Una visión de la Argentina y el mundo

Fernán Saguier
·7  min de lectura
La Redacción de LA NACION en enero, antes de la pandemia de coronavirus
Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Nespolo

Hay palabras que quedan en la memoria para siempre.

Una tarde de abril de 1983, el director de LA NACION, Bartolomé Mitre, que falleció el 25 de marzo último luego de estar 38 años a cargo de la conducción periodística de este diario, me dio la bienvenida oficial en su despacho del 5º piso de la sede de la calle Bouchard, frente a la Plaza Roma, en pleno centro porteño.

Tenía 19 años. Eran mis primeros días en la Redacción, en la sección Comunicaciones, donde junto a otros jóvenes "aspirantes", en el puesto más raso de aquel cuerpo informativo de hombres recios e ilustrados, cortaba los cables de papel de las agencias informativas que arrojaban las máquinas teletipos y recibía, para luego desgrabar, los audios con los despachos de los corresponsales del interior del país.

El director me preguntó, a boca de jarro: "¿Vos querés ser periodista? Embromate. Vas a trabajar los fines de semana, feriados, Navidad y Año Nuevo. Acá se sabe a qué hora se entra, pero no a qué hora se sale".

Primera lección: el periodismo es un modo de vida.

La tarea de un hombre de prensa está íntimamente ligada con las utopías, con los sueños, con el ideal romántico de dejarlo todo por contar la historia. Somos depositarios del tesoro más preciado que pueda existir, la confianza de los lectores, que nos delegan la enorme responsabilidad de informarles e interpretar lo que ocurre a su alrededor y en el mundo.

Hoy vivimos otros tiempos, la tecnología ha cambiado nuestras vidas. LA NACION ya no es solo un diario sino una organización de noticias que informa a sus audiencias por una multiplicidad de vías sin interrupción las 24 horas del día

Hoy ponemos en palabras, gráficos, fotos, audios y videos todo aquello que vemos, nos confían o podemos dar fe que es cierto. Imposible no vibrar con la adrenalina de la noticia, la obsesión por la primicia, el hallazgo de una foto inédita, la satisfacción por confirmar un dato valioso o por desnudar una versión falsa que circula haciendo estragos por ahí.

Gabriel García Márquez supo precisar esa pasión indomable, que nos persigue a toda hora y genera lazos de hermandad casi familiar, en su discurso ante la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en 1996: "Hace cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada".

Lo llamó "el mejor oficio del mundo".

En 1983, LA NACION llegaba a los lectores por una sola vía: el diario en papel. Blanco y negro, formato sábana, elegante, riguroso, de reconocida influencia, símbolo de distinción y prestigio. Conocido mundialmente por su periodismo preciso y serio, por sus plumas legendarias (Borges, Bioy Casares, Mallea, Mujica Láinez, Octavio Paz, Fuentes) y por su prédica en defensa de la democracia liberal republicana.

Hoy vivimos otros tiempos, la tecnología ha cambiado nuestras vidas. LA NACION ya no es solo un diario sino una organización de noticias que informa a sus audiencias por una multiplicidad de vías sin interrupción las 24 horas del día.

LA NACION produce entre 250 y 270 notas periodísticas por día, con unos 40 millones de usuarios únicos por mes. Es líder regional en suscripciones digitales, con cerca de 350.000 abonados, y acaba de ser distinguido como mejor sitio de noticias de América latina por la Asociación Mundial de Editores de noticias (WAN-IFRA). El 45 por ciento de sus seguidores en redes sociales tienen menos de 45 años: 1,1 millón de seguidores en Instagram, 4,1 millones en Facebook y 4 millones en Twitter. El canal de youtube cuenta ya con 600.000 suscriptores, habiendo crecido un 150 por ciento en 2019. Más de 4 millones de reproducciones alcanzaron sus 28 podcasts, y envía 24 newsletters a cerca de 720.000 destinatarios.

La Redacción es también un ámbito diferente, poblada por protagonistas de nuevos géneros: programadores, analistas de datos, medidores de audiencias, especialistas en redes sociales, intérpretes de Search (buscadores), seguidores de suscriptores, editores de mapas y gráficos interactivos, y realizadores de video, entre otros.

Pantallas por doquier con métricas minuto a minuto. Conocemos al instante lo que el lector está leyendo, durante cuánto tiempo, cómo llegó a nosotros, qué información atrajo a un nuevo suscriptor y qué temas apenas despertaron interés, entre un sinfín de otros datos.

Un diario, ya sea en su versión impresa o digital, es una visión de un país y del mundo. Una forma de narrar la realidad que busca darle sentido a esa masa infernal de datos que nos abruma. Casi todo está cambiando en el periodismo, pero, en palabras de Marty Baron, editor de The Washington Post, la misión fundamental permanece inalterable: que sirva de instrumento para que las instituciones y el poder rindan cuentas de sus actos a los ciudadanos.

Un diario es orden y jerarquización, saber priorizar lo importante y discriminar lo secundario en ese caudal torrentoso de información. Es investigación, análisis y opinión. Joaquín Morales Solá, Carlos Pagni, Jorge Fernández Díaz, Carlos Reymundo Roberts, Hugo Alconada Mon, Inés Capdevila, Luisa Corradini, Elisabetta Piqué, Diego Cabot, Pablo Sirvén y Claudio Jacquelin, entre otros en esa auténtica selección de firmas. Más la grata irrupción del periodismo de datos, que decodifica haciendo pública la maraña burocrática del Estado al servicio de la transparencia.

Un diario es también humor, sorpresa, entretenimiento y emoción. Historias de la gente de a pie, ejemplos y modelos aleccionadores de convivencia y honestidad que nos devuelvan el aliento en medio de tanto desasosiego.

Un diario son los ojos argentinos de sus corresponsales en el mundo, tanto como los hombres y mujeres que nos traen las imágenes y los aromas del interior del país.

Un diario, ya sea en su versión impresa o digital, es una visión de un país y del mundo. Una forma de narrar la realidad que busca darle sentido a esa masa infernal de datos que nos abruma

Un diario son sus anunciantes, que renuevan su apuesta por el periodismo de calidad, así como también el sacrificio madrugador de canillitas y distribuidores de su versión impresa.

Pero nada sería posible sin los lectores, a los que nos debemos, quienes hoy nos hacen saber sus opiniones en tiempo real a través de mil maneras.

LA NACION es, sobre todo, como dicta la tradición de la mejor prensa anglosajona, una máxima no escrita marcada a fuego: los hechos son sagrados y la opinión responde a una línea editorial.

Sepa el lector disculpar la introducción en primera persona, derecho que solo les cabe a los consagrados. El lugar del periodista está detrás de la libreta de apuntes, del grabador o de la cámara. La protagonista es y será siempre la actualidad. El hombre de prensa es ante todo un testigo, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero testigo al fin, como lo supo describir Tomás Eloy Martínez, otro grande que marcó una huella en LA NACION.

Ese es el legado imborrable que dejaron verdaderos maestros de esta casa -José Claudio Escribano, Germán Sopeña y Bartolomé de Vedia, entre otros-, y que hoy encarnan más de 360 periodistas de una Redacción profesional -la mitad de ellos, mujeres-, reconocida por su pasión y su gran clima de camaradería.

Hoy, 150 años después de su fundación, LA NACION ratifica, con la firma de su nuevo director, el compromiso de honrar esos principios, los mismos que hacen que siga latiendo con vigor y entusiasmo, al ritmo de las nuevas tecnologías.