Visibilizar sin tabúes el malestar adolescente

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La alarma del malestar psíquico en adolescentes comenzó a sonar con insistencia abrumadora, sin margen para ser silenciada. Contar historias aisladas ya no alcanzaba para transmitir la magnitud del fenómeno, que se constata no solo en la Argentina, sino también a nivel mundial con cifras implacables.

¿Cómo presentar la problemática sin generar pánico? ¿Cómo conversar con los protagonistas que acaban de salir de la pesadilla o aún la atraviesan? ¿De qué manera se pueden ofrecer pautas de prevención sobre un tema tan delicado?

Desde LA NACION nos propusimos visibilizar esta realidad incómoda, narrar sin tabúes y en toda su complejidad el drama que aturde a miles de familias. La serie “¿Sabés qué pasa por la cabeza de tu hijo?”, lanzada hace una semana, demandó distintas etapas de trabajo, siempre con el asesoramiento de expertos.

Para dimensionar el problema, el primer paso fue acercarnos a los especialistas y a las instituciones más reconocidas: psiquiatras y psicólogos infantiles y juveniles no dudaron en hablar de una crisis de salud mental adolescente agudizada por la pandemia y con formas graves de manifestación, como autolesiones e ideas de muerte en los casos más extremos.

Durante las entrevistas con distintos profesionales escuchamos cómo se dispara el número de chicos que se producen cortes en sus piernas y brazos por no poder soportar el sufrimiento o de chicas con cuerpos arrasados que tiemblan cuando tienen un plato de comida adelante.

Si bien todavía no hay estadísticas sistematizadas en la Argentina, detrás de cada puerta que tocábamos había una catarata de información esperando ser contada. Apenas algunos datos: las internaciones por intentos de suicidio casi se triplicaron en 2021 en relación con 2019, según los registros del Hospital Garrahan; la demanda en la central de emergencias de psiquiatría infantil y juvenil del Hospital Italiano creció un 47%; en la Fundación Aiglé, las consultas por trastornos alimentarios aumentaron un 100% con respecto a 2019, por autolesiones, un 60%.

El desfase entre los estímulos que invaden las redes sociales y la posibilidad del adolescente de procesarlos emerge como una de las causas que describen los especialistas para explicar la crisis. Por otro lado, consideran que un advenimiento más temprano de la pubertad, que coexiste con zonas del cerebro que tardan más en madurar, también puede haber impactado. No obstante, los efectos del encierro por el Covid-19 aparecen, casi sin excepción, como factores determinantes para disparar o agravar los cuadros.

Los debates editoriales cobraron una riqueza singular y hubo algunas decisiones con consenso desde el inicio: para proteger la identidad de los entrevistados, todos los nombres serían ficticios, una excepción en nuestra tradición periodística. Padres todavía abrumados aceptaron participar de extensas conversaciones para relatar sus vivencias. “Nunca pensé que mi hija podía querer morirse”. “El aislamiento por la pandemia terminó de detonarla”. “Guardaba la medicación en mi oficina, para no tenerla en casa, pero también me daban miedo las cosas filosas”. “Todas las noches con mi marido nos preguntamos: ‘¿Cómo nos pasó esto?’”. El shock se replica en los distintos hogares, incluso de familias en las que nada faltaba y todo parecía funcionar.

La periodista María Ayuso, curtida por cubrir realidades desgarradoras en su agenda de Comunidad, volvía conmovida a la Redacción después de cada reportaje. Sobre todo, la movilizaron los encuentros con dos jóvenes, una en tratamiento y otra recuperada, en los que vio muy de cerca las caras de un dolor insoportable. “Ellas tenían la certeza de que ese sufrimiento tomaba otro sentido si podía servirle a alguien. Sus ‘gracias por escucharme’ me quedan para siempre”, dice María.

Fabiola Czubaj -que hace 20 años se especializa en temas de salud, ahora desde la sección Sociedad- indagó sobre adolescentes medicados, la segunda producción de la serie, y comprobó una tendencia que conoce bien: demasiados datos en las sombras. Pero algo la alentó: la toma de conciencia de médicos, psiquiatras y psicólogos sobre la necesidad de registrar activamente cifras para darle al fenómeno su verdadera relevancia, tal como sucedió en otros países.

Correr el velo de este sufrimiento también suponía un planteo visual contundente, sin exponer la intimidad de los protagonistas. Diseñadores, fotógrafos y camarógrafos trabajaron con extrema sensibilidad y profesionalismo con esa premisa. La imagen real del brazo de una adolescente en el que todavía se distinguen cortes de tiempos pasados o los dibujos de una paciente que se recupera forman parte de la narrativa de esta propuesta, que permite ingresar en los rincones más oscuros de un mundo que ya no puede resultar tan lejano ni ajeno.

Desde hace años, en LA NACION asumimos el compromiso de visibilizar de forma sostenida problemáticas de salud mental, ofreciendo además herramientas a nuestra audiencia para la prevención y detección temprana. Si bien los trastornos en adolescentes siempre fueron tratados, vislumbramos en esta crisis algo inédito que merecía un abordaje integral, con el aporte de todos los perfiles, transversal a todas las secciones del diario y a todas las plataformas para otorgarle al tema la centralidad que merece.

Poner el fenómeno en agenda era urgente. Y ofrecer alguna orientación también. Además de la información de servicio, desarrollamos una guía interactiva con preguntas referidas a situaciones cotidianas para que los lectores puedan identificarse. ¿Conocés los contenidos que navega tu hijo en su celular? ¿Se sienta tu hija en la mesa a la hora de comer? Según cada respuesta, se despliega una devolución elaborada por profesionales con quienes mantuvimos extensas reuniones durante el último mes. La clave es identificar indicios para pedir ayuda y saber dónde recurrir.

El desborde de médicos con demandas incesantes, la intervención de los colegios ante una realidad que llega a las aulas y las nuevas formas de consumo de drogas son algunos de los próximos enfoques.

Las repercusiones tras las primeras publicaciones fueron un reflejo de la necesidad que existía de echar luz sobre este padecimiento. Los mensajes de profesionales de la salud ofreciendo su colaboración para darle continuidad a la problemática invadieron nuestros celulares. También fue masivo el agradecimiento de padres que, aseguran, se sienten menos solos.

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