En Vita & Virginia, un romance que cambia el rumbo de la literatura

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Vita & Virginia (Gran Bretaña/Irlanda, 2018). Dirección: Chanya Button. Guion: Chanya Button, Eileen Atkins. Fotografía: Carlos De Carvalho. Edición: Mark Trend. Elenco: Elizabeth Debicki, Gemma Arterton, Isabella Rossellini, Rupert Penry-Jones, Peter Ferdinando, Emerald Fennell. Duración: 110 minutos. Disponible en: Flow, en alquiler. Nuestra opinión: buena.

La apasionada relación entre Vita Sackville-West y Virginia Woolf fue el germen de una de las obras claves de la literatura inglesa: Orlando. No solo revolucionó el género de las biografías y convirtió a Woolf en una escritora reconocida más allá del círculo de Bloomsbury, sino que demostró que el amor y el arte podían entrelazarse en una obra cumbre. Del romance y la fascinación intelectual quedaron centenares de cartas que ambas intercambiaron a lo largo de los años 20, período de su romance, y tiempo después, cuando su fructífera amistad había tomado el rumbo de la literatura. En esas cartas se inspira una exitosísima obra teatral escrita por Eileen Atkins en 1992, aquí adaptada por la misma autora y la directora Chanya Button en la película Vita & Virginia, hoy disponible para alquiler en Cablevisión Flow.

Como solía afirmar el crítico y cineasta francés François Truffaut, hay películas de personajes y películas de acciones. Vita & Virginia es una película de personajes, crucialmente opuestos a partir de sus personalidades creativas. Sackville-West era una aristócrata subversiva, casada con un diplomático y madre de dos hijos, pero dedicada a una vida excéntrica de viajes y escandalosos amoríos. Como prisionera de su propio exotismo, su literatura era esquiva y algo artificial, pero extrañamente popular. Woolf, en cambio, era el genio frágil preservado en el refugio de la imprenta de su marido Leonard, extraña en su propia sexualidad, iluminada en sus hallazgos literarios y su pensamiento feminista de vanguardia. Es Elizabeth Debicki quien consigue algo del espíritu de Woolf en su presencia en pantalla, lánguida y fantasmal, vital en sus creaciones y prisionera de sus tormentos. El fuego que parecía habitar en Vita asoma de a ratos en Gemma Arterton, cuando se desprende de algunas afectaciones y proyecta una sensualidad más cercana a aquella que hizo popular su literatura.

Vita & Virginia no deja de ser una película correcta, algo atada a la discursividad de ambas autoras, a ciertas ideas convencionales sobre el cine histórico, a la lógica de dominación que impone todo vínculo entre artista y musa inspiradora. Sin embargo, hay momentos, sobre todo en la exploración del interior de Woolf, en sus miedos a perder la inspiración, su atracción por el agua, la experiencia subjetiva de un mundo vegetal que se rebela, en los que la película consigue un hálito atractivo, sensual, que sugiere que la creación siempre tiene algo de incomodidad, de atentado a todas las convenciones, incluso las del cine.

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