Vladimir Guerrero Jr: “Un día, me levanté de la cama, me vi en el espejo y dije: ‘Ya basta’”

James Wagner
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El entrenamiento de Vladimir Guerrero Jr. (Junior Mosquea vía The New York Times)
El entrenamiento de Vladimir Guerrero Jr. (Junior Mosquea vía The New York Times)

SAN PETERSBURGO, Florida — La temporada 2020 todavía no acababa cuando Vladimir Guerrero Jr. se dio cuenta de lo que tenía que hacer.

Según él mismo lo admitió, tenía sobrepeso. Y los efectos en el campo eran evidentes: los Azulejos de Toronto lo movieron por el diamante, desde su posición de toda la vida en la tercera base hasta la primera. Le costaba trabajo anotar desde primera cuando la bola encontraba un hueco en el jardín. Se le dificultaba batear bolas bajas. Se cansaba después de fildear 20 rodadas en los entrenamientos.

Por lo tanto, a finales de septiembre, unas semanas antes de que su equipo apareciera en la postemporada, Guerrero le envió un mensaje de texto a alguien a quien nunca había visto, un entrenador privado de nombre Junior Rodríguez, y le preguntó si podía trabajar con él entre temporadas. Ese fue el inicio de su viaje —con ayuda de gente como su abuela y Rodríguez— para recuperarse de una temporada que no correspondió a un jugador con su talento.

Lleno de vida

“Un día, me desperté, me levanté de la cama, me vi en el espejo y dije: ‘Ya basta’”, comentó Guerrero, de 22 años, durante una videollamada reciente con reporteros.

Entre la postemporada de octubre y los entrenamientos de primavera en febrero, Guerrero se deshizo de 19 kilogramos que le sobraban a su estructura corporal de 1,88 metros de estatura y quedó con un peso de 111 kilogramos. En la actualidad, vuela por las bases, hace splits para atrapar los lanzamientos bajos a primera, se siente lleno de vida y su rendimiento como bateador es de los mejores en el béisbol. Hasta el lunes, estaba bateando .338 con más bases por bola (16) que ponches (13) y fue el mejor de las Grandes Ligas en embasarse: 43 ocasiones.

Altagracia Alvino cocina un guisado de chivo para su nieto, Vladimir Guerrero Jr., un prodigio del béisbol de segunda generación, y sus compañeros de los Azulejos, en Toronto, el 16 de agosto de 2019. (Tara Walton/The New York Times)
Altagracia Alvino cocina un guisado de chivo para su nieto, Vladimir Guerrero Jr., un prodigio del béisbol de segunda generación, y sus compañeros de los Azulejos, en Toronto, el 16 de agosto de 2019. (Tara Walton/The New York Times)

Sigue comiendo la comida casera de su abuela —¿quién se podría negar?—, pero en porciones más pequeñas y mezclada con opciones más saludables; además, hace menos comidas a altas horas de la noche.

“Se ve más fuerte y es más ligero de pies al correr y moverse”, comentó Altagracia Alvino, la abuela de Guerrero, en una entrevista telefónica reciente. Luego agregó: “Y lo que me da gusto es que ha seguido con su dieta”.

Abuela abnegada

Alvino sabe de lo que habla. Ella ayudó en la crianza de su nieto. Y al igual que con su hijo y miembro del Salón de la Fama, Vladimir Guerrero Sr., Alvino ha vivido con Vladimir Guerrero Jr. y le ha cocinado comida dominicana —y a sus compañeros y oponentes— en cada una de las etapas de su carrera profesional.

Esta temporada, Alvino ha seguido viviendo con su nieto. Los Azulejos (10-11) están usando sus instalaciones de entrenamiento primaveral en Dunedin, Florida, como hogar de temporada regular debido al cierre de la frontera entre Estados Unidos y Canadá para los viajes no esenciales a causa de la pandemia de COVID-19. Los Guerrero tienen una casa cerca de Tampa. Alvino mencionó que, a diferencia del año pasado, si este verano los Azulejos reubican a su filial de la Triple A en Búfalo, planea acompañar a Guerrero.

Según Alvino, Guerrero ha tenido el mismo tipo de cuerpo desde que era niño. Con habilidades sobrenaturales que ocultaban su edad, pasó como bala por las ligas menores y fue la mejor promesa del béisbol a la edad de 19 años. En 2019, llegó a las mayores con muchas fanfarrias y deslumbró a los aficionados con su potencia prodigiosa durante el Home Run Derby de ese año.

