El volcán Copahue sigue bajo vigilancia

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(www.neomundo.com.ar / Fuente: noticias.exactas.uba.ar)

"El evento explosivo ya sucedió. Fue el 22 de diciembre. De ahí en más, el volcán Copahue permanece tranquilo pero con una emisión constante de gases", indica Mariano Agusto, geólogo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (Exactas-UBA), y enseguida puntualiza: "En este momento, se encuentra en estado de calma y desgasificando. Sin embargo, no se descarta que en adelante la situación del sistema volcánico pudiera modificarse y generar un nuevo evento de mayor energía, similar a los que ya han sucedido. Por este motivo debemos continuar atentos a las distintas manifestaciones y señales que el sistema pudiera llegar a producir".

A fin del año pasado, en Neuquén, uno de los volcanes más activos del país con población cercana (Caviahue y Copahue), inquietó por su actividad, que llevó a las autoridades a declarar la alerta amarilla, es decir estar atentos, sin necesidad de evacuación. "En ningún momento, la gente corrió peligro", enfatiza Agusto, del Grupo de Estudio y Seguimiento de Volcanes Activos (GESVA).

Centenares de pobladores y turistas observaron en esa oportunidad una columna blanca de vapor de agua de 800 metros de alto, que luego se tornó de gris claro a oscuro, e incandescente.

"En Caviahue, que está a 8 km del volcán, miraban el espectáculo que es vistoso sin que cayera una partícula de ceniza, debido a que los vientos desviaban la pluma hacia el suroeste. Sin embargo, el olor a azufre, característico de los gases volcánicos, sí fue percibido por la población", precisa. Esta situación difería del pasado reciente. "En el 2000 vivieron una explosión que los afectó de manera significativa porque la lluvia de cenizas cayó sobre el pueblo", compara.

Desde hace tiempo, el volcán Copahue está en la mira de los especialistas argentinos , que colaboran con la Junta de Defensa Civil de la comuna de Caviahue-Copahue y, desde diciembre, con el Comité de Crisis del Gobierno provincial. "El equipo de GESVA, en base al resultado del trabajo técnico-científico, le pasa información a las autoridades que toman las decisiones en relación con la comunidad", detalla.

En este caso, no fue necesario evacuar. "Cuando las autoridades declaran alerta amarilla se pone en marcha una serie de acciones que ya están estipuladas en un protocolo de procedimientos de la Defensa Civil. La gente –ejemplifica- debe estar preparada con una mochila liviana, con lo indispensable de acuerdo con lo informado por las autoridades de cada región". Atentos y listos, es la consigna.

Paso a paso

A las 9.05 del 22 de diciembre, según el Informe GESVA, el Copahue, que por entonces tenía una laguna termal ácida en su cráter, comenzó a hacerse notar. "Arrancó con una erupción freática, una nube blanca porque emite gases y vapor de agua. En un momento se tornó gris, esto indica que pasó al estadio hidromagmático (el agua que está en el conducto entra en contacto con el magma que alcanza el cráter, y la evaporación violenta genera un evento de mayor energía). Después, al agotarse el agua, comenzó a emitir material incandescente, magma, es decir estaba en un período netamente magmático. Por las características de la emisión del material incandescente, la erupción magmática se llama de tipo estromboliano. Todo esto ocurrió en cuestión de horas", precisa Agusto.

El Copahue se adelantó a los festejos pirotécnicos de fin de año, con sus efectos especiales. "Por la noche se observó la proyección balística de material juvenil incandescente –indica el informe-, que dejó gran cantidad de cráteres de impacto a una distancia de hasta un kilómetro".

Al día siguiente, el 23 de diciembre, fue disminuyendo progresivamente la intensidad de la erupción. En tanto el 24 y 25, las condiciones meteorológicas adversas impidieron hacer observaciones visuales. Pero el 30, Agusto, junto con un grupo de científicos del GESVA y personal de Defensa Civil, se dirigieron hacia el cráter, ubicado a 2900 metros de altura. El traslado fue en camioneta hasta donde la geografía lo permite, y luego a pie. "Subimos con viento en contra que dificultaba la caminata y hacía que la columna de gases ácidos que emitía el volcán, viniera hacia nosotros. Esto produce irritación de ojos y vías respiratorias. Medio kilómetro antes del volcán, nos debimos colocar las máscaras para protegernos y seguimos hasta la boca del cráter, donde pudimos hacer mediciones de temperaturas de más de 200 grados y mediciones de gases, que nunca antes las habíamos podido registrar", relata.

Una pregunta que les inquietaba era qué había pasado con ese espejo de agua gris-verdosa de unos 200 metros de diámetro y 40 de profundidad ubicado en el cráter. La respuesta la indica el reciente informe: "Se confirmó la desaparición de la laguna cratérica dejando expuesto grandes cráteres de explosión en su lugar, por donde surgen las densas emisiones fumarólicas".

A mediados de enero, en un día despejado y sin viento, los científicos pudieron hacer más cómodos su trabajo de medición de gases en el interior del cráter y siguieron logrando mediciones inéditas con temperaturas que alcanzaron los 350 grados. La tarea continúa. En este sentido, Agusto aclara: "Nosotros hacemos investigación, no hacemos monitoreo, que implica un seguimiento de la actividad las 24 horas, obteniendo datos de modo continuo en tiempo real. Nosotros vamos cada 3 ó 4 meses, tomamos muestras, bajamos datos, y luego los analizamos con determinado retardo y hacemos investigación. Los trabajos de investigación que venimos realizando desde hace casi 10 años en volcanes activos implican geoquímica de fluidos, sismología y deformación. Pero el trabajo de monitoreo requiere que esto se realice en forma continua y tiempo real, entre otras cosas, que se vienen indicando hacer desde hace bastante tiempo, y al parecer, ahora están en camino".

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