilidad por el deseo del hombre. Esto es realmente enfermizo; nadie plantea de manera adecuada esta locura".

En otro segmento de la charla, la escritora reivindicó a la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, pintora, escultora y poeta dadá que vivió en Nueva York. Según reveló, el famoso urinario de Marcel Duchamp fue una creación de esta artista aún poco conocida. "La evidencia es abrumadora con respecto a que ella es la autora del urinario. Duchamp dijo que la baronesa no era una futurista, sino que era el futuro. Le tenían miedo porque ella representaba un tipo de arte que atemorizaba a las personas y las continúa asustando. Entonces se la ignoró y ridiculizó; es lo que usualmente pasa con las artistas mujeres".