No obstante, en los últimos años Guerrero había subido de peso. Los Azulejos lo alentaron y trabajaron con él para que adelgazara, y bajó algo de peso en distintos periodos breves. Sin embargo, en la pausa de cuatro meses que tuvo que hacer el béisbol el año pasado a causa de la pandemia se puso más pesado, y dice que se ha disculpado con sus compañeros de equipo por ello.

“En los últimos años, se dieron cuenta de que venía aquí fuera de forma”, les comentó Guerrero a unos reporteros en febrero. “No me preparaba muy bien”.

En la temporada 2020 abreviada en 60 partidos, los Azulejos movieron a Guerrero a la posición menos demandante, la primera base, y a menudo fuera del cuadro por completo, como bateador designado. Tuvo unas estadísticas decentes —un promedio de bateo de .262, nueve jonrones, un porcentaje de en base más slugging de .791— y ayudó a guiar a los Azulejos a su primera aparición en postemporada en cuatro años. Sin embargo, él y su equipo sabían que era capaz de mucho más.

“En el fondo, supo que tuvo un mal año”, dijo Rodríguez en una entrevista telefónica. “No un año muy malo, pero estaba harto de ser subestimado y sentirse mal respecto a su nivel de rendimiento físico”.

Menos es más

Al principio, Alvino no estaba del todo segura de cómo había subido de peso Guerrero el año pasado. Según Alvino, Guerrero bajaba de peso cuando comía su comida (siempre le quita el exceso de grasa a cualquier tipo de carne que cocine y usa el aceite con moderación). Pero de pronto se estancó. Alvino comentó que incluso los Azulejos le preguntaron si había cambiado algo y ella insistió en que no había modificado nada.

No obstante, Alvino mencionó que husmeó por ahí y descubrió dos posibles culpables: las cervezas light en el congelador ubicado al lado de la mesa de billar en la casa, donde Guerrero pasaba el rato con familiares y amigos, y los refrigerios que comía entrada la noche después de que ella le daba de cenar.

“Le dije: ‘Mi amor, lo que hago con las manos lo destruyes con los pies’”, contó Alvino, utilizando el conocido refrán.

Por lo tanto, en septiembre Guerrero se puso en contacto con Rodríguez, un entrenador personal que ha trabajado con otros beisbolistas de grandes ligas como Ketel Marte, Ramón Laureano y Santiago Espinal, un compañero de equipo de Guerrero.

Poco después de que Guerrero regresó a la República Dominicana tras la eliminación de los Azulejos en la postemporada, Rodríguez se dio una vuelta por la casa de los Guerrero para reunirse por primera vez con su nuevo cliente. Rodríguez pensó que para lograr los mejores resultados había que convencer a Guerrero de que realizara cambios en su estilo de vida, así que fue directo.

"Como un atleta"

“Le bajé un poco el ánimo, pero fui sincero con él”, comentó Rodríguez. “Le dije: ‘Te debería dar vergüenza que los aficionados te subestimen y hablen mal de ti, porque eres una de las mejores promesas de las Grandes Ligas. Vamos a comprometernos con esto; me comprometo contigo y tú te comprometes conmigo. No quiero esto solo para 2021, sino para siempre. Vas a dormir como un atleta, vas a comer como un atleta, vas a entrenar como un atleta’”.

Y hay que reconocer que Guerrero lo hizo. En invierno, Rodríguez utilizó el gimnasio de Guerrero para entrenarlo cuatro veces a la semana en sesiones de 90 minutos. Lo guio a través de etapas de acondicionamiento, estiramientos, levantamiento de pesas y ejercicios de saltos, con el foco puesto en mejorar cualquier limitación física. Por ejemplo: según Rodríguez, la falta de rango de movimiento que Guerrero tenía en el torso disminuía su potencia.

“Ha sido un cambio de 180 grados”, opinó Rodríguez. “Es un Vladimir muy distinto”.

En una videollamada con reporteros reciente, Guerrero comentó que ahora sentía “muy diferente” el cuerpo y que se enorgullecía de su trabajo de pretemporada. Guerrero dijo que planeaba mantener el régimen actual durante el resto de su carrera. Según Guerrero, en el plato se sentía mejor que en la cúspide de su carrera en ligas menores (alguna vez tuvo una temporada de .381 de promedio al bate). Y aunque en un inicio esperaba regresar a la tercera base, comentó que con gusto jugaría donde lo necesitaran los Azulejos.

“Puedo hacer muchas cosas que no podía hacer antes y, gracias a Dios, me siento cómodo con el peso que tengo”, mencionó.

This article originally appeared in The New York Times.

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