Vinícius debería preocuparse más por su falta de gol que por los árbitros

Adrián Marcos

​El ​Real Madrid cayó derrotado ayer por el Manchester City y se complica notablemente su pase a octavos de final de la ​Champions League, que ahora depende de una auténtica hazaña en el Etihad Stadium en el partido de vuelta. Los de Zinedine Zidane fueron capaces de jugar de tu a tu frente a los de Pep Guardiola y se adelantaron cuando peor lo estaban pasando, pero los 'citizens' dieron la vuelta al partido en cinco minutos y dejaron a los blancos helados.

Tras el encuentro habló uno de los mejores por el lado madridista, Vinicius Junior, que criticó la decisión arbitral en el primer tanto inglés al reclamar una falta sobre Sergio Ramos. Las palabras del brasileño después de la derrota no sirven de nada, tan solo demuestran que los futbolistas pueden decir todo lo que quieran sin consecuencia alguna, como se lleva viendo a lo largo de toda esta temporada.



El extremo carioca debería preocuparse menos por lo que hacen los árbitros, estén más o menos acertados y tenga razón o no, y centrarse en lo verdaderamente importante que es el rendimiento de su equipo, y el suyo propio. Ayer el Real Madrid lo pasó muy mal durante los últimos minutos, precisamente después de que Vinicius abandonase el campo con molestias, y la derrota es muy dura, sobre todo a escasos días del Clásico.


El de São Gonçalo tiene que olvidarse ya de los colegiados y del VAR para dedicar sus esfuerzos a conseguir que el balón entre dentro de la portería, algo que tiene pendiente. Ayer tuvo la más clara para los suyos, pero no supo dónde estar exactamente y cómo colocarse para marcar, se escurrió y dejó escapar una oportunidad de oro para asestar una estocada que, viendo el resultado final del partido, habría sido de gran ayuda.


Daniele Orsato,Vinicius Junior


Vinicius ha demostrado que con la lesión de Hazard y el mal momento de sus compañeros y rivales por el puesto, puede ser la solución perfecta para Zidane, pero para ello debe afinar su puntería. Su vertiginