Un virus transmitido en el embarazo le hizo perder oído a los seis meses de vida

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Una infección durante el embarazo de su madre le provocó problemas de oído, pero no dieron con el virus hasta seis meses después; afortunadamente la tecnología le ha servido para combatir algunas secuelas. (Foto: Getty)
Una infección durante el embarazo de su madre le provocó problemas de oído, pero no dieron con el virus hasta seis meses después; afortunadamente la tecnología le ha servido para combatir algunas secuelas. (Foto: Getty)

A veces la genética, como la vida, es caprichosa y nos juega malas pasadas, como ocurrió con Kian, un recién nacido que se vio afectado por un virus transmitido por su madre durante el embarazo. Hoy, gracias al implante coclear, esta familia siente que la condición de vida de su hijo ha cambiado radicalmente.

“Mi hijo nació oyendo perfectamente. De hecho, era muy sensible al sonido, pero empezó a perder el oído alrededor de los 6 o 7 meses”, comenta Francisco Mata, padre de Kian.

“La causa no genética más importante de la pérdida de audición es debido al citomegalovirus congénito (CMV), que es una infección que aparece en el embarazo con más frecuencia de lo que antiguamente se pensaba”, explica el doctor Martín-Lagos Martínez, otorrino del Hospital Universitario Clínico San Cecilio, de Granada. Congénito significa que la afección está presente desde el nacimiento, pero la afección se puede desarrollar antes de nacer.

Los pediatras y los médicos de familia (SEMERGEN) dicen que a pesar de ser una infección muy frecuente, "es una gran desconocida" porque en la mayoría de las ocasiones no da síntomas, y su importancia radica en la potencial gravedad cuando afecta a bebés neonatos e inmunodeprimidos.

De hecho, el citomegalovirus es un virus común y, según apunta la Clínica Mayo: "Una vez que contraes la infección, permanece en tu cuerpo de por vida". La mayoría de las personas no saben que tienen citomegalovirus porque no suele causar problemas en personas sanas. Pero si estás embarazada o si tu sistema inmunitario está debilitado, el citomegalovirus es motivo de preocupación.

Algunos bebés con citomegalovirus congénito que parecen sanos al nacer desarrollan signos con el tiempo, meses o incluso años después del nacimiento. Los más comunes de estos signos tardíos son la pérdida auditiva (como Kian) y el retraso en el desarrollo. En ocasiones, también pueden desarrollar problemas de visión.

Por eso, los expertos consideran que se debería mejorar la información a la embarazada, potenciar el diagnóstico fetal y asegurar el tratamiento a los recién nacidos con infección sintomática para prevenir el retraso psicomotor.

El CMV es un virus de baja contagiosidad perteneciente a la familia de los herpes virus, junto con el virus de Epstein-Barr (VEB), virus herpes tipo 1 y 2 (VHS 1 y2) y virus varicela-zóster (VVZ).

Se puede detectar el virus en el líquido amniótico (por cultivo) o mediante una prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y también, de manera retrospectiva, mediante la prueba del talón en el recién nacido.

Se puede producir tras el primer contacto con el virus (primoinfección) o como reactivación del virus latente (recurrencia). Se transmite por distintas vías: a través de saliva, orina, lágrimas, sangre y leche materna. Necesita contacto directo para su transmisión y se destruye fácilmente con el calor, jabón, detergentes y desinfectantes. La transmisión vertical de la madre al feto se produce por vía transplacentaria.

Hoy por hoy, Kian, quien fue implantado con casi dos años, habla cuatro idiomas, baila y toca el piano con tan solo seis años. “La música ha sido una gran bendición para mi hijo, ya que ha ayudado a su cerebro a interpretar mejor los sonidos”, dice Francisco, quien se alegra de la decisión de implantar a Kian, pero lamenta no haberlo hecho antes por desconocimiento y temor a este tipo de tecnología.

Como sabrás, los oídos son la puerta de entrada al cerebro, ya que este no está totalmente desarrollado al momento del nacimiento . Así, un niño necesita oír alrededor de 45 millones de palabras antes de los 4 años y 20.000 horas de escucha durante la infancia como base para la lectura , y es por este motivo por el que la interacción con los padres y los intercambios de comunicación son fundamentales.

Aunque los pediatras suelen identificar los problemas de audición en las revisiones, el doctor Martín-Lagos Martínez, indica que hay algunos signos de alerta que los padres pueden identificar.

Por ejemplo, cuando el niño no responde a estímulos o determinados sonidos, o si, estando en edad de pronunciar palabras, se limita al balbuceo. Más en concreto, los signos de alerta auditivo-lingüísticos en bebés y niños varían en función de la edad.

A modo de guía el especialista detalla los efectos del virus en función de edad:

En menores de 6 meses:

  • Que no manifieste respuesta ante la presencia de sonidos.

  • Que no se tranquilice con la voz de su mamá.

  • Que no preste atención o no se interese ante sonidos familiares.

En mayores de 6 meses:

  • Que no gire la cabeza al llamarle.

  • Que no responda con sonidos cuando se le habla.

  • Que no reaccione al pronunciar su nombre.

A partir de los 12 meses:

  • Que no comprenda las palabras de uso común.

  • Que no señale objetos y personas familiares cuando se le nombran.

  • Que no diga palabras con sílabas replicadas como papá o mamá.

Durante el primer año:

  • Que no entienda preguntas sencillas.

  • Que no preste atención a las canciones y cuentos infantiles.

  • Que no exprese frases de dos palabras.

A los 2 años:

  • Que no comprenda órdenes sencillas sin apoyo de gestos.

  • Que no acuda cuando se le llama desde otra habitación.

  • Que no utilice los pronombres (yo, tú, mío).

En la guardería o la escuela también pueden darse cuenta de que existe un problema si detectan comportamientos inadecuados, impulsividad, agresividad, falta o pérdida constante de atención, búsqueda constante del apoyo visual o imitación de sus compañeros, falta de comprensión y seguimiento de las instrucciones, dificultad para relacionarse con otros niños, no participar en actividades escolares o pérdida o inconsistencia en las habilidades demostradas.

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