¿Es cierto que el virus ha infectado a muchos niños pequeños?

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Una trabajadora sanitaria le hace la prueba de la COVID-19 a un niño en el distrito Mission de San Francisco, el 1 de agosto de 2021. (Mike Kai Chen/The New York Times)
Una trabajadora sanitaria le hace la prueba de la COVID-19 a un niño en el distrito Mission de San Francisco, el 1 de agosto de 2021. (Mike Kai Chen/The New York Times)

Una sorprendente estadística surgió cuando asesores de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) debatían sobre aplicar la vacuna de Pfizer contra la COVID-19 a niños de entre 5 y 11 años. Según un científico federal, para junio más o menos el 42 por ciento de estos niños ya habían estado contagiados de COVID-19.

Esa cifra es mucho más alta de lo que todos esperaban. Pero el cálculo, que procedía de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), podría haber exagerado el porcentaje de niños infectados, declararon varios especialistas. Entre otros desperfectos, el porcentaje se basa en pruebas conocidas por tener un alto índice de “falsos positivos”, es decir, por señalar la presencia de anticuerpos donde no los hay.

Incluso si un número inesperado de niños se ha infectado, los padres no deben suponer que sus hijos están protegidos contra el virus y que no necesitan la vacuna. La inmunización reforzará esa protección ahora y contra futuras variantes del virus, afirmó Scott Hensley, inmunólogo de la Universidad de Pensilvania.

“Los datos son claros en cuanto a que, incluso si hubieran estado expuestos en el pasado, se beneficiarán de recibir la vacuna”, dijo al hablar sobre los niños. “Los riesgos de la vacuna son muy bajos, y los beneficios son considerables”.

¿Es cierto que el 42 por ciento de los niños pequeños de verdad ya tiene inmunidad contra la COVID-19?

Lo más probable es que no. La cifra estimada por los CDC se basó en los análisis de un pequeño número de niños a los que se les extrajo sangre para una atención médica rutinaria o por otras enfermedades. No se trata de una muestra representativa de la población general, según Akiko Iwasaki, inmunóloga de la Universidad de Yale.

Por ejemplo, la muestra quizá haya incluido a niños con cáncer u otras patologías que debilitan el sistema inmunitario. “Por lo general, a los niños no se les toman muestras de sangre para cualquier atención médica rutinaria a menos que haya alguna razón para ello”, explicó Iwasaki.

Estudiantes llevan cubrebocas mientras juegan en el exterior de la escuela primaria LaPerche en Smithfield, Rhode Island, el 8 de octubre de 2021. (David Degner/The New York Times)
Estudiantes llevan cubrebocas mientras juegan en el exterior de la escuela primaria LaPerche en Smithfield, Rhode Island, el 8 de octubre de 2021. (David Degner/The New York Times)

Los estudios basados en las muestras de sangre provenientes de clínicas o del reclutamiento de voluntarios se caracterizan por sobrestimar el número de personas infectadas, según Deepta Bhattacharya, inmunólogo de la Universidad de Arizona.

“Si no eres cuidadoso al obtener muestras aleatorias, entonces las cifras de la seroprevalencia pueden desfasarse mucho”, sostuvo.

Por ejemplo, unos científicos que examinaban donaciones de sangre estimaron que alrededor del 76 por ciento de la población de Manaos, Brasil, había estado expuesta al virus para octubre de 2020, con lo que quizás se habría alcanzado la inmunidad de rebaño. Esa presunción resultó ser muy equivocada: la mayor parte de Brasil, incluida Manaos, vio una larga y mortal ola de infecciones este año, que en su punto álgido cobró más de 4000 vidas al día.

La forma ideal de calcular la “seroprevalencia” —el porcentaje de personas con anticuerpos contra el virus— es tomar muestras aleatorias en hogares, lo que requiere de mucho tiempo y esfuerzo. Además, convencer a un gran número de familias para que les saquen sangre a los niños sanos podría ser una propuesta imposible.

En Estados Unidos, es probable que el porcentaje de niños infectados sea inferior a lo estimado por los CDC, pues muchos de ellos estaban confinados en casa durante las grandes oleadas, dijo Bhattacharya. La cifra del 42 por ciento “no tiene bases sólidas para sustentarse”.

Creo que mi hijo tuvo COVID. ¿Puedo confirmarlo antes de que le pongan la vacuna?

Si no cuentas con pruebas de la infección de tu hijo —por ejemplo, el resultado de una prueba de PCR— no hay ninguna manera confiable de confirmar el hecho. Los síntomas de la COVID-19 se parecen mucho a los de otras enfermedades respiratorias.

“Será difícil discernir quién tuvo la infección y quién no”, dijo Iwasaki.

Yo sé que mi hijo tuvo COVID. ¿De todos modos tengo que vacunarlo?

No vacunarse sería un riesgo, según los especialistas. Hay muchas preguntas sin responder sobre la fuerza y la durabilidad de la inmunidad en los niños.

“Hay demasiadas incógnitas al respecto, mientras que la vacuna es algo seguro; esa es mi advertencia”, expresó Peter Chin-Hong, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de California en San Francisco. “Sin duda, yo no apostaría solo por la infección previa y la inmunidad natural que resulta de esta”.

Al igual que la protección que confieren las vacunas, la inmunidad de la infección natural puede debilitarse con el tiempo y dejar a los niños susceptibles a la reinfección. “Me interesaría saber cuándo fue esa infección”, comentó Chin-Hong. “Si fue hace un año más o menos, entonces me preocuparía la disminución de la inmunidad”.

La vacuna también debería reducir las posibilidades de que un niño reinfectado transmita el virus a otras personas que puedan ser susceptibles de enfermar de gravedad. “Si alguien en casa es muy vulnerable, las consecuencias son bastante malas”, señaló Bhattacharya.

Me preocupan los efectos secundarios. ¿La vacuna es segura?

Hasta ahora, toda la evidencia indica que las vacunas son mucho más seguras que enfermarse de COVID-19, incluso en el caso de los niños.

Por ejemplo, aunque en hombres jóvenes las vacunas se han asociado con la rara posibilidad de miocarditis, una inflamación del corazón, los síntomas se han resuelto con rapidez en la mayoría de los casos. La COVID-19 tiene muchas más probabilidades de causar miocarditis, y de una manera mucho más grave.

“A fin de cuentas, adquirir inmunidad a través de la infección es un asunto arriesgado”, afirmó Hensley.

A lo largo de la pandemia, más de 8300 niños de entre 5 y 11 años han sido hospitalizados, y más o menos un tercio de ellos fueron ingresados en unidades de cuidados intensivos, según se informó a los asesores de la FDA. Al menos 94 niños de este grupo de edad han muerto. Algunos siguen con síntomas semanas o meses después de que la infección haya remitido.

Las agencias federales continúan recopilando información sobre la seguridad de las vacunas, señaló Hensley, y detectarán cualquier efecto secundario grave que se produzca.

Para los niños con antecedentes de enfermedades cardíacas o que no responden a la vacuna debido a ciertas afecciones, quizá haya otra opción. Algunas empresas están desarrollando fármacos con anticuerpos de larga duración que pueden reducir en gran medida el riesgo de infección.

El cóctel de anticuerpos de AstraZeneca podría proteger a los receptores hasta por un año, señaló Chin-Hong. “Esa es la ola del futuro”.

© 2021 The New York Times Company

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