Las voces de los civiles en medio del enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán

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© Beatriz Arslanian

Una vez más, la escalada de violencia se activó entre Armenia y Azerbaiyán. El pasado 12 de septiembre, las tropas azeríes utilizaron artillería pesada y vehículos no tripulados sobre diferentes zonas de la línea de contacto al este de Armenia. No cesa la tensión para los centenares de civiles en medio del conflicto.

La conformación de los nuevos límites geográficos entre estos países, luego de la guerra de Nagorno Karabaj en 2020, permitió a las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán proyectar las ofensivas desde territorios recientemente ocupados. En esta ocasión, la ofensiva traspasó las fronteras de Armenia; un hecho que el bando armenio califica como invasión y violación a su soberanía territorial.

Como Estado miembro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), Armenia apeló en busca de asistencia. Con base a las disposiciones de este acuerdo de legítima defensa colectiva con Rusia, Bielorrusia, Tayikistán, Kazajistán y Kirguistán, si uno de los miembros es agredido por cualquier Estado, el resto debe brindar asistencia, incluso militar. Como respuesta, la organización envió una misión de observación con el fin de monitorear el escenario en la línea de contacto.

A partir de la reactivación de las hostilidades, diferentes países y cuerpos internacionales marcaron su preocupación por el ambiente de tensión en el Cáucaso sur y condenaron las acciones de provocación de Azerbaiyán.

En este contexto, durante su reciente visita a Armenia, la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, declaró que los ataques de las tropas azerbaiyanas hacia territorio armenio eran ilegales y puso a disposición la colaboración estadounidense, como copresidente del Grupo de Minsk de la OSCE -órgano mediador del conflicto de Nagorno Karabaj- para brindar una solución diplomática a esta contienda.

Por su parte, Azerbaiyán rechazó las declaraciones de Pelosi y las calificó de “propaganda armenia”.

El 21 de septiembre, día en el que se conmemora la independencia de Armenia de la URSS (1991), el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, acusó a la parte armenia de haber iniciado las provocaciones y manifestó: “Nada ni nadie podrá detenernos. Ninguna llamada, ninguna declaración o iniciativa nos frenará”.

Luego de tres días de intensas batallas, un alto el fuego se hizo efectivo. No obstante, la tensión permanece en la sociedad armenia.

Diferentes sectores sociales mantienen la hipótesis en torno a la gestación de un nuevo ataque a gran escala y perciben con desconfianza el silencio de Azerbaiyán.

En estos días de tregua, la parte azerbaiyana entregó a Armenia 95 cadáveres de los 207 soldados muertos registrados hasta el momento. A pesar de que sus identidades aún no son públicas, se han reconocido los nombres de cuatro mujeres militares que murieron en batalla, de las cuales una fue abusada y mutilada por soldados azerbaiyanos.

Constante ataques a la población civil

Las agresiones con artillería traspasaron los postes militares armenios e impactaron en asentamientos poblacionales como Jermuk, Sotk, Vardenis y Goris. Innumerables establecimientos civiles fueron dañados; como consecuencia, un ciudadano murió y cuatro resultaron heridos.

El pueblo Sotk se encuentra en la provincia de Gegharkunik, al este de Armenia. Los postes militares de Azerbaiyán están instalados sobre la cadena montañosa más próxima.

Ya me expulsaron una vez, no entiendo por qué tiene que ocurrir lo mismo

En esta aldea, vive Greta, una mujer de avanzada edad que nació en la Azerbaiyán soviética. A principios de los 90 huyó del pogromo de Bakú, una persecución violenta hacia los armenios que residían en esa ciudad. Desde ese momento, se instaló en Sotk y hoy vive junto a su hijo y su nuera.

En la noche del 12 de septiembre, un misil Grad impactó en la casa de Greta y la destrozó casi por completo. La mujer relata el momento de la explosión: “Pensé que se acababa el mundo. Ya me expulsaron una vez, no entiendo por qué tiene que ocurrir lo mismo”. Cierra los ojos intentando encontrar la respuesta en su interior.

