Violaciones en campus universiarios quedan a menudo impunes

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MOORESTOWN, Nueva Jersey, EE.UU. (AP) — Shannon Keeler disfrutaba de una salida de fin de semana con su novio cuando empezó a leer mensajes viejos de Facebook, adonde no entraba desde hacía siglos. Apareció uno que la dejó muda.

“Sí, te violé”, le había escrito un individuo hacía seis meses.

“Jamás volveré a hacerlo con nadie”.

“Necesito escuchar tu voz”.

“Rezaré por ti”.

Los mensajes hicieron revivir a Keeler una terrible noche de diciembre del 2013, cuando un estudiante del Gettysburg College la asedió en una fiesta, la siguió y se metió en su habitación mientras ella pedía ayuda a sus amigos con mensajes de texto. La violó en la última noche de su primer semestre en la universidad.

Ocho meses después, espera poder persuadir a las autoridades de Pensilvania de que lo arresten, armada ahora con pruebas a simple vista irrefutables: La confesión del individuo, hecha en las redes sociales.

¿No alcanza eso?

Antes y después del ataque, Keeler hizo todo lo que se supone debe hacer una mujer para prevenir ataques o lidiar con ellos cuando suceden. Un amigo la acompañó hasta su dormitorio después de la fiesta. Denunció la violación el mismo día, habló con la policía y sobrellevó un doloroso e incómodo examen para determinar si hubo violación. Pidió que el individuo fuese encausado, pero a cada paso que dio, la justicia le falló, como le falla a la mayoría de las víctimas de violaciones en las universidades.

En medio de todo el revuelo asociado con la era del movimiento #MeToo, muy pocas denuncias de violación en los campus universitarios llegan a un juicio, según organizaciones defensoras de las víctimas y las pocas estadísticas disponibles. Solo una de cada cinco víctimas hace la denuncia. Y cuando la hacen, los fiscales tienden a no radicar cargos si la víctima había estado bebiendo o conocía al presunto violador.

“Me molestó todos estos años el no haber podido hacer nada”, dijo Keeler, quien hoy tiene 26 años. “Si no me ayudan a mí, ¿a quién van a ayudar? Porque tengo pruebas”.

En Gettysburg, una pequeña universidad de unos 2.500 estudiantes, se denunciaron 95 violaciones del 2013 al 2019, pero en ese período fueron juzgados apenas diez casos de violación que no involucraron a menores de edad en todo el condado, según cifras de la casa de estudios y archivos oficiales.

Eso desalienta a estudiantes como Katayoun Amir-Aslani, quien se fue de la universidad luego de ser violada en el 2014, sin hacer la denuncia.

Ella estuvo con Keeler la noche en que fue violada. A los pocos meses, ella misma resultó violada por un conocido, según dijo.

Pero no hizo la denuncia y se fue de esa universidad.

“No tenía testigos y después de esa experiencia de Shannon, en la que no se hizo nada, pensé que no tenía sentido sobrellevar todo eso para nada”, explicó la joven de 26 años. “No se lo dije a nadie”.

El supuesto violador de Keeler se fue de esa universidad, lo que puso fin a la investigación. Dos años después, cuando vencía el plazo para iniciar una demanda civil, el fiscal de distrito de entonces Shawn Wagner dijo que no radicaría cargos.

Keeler recuerda que le dijo que era muy difícil sacar adelante estas denuncias cuando la víctima tomó alcohol.

Wagner, quien es hoy juez de condado, declinó hablar con la Associated Press. Su sucesor, el fiscal de distrito Brian Sinnett, no quiso hablar de los detalles del caso, pero dijo que no puede radicar cargos si la denuncia no satisface los requisitos para una condena.

“Hay que ver qué pruebas hay: ¿Se puede corroborar la denuncia? ¿Prescribió el delito? ¿Qué posibilidades hay de que fallen a nuestro favor en un juicio? Todas esas cosas...”, declaró Wagner.

Las autoridades del condado de Adams están revisando el caso de Keeler de nuevo dado que ella contrató a un abogado y les mostró los mensajes del violador. El delito no prescribió ya que deben pasar 12 años para que eso suceda.

El individuo, identificado por otros en la fiesta, se fue de Gettysburg, después de negar haber violado a Keeler en un correo electrónico enviado a las autoridades del colegio, según archivos que consiguió ella. Al irse, se suspendió la investigación del asunto.

La Associated Press trató sin éxito de hablar con el individuo, de 28 años a través de números telefónicos e emails suyos y de sus padres, y de las rede sociales. No lo identifica porque no ha sido acusado de nada por ahora. Ninguno de los mensajes que dejó la AP fueron respondidos. Aparentemente completó sus estudios en otra universidad, según su perfil de las redes.

Keeler se enteró el año pasado, a través de un nuevo detective, de que los resultados de las pruebas que se le hicieron tras la violación habían sido destruidos después de cerrarse el caso.

Keeler siguió en Gettysburg y en su último año se coronó campeona nacional de la División III de lacrosse. Lo consideró su “gran victoria” sobre su violador.

El camino, sin embargo, no fue fácil y hubo decaídas, terapia y demasiado alcohol por un tiempo.

“No fui mi mejor versión por algunos años”, manifestó Keeler, quien vende software y tiene una feliz relación con su novio de años. “Estaba más irritada con el sistema penal que con lo que me pasó a mí”.

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Allen G. Breed colaboró desde Gettysburg, Pensilvania. Maryclaire Dale está en https://twitter.com/Maryclairedale