Virus deja a más hijos desheredados

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Luis Méndez, corresponsal

MADRID, España, noviembre 21 (EL UNIVERSAL).- La pandemia no sólo puso en evidencia el abandono en España de miles de personas mayores que viven solas en sus domicilios o internadas en residencias y que representan un alto porcentaje de los fallecidos por Covid-19, también ha revelado que en estos tiempos de confinamientos y restricciones una parte de los familiares más cercanos no se ha ocupado de las personas de avanzada edad que en muchos casos se hallan desvalidas.

Ya sea por conflictos familiares que se arrastran desde el pasado o por simple dejación, padres, madres y abuelos no recibieron una sola visita de sus allegados durante la crisis sanitaria; tampoco una llamada para ver si seguían vivos.

La respuesta de los mayores no se ha hecho esperar. Muchos de los que se han sentido decepcionados en circunstancias especialmente difíciles han iniciado los trámites para suprimir del testamento a los hijos desobligados, lo que en ciertas regiones españolas ha disparado 500% este tipo de peticiones que se deben reglamentar ante notario.

La pandemia ha sido el detonante definitivo para que los mayores, que se consideran ninguneados por sus vástagos, inicien un proceso legal complejo, que tiene como objetivo privarlos de cualquier herencia.

"La gota que ha colmado el vaso ha sido el abandono familiar, que los hijos no quieran saber nada de sus padres, que es algo que se ha hecho mucho más patente durante la pandemia", señala a EL UNIVERSAL Marcelo Cornellá, presidente de la Asociación Cultural de Mayores de Fuenlabrada (Acumafu).

Sólo en esta localidad del sur de Madrid, las causas judiciales para desheredar a los hijos desobligados a través de la asociación cultural se han incrementado en el último mes casi 500% respecto al mismo periodo, pero de 2019.

"A veces discuten padres e hijos por tonterías y esas tonterías se enquistan en el tiempo sin posibilidades de retomar la relación. El abandono con motivo de la pandemia ha provocado que muchos mayores hayan dicho: 'Hasta aquí hemos llegado'", agrega el responsable de la organización que se encarga de asesorar y acompañar a las personas mayores en los trámites que realizan para poder desheredar a sus descendientes.

"Cuando estás obligado a quedarte en casa porque tienes patologías de base, como colesterol o la tensión alta, eso hace que tengas que depender más de los demás. Es entonces cuando te das cuenta de que tu familia no llama para saber cómo estás o qué es lo que te hace falta y que, por lo tanto, dependes de una vecina, de un amigo o de asociaciones del entorno", indica.

Algunas generaciones españolas, por la educación recibida, no han puesto en valor la importancia de la familia, contrario a lo que sucede en Latinoamérica.

"No se entiende que en España muchos hijos no quieran saber nada de sus padres. Es una situación preocupante, doblemente grave en tiempos de pandemia", enfatiza el presidente de Acumafu luego de precisar que hay un porcentaje muy pequeño de hijos que tras la amenaza de desheredarlos intentan recuperar la relación.

"Pero están tan enraizadas las discusiones que al final no hay solución. Ciertamente depende del dinero que uno tenga, porque si el capital es importante, hay hijos que son capaces de mentir y falsear una relación con sus padres con tal de no perder el dinero de la herencia", comenta.

El perfil de los que se sienten abandonados por sus vástagos y que buscan desheredarlos responde sobre todo a personas mayores que están separadas y que tienen hijos de un primer matrimonio. Por lo general, la legislación española obliga a los padres a dejar a los hijos al menos un tercio de la herencia, que se conoce como "la legítima"; sin embargo, el Código Civil y algunas sentencias del Tribunal Supremo recogen excepciones o causas objetivas que permiten a los progenitores ignorar a los descendientes directos en el testamento.

"El maltrato sicológico que sufren los abuelos que están solos y abandonados por sus hijos se fundamenta en que no hay relación ni contacto con ellos.

"Tampoco les permiten ver a los nietos que, cuando crecen, influidos a veces negativamente por sus padres, se resisten a visitar al abuelo. Y eso también se considera como maltrato.

"A través de un informe sicológico y una vez que se constata la situación de abandono, estos mayores pueden desheredar a sus descendientes, quitándoles incluso la legítima", concluye el presidente de Acumafu.