No nos digan cómo “cuidarnos”: la violencia masculina es un problema de hombres, no de mujeres

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El asesinato de Sabina Nessa ha reavivado la conversación sobre la violencia contra mujeres y niñas.  (AP)
El asesinato de Sabina Nessa ha reavivado la conversación sobre la violencia contra mujeres y niñas. (AP)

Todas las mujeres han oído hablar de la cola de caballo. Si usas el cabello atado, en lugar traerlo suelto, haces que sea más fácil agarrarte desde detrás. Entonces, es mejor pensar en eso cuando te vistas. Y, mientras lo haces, asegúrate de que tu falda no esté demasiado corta, que tu blusa no esté muy escotada, que tu capucha esté abajo, que no traigas los audífonos puestos, y para rematar, que traigas las llaves entre los dedos.

El asesinato de Sabina Nessa, en un parque en el sur de Londres el pasado viernes por la noche, ha reavivado la conversación demasiado familiar sobre la violencia contra mujeres y niñas. Los no iniciados podrían imaginarse de forma ingenua que estas autopsias verbales dirían algo como: "¡Hombres, dejen de ser violentos con las mujeres!" Por desgracia, eso no podría estar más lejos de la verdad.

Después de cada trágica pérdida de la vida femenina a manos de un hombre, hay una ola de consejos de seguridad (sin duda bien intencionados pero en última instancia mal dirigidos) para las mujeres que les imponen la responsabilidad de, bueno, ser menos víctimas. La lista enciclopédica a menudo incluye evitar la oscuridad, viajar en manada, estar sobria, no mostrar piel y estar tan alerta como sea posible.

En una hoja particular de consejos generales de seguridad en las calles de la Policía Metropolitana, supuestamente entregados por un grupo comunitario local en Greenwich luego de la muerte de Sabina, se recomienda probar la asertividad. “Desde el momento en que sales a la calle por la mañana, luce asertiva y actúa y camina con confianza”. ¡Vamos chicas, vayamos adelante!

No solo muchas de estas instrucciones se contradicen entre sí (estar en el teléfono para que alguien sepa que estamos bien, pero no hablar por teléfono tanto que impida estar alerta; lucir asertiva, pero definitivamente no mirar un hombre directo a los ojos para evitar atenciones indeseadas), también perpetúan de forma agresiva la posición de la mujer como ciudadana de segunda clase, cuyo deber es ceder ante los derechos inalienables a existir de los hombres violentos.

Y la idea de que cualquier mujer necesite que le recuerden estas "reglas", cuando se nos han grabado a fuego en nuestra conciencia colectiva desde la infancia, es ridícula.

Sabemos poco sobre los últimos movimientos de Sabina, y analizar su comportamiento solo juega con la narrativa completamente falsa de que ella podría ser de alguna manera culpable si hubiera actuado de manera diferente. Pero para aquellos que creen incorrectamente que las mujeres serán salvadas si siguen las reglas de seguridad, las circunstancias sí importan.

Tomemos en cuenta que no era tarde en la noche, alrededor de las 08:30 pm, poco más de una hora después de la puesta del sol (que el 17 de septiembre fue a las 07:10 pm). Consideremos también que no fue un trayecto largo, solo cinco minutos a pie de su casa, y ella iba de camino al pub, no borracha de regreso a casa.

Estos hechos solo confirman lo que las mujeres siempre han sabido: que estas “reglas de seguridad” son falsas garantías que la sociedad nos da para librarnos de la responsabilidad de lo que nos sucede a manos de la insidiosa misoginia que permite que corra desenfrenada. Los hombres violentos son una parte aceptada de nuestra existencia cotidiana. Las mujeres y las niñas son las que tienen que ceder y hacerse más pequeñas para participar en la vida pública.

Leyendo entre líneas, el mensaje es claro: si juegas según las reglas acordadas, tal vez tus probabilidades sean mejores. Pero seamos sinceros, realmente no podemos protegerte.

Sin embargo, siguen diciéndonos a las mujeres qué hacer: salir en parejas (Bibaa Henry y Nicole Smallman hicieron eso). Confía en las figuras de autoridad (Sarah Everard hizo eso). No camines, toma un taxi (las víctimas de John Worboys hicieron eso). Camina en áreas bien iluminadas (todas las mujeres y niñas a las que alguna vez les han gritado cosas en el camino al trabajo o la escuela saben que la luz del día no es un impedimento para un hombre que intenta hacer que te sientas degradada y humillada para su propio placer).

A medida que las tardes de invierno comienzan a llegar de nuevo, las pequeñas libertades que los largos días de verano les otorgan a las mujeres se retiran. Hacemos un reajuste consciente y a sabiendas con la nueva estación y lo que significa la oscuridad para la forma en que vivimos. El mensaje nos dice, y siempre nos lo ha dicho, que si rechazamos el libro de reglas, podemos cosechar las posibles consecuencias.

Mientras la seguridad de las mujeres se considere condicional a cambio de recordar las reglas, los hombres y los niños continuarán ejerciendo la violencia y este ciclo de tragedia nunca se detendrá.

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