La visita de Biden a Arabia Saudita dará un impulso al príncipe heredero

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Condenado al ostracismo desde hace varios años por los países occidentales, el líder de facto de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, volverá con fuerza a la escena internacional con la visita del presidente estadounidense, Joe Biden.

La visita de Biden al reino petrolero cimentará la rehabilitación internacional del príncipe heredero, de 36 años, aislado en el plano internacional por el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi en 2018.

El viaje de Biden a mediados de julio, después del de los mandatarios de Francia, Reino Unido y Turquía, con el telón de fondo de la subida de los precios de la energía vinculada a la invasión de Ucrania, es una victoria para el hijo del rey Salmán.

Desde que fue designado príncipe heredero el 21 de junio de 2017, Mohamed bin Salmán, conocido popularmente por sus iniciales, MBS, ha consolidado su poder en el primer país exportador de crudo del mundo, al tiempo que ha liberalizado algunos aspectos de la sociedad saudita.

- "Una espectacular revolución" -

Los esfuerzos del príncipe por modernizar la imagen del reino ultraconservador fueron barridos por el caso Khashoggi, un periodista crítico con el gobierno asesinado por agentes sauditas en el consulado de su país en Estambul en 2018.

Un informe de los servicios de inteligencia estadounidenses concluyó entonces que MBS había "aprobado" una operación para capturar o matar a Khashoggi, algo que Arabia Saudita niega.

Hasta hace poco, Washington era el "líder de la oposición a MBS", recordó Yasmine Farouk, investigadora de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en Estados Unidos.

Según un diplomático basado en Riad, "una reunión y una foto con Biden" era "exactamente lo que MBS buscaba".

Asimismo, el príncipe heredero visitará Turquía el 22 de junio, en un signo de que los dos países buscan dejar atrás las tensiones generadas por el asesinato de Khashoggi.

Cuando el presidente estadounidense llegue a Arabia Saudita, verá la huella de MBS en muchos ámbitos, incluyendo un avance en la condición de las mujeres.

En los últimos cinco años se ha autorizado a las mujeres sauditas a dejar de llevar el velo, participar en actos públicos y conducir. Tampoco necesitan más permiso de un miembro de su familia de sexo masculino para tramitar un pasaporte o viajar al extranjero.

Aún así, no pueden levantar mucho la voz contra el poder para exigir más libertades. En 2018, fueron detenidas al menos una docena de activistas.

Estas detenciones forman parte de una ola de represión que también ha afectado a príncipes y altos funcionarios sospechosos de corrupción o deslealtad.

MBS "ha llevado a cabo una espectacular revolución cultural, social y artística (...), sumada a una igualmente espectacular concentración de poder político", estimó Hussein Ibish, del Instituto de los Estados Árabes del Golfo en Washington.

- Un enfoque más conciliador -

El príncipe también ha dejado su huella en la política exterior del reino.

Dos meses después de la llegada al trono de su padre, en 2015, siendo ministro de Defensa, decidió intervenir en el vecino Yemen al frente de una coalición militar para apoyar al gobierno, contra los rebeldes hutíes, cercanos a Irán, su gran rival regional.

En más de siete años, la guerra ha dejado cientos de miles de muertos y ha llevado a millones de yemeníes al borde de la hambruna. Sin embargo, hoy Arabia Saudita parece buscar una salida al conflicto y apoya una tregua en el país.

Otra manifestación de fuerza de la política exterior saudita es el bloqueo de tres años impuesto en junio de 2017 a Catar, acusado de apoyar a grupos extremistas.

Pero últimamente, según los analistas, el reino ha adoptado un enfoque más conciliador con las principales potencias de la región. Entabló, por ejemplo, conversaciones con Irán, y se ha referido a Israel como un "potencial aliado".

En el ámbito económico, MBS quiere reducir la dependencia petrolera del reino y espera atraer a unos 30 millones de turistas extranjeros al año para 2030, sobre todo con proyectos futuristas como NEOM, una megalópolis de 500.000 millones de dólares equipada con robots domésticos y taxis voladores.

Mohamed bin Salmán estima que "sólo él puede transformar Arabia Saudita", señaló Kristian Ulrichsen, del Instituto Baker de la Universidad Rice.

Pero "los próximos años serán cruciales" para él, ya que "tendrá que ofrecer resultados tangibles", añadió.

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