A dos kilómetros de la casa de Greta, una vivienda apenas sostiene sus paredes. El bombardeo produjo un incendio que demolió su techo y su interior por completo. A dos días del incidente, las paredes aún emanan calor. Hay trozos de tejado, vajillas y garrafas desparramados en el suelo.

Hakob, un habitante de Sotk, cargó con la responsabilidad de notificar al dueño de la vivienda que esta había sufrido los daños de una explosión.

“Tu casa no existe más, le dije, y agradecí a Dios que ningún miembro de la familia estaba allí en ese momento”, detalla Hakob.

Hace varios días lleva vestimenta camuflada y recorre las calles de tierra del pueblo dispuesto a asistir a los pobladores que lo precisan. Señala que la mayor parte de los habitantes pasa la noche en sus vehículos en Vardenis, una ciudad ubicada a algunos kilómetros, y durante el día, regresa a Sotk. Por último, afirma que permanecerá en su pueblo a pesar de que es uno de los objetivos de las milicias azerbaiyanas.

A pocos metros, una mujer entra y sale de su hogar a paso apurado cargando sus pertenencias en un coche. Ruzzana se encuentra al borde del llanto, decidida a partir. Apenas irrumpieron los ataques, huyó del pueblo y dos días después, cuando regresó, su casa estaba desvalijada. Está confundida y no sabe qué ha ocurrido.

Ruzzana cuenta que aquella noche divisó un destello de luces en el cielo. “No llegué a recoger nada, ni siquiera mis documentos. Ya no puedo permanecer aquí. ¿Cómo podría vivir en este estado?”, cuestiona mirando el desorden a su alrededor.

Jermuk es una de las ciudades turísticas más importantes de Armenia, reconocida por sus fuentes de aguas termales y residencias sanitarias. Esta comunidad urbana, ubicada a 170 km de Ereván, fue otro de los focos de ataque de Azerbaiyán.

A pesar de que se encuentra a corta distancia de la frontera con el país vecino, gran parte de sus habitantes no imaginó que un ataque a gran escala los sacudiría.

En esta área de la franja oriental de Armenia predominan los bosques con vegetación densa que, como consecuencia de la artillería, fueron incendiados. Se registran alrededor de 100 hectáreas de campos quemados.

Según el Ministerio de Situaciones de Emergencia de Armenia, no fue posible llevar adelante las acciones correspondientes para extinguir los incendios, ya que gran parte de los campos se encuentran bajo observación de las tropas azerbaiyanas.

He visto cómo los misiles y los drones sobrevolaron la ciudad

Armen es el director del Complejo del Teleférico de Jermuk, un sitio al que concurren innumerables turistas de diferentes países cada año. Relata que aquel espacio recibió el primer misil dirigido a la ciudad.

“Me había ido unos minutos antes del bombardeo y aquí había quedado un empleado, que afortunadamente pudo salvar su vida”, indica.

En palabras de Armen, Azerbaiyán considera que la montaña a la que conduce el teleférico es un punto estratégico y ese es el motivo por el cual este establecimiento civil fue atacado.

“Yo mismo he visto cómo los misiles y los drones sobrevolaron la ciudad”, concluye.

A partir del 13 de septiembre, el acceso a Jermuk está prohibido para civiles; sin embargo, los habitantes pueden ingresar presentando documentos que certifiquen un domicilio en la ciudad.

La incertidumbre predomina en los habitantes de las localidades armenias fronterizas. Algunas áreas fueron completamente desalojadas; en otros sitios permanecen hombres dispuestos a una resistencia, mientras las mujeres y niños fueron refugiados a zonas más seguras de Armenia.

A pesar de que la situación es relativamente estable en la línea de contacto desde hace una semana, los pobladores no descartan la posibilidad de nuevos ataques de Azerbaiyán.