El virus retrasa el anhelado regreso de los orangutanes a casa

Richard C. Paddock
Una fotografía proporcionada por el Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra, un orangután llamado Gokong Puntung del Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra en Medan, Indonesia. (Fundación para un Ecosistema Sustentable/Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra vía The New York Times)
Una fotografía proporcionada por el Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra, un orangután llamado Bina Wana del Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra en Medan, Indonesia. (Fundación para un Ecosistema Sustentable/Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra vía The New York Times)

BANGKOK – El pequeño orangután, cuyo tamaño no rebasaba el de un gato doméstico, tenía unos 10 meses cuando fue rescatado. La mayor parte de su nariz había sido rebanada, probablemente en el ataque con machete que mató a su madre.

Lo llevaron a un centro de rehabilitación cerca de la ciudad de Medan, en la isla indonesia de Sumatra, y ahí lo criaron con otros huérfanos. Lo llamaron Bina Wana y lo metieron a la “escuela del bosque” del centro, donde aprendió a trepar árboles, a buscar comida y a sobrevivir en la naturaleza.

Ahora que ya tiene casi 6 años, habían programado la liberación de Bina Wana como parte de un programa ambicioso que ha liberado en el bosque lluvioso a más de 300 orangutanes de Sumatra rescatados.

No obstante, como sucedió con muchos de sus primos humanos, la libertad de Bina Wana se suspendió a causa del coronavirus.

Los científicos temen que el virus, que se cree que tuvo su origen en los murciélagos y se transmitió a los humanos, podría transmitirse con la misma facilidad a los grandes simios (gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes) que comparten entre el 97 y el 99 por ciento de su ADN con los humanos. Todos corren un gran peligro.

Si el virus llegara a infectar incluso a un solo simio, los expertos temen que pueda propagarse de manera desenfrenada y arrasar con una población entera. No habría manera de detenerlo en la naturaleza.

“Nos preocupa este asunto y lo estamos abordando con mucha seriedad”, comentó Ian Singleton, director del Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra, que ha criado a Bina Wana desde su rescate en 2014. “Si llegara a suceder, sería una catástrofe”.

Perros, gatos, bisontes y leones y tigres cautivos han contraído el virus y se cree que en muchos casos se contagiaron a través de las personas. Un estudio realizado en abril concluyó que era probable que los simios y los monos africanos y asiáticos “fueran altamente susceptibles” al virus. A los expertos también les preocupa que el virus pueda afectar a los tigres salvajes, en especial en India, donde habita la mayoría.

Los orangutanes, que pueden vivir más de 50 años, son el único gran simio de Asia además de los humanos y se encuentran solamente en las islas de Sumatra y Borneo. Casi el 85 por ciento de ellos habita en las selvas de Indonesia que han reducido su extensión. El resto vive en la parte norte de Borneo que pertenece a Malasia.

“Podría afectarles menos que a los humanos, pero también podría ser más mortal, y ese es un riesgo que no podemos correr”, afirmó el director de la Fundación para la Supervivencia del Orangután de Borneo, Jamartin Sihite, al anunciar que sus dos centros de rehabilitación en Indonesia cerrarían al público.

Indonesia tiene 33 instalaciones que albergan orangutanes, incluyendo parques de animales, centros de rehabilitación y zoológicos. El Ministerio del Medioambiente y Silvicultura les alertó a principios de febrero que el virus representaba una amenaza para los animales.

A mediados de marzo, los funcionarios cancelaron todos los planes de liberación en la naturaleza, cerraron las instalaciones a los visitantes y le ordenaron al personal que trabajaba con los orangutanes que usara equipo de protección. Eso ocurrió casi dos semanas antes de que el presidente Joko Widodo impusiera medidas de distanciamiento social en todo el país.

“Estamos siendo muy cuidadosos para que no haya transmisión de los humanos a los animales salvajes”, dijo la directora de conservación de la biodiversidad del Ministerio del Medioambiente y Silvicultura, Indra Exploitasia. “La enfermedad es una de las amenazas que pueden provocar la extinción de una especie”.

Un centro de rehabilitación en la parte indonesia de Borneo, el Centro para la Protección del Orangután, decidió que la mejor manera de proteger a sus dieciséis orangutanes era devolverlos a sus jaulas.

“Elegimos encerrar a los orangutanes para evitar la transmisión del virus”, señaló Ramadhani, el gerente de rehabilitación del centro, quien, al igual que muchos indonesios solo usa su nombre de pila.

Menos de 72.000 orangutanes viven en estado silvestre, de acuerdo con los cálculos del gobierno, y se enfrentan a otras amenazas además del coronavirus.

El orangután de Sumatra, del cual existen 13.700 especímenes aproximadamente, alguna vez vagó libremente por toda la isla, pero la deforestación, en especial para las plantaciones de aceite de palma, ha restringido su presencia a algunas partes del norte de Sumatra.

De las tres especies de orangutanes, la que enfrenta mayor peligro es la identificada recientemente: el orangután Tapanuli, del cual hay 760 individuos y habita en la provincia de Sumatra Septentrional. Su hábitat está amenazado por la tala inmoderada, una gran mina de oro y la construcción de la nueva presa hidroeléctrica de Batang Toru.

Del orangután de Borneo, que también está amenazado por la conversión de los bosques en zonas de cultivo, en especial cuando la tierra se somete a la quema, existen 45.600 especímenes aproximadamente en Indonesia después de dos décadas de un descenso drástico en su población. Alrededor de 11.700 habitan en el extremo malayo de la frontera.

La reducción constante de sus hábitats los han vuelto vulnerables a encuentros con habitantes locales, quienes en ocasiones asesinan a las madres para llevarse a sus crías y venderlas como mascotas.

El año pasado, una orangutana de Sumatra recibió 74 disparos de una pistola de balines y quedó ciega por culpa de un adolescente que quiso robarle a su bebé. La madre fue llevada al Programa para la Conservación del Orangután de Sumatra, donde se encuentra Bina Wana, y ahí le practicaron una cirugía gracias a la cual sobrevivió. Su cría murió en el camino.

El centro recibe a decenas de orangutanes cada año. Muchos fueron rescatados a corta edad, como Bina Wana. Otros sufrieron durante años en cautiverio antes de ser entregados por sus propietarios o confiscados por las autoridades y llevados al centro.

Algunos están demasiado malheridos para sobrevivir por su cuenta, pero la mayoría tiene la oportunidad de regresar a la naturaleza.

El objetivo del programa es crear dos poblaciones nuevas autosustentables en hábitats donde la especie no ha vivido desde hace un siglo aproximadamente.

Los orangutanes del centro no han visto un cambio significativo desde el inicio de la pandemia, señaló Singleton, excepto por el hecho de que hay menos personas trabajando y lo hacen con ropa de protección. Con el nuevo protocolo, un equipo nuevo de cuidadores se turna cada tres semanas.

Singleton afirmó que el centro está construyendo una unidad de aislamiento nueva con jaulas para hasta cinco orangutanes en caso de que se descubra que los recién llegados están infectados con coronavirus.

“Estamos tratando de prepararnos para cualquier escenario”, dijo.

This article originally appeared in The New York Times.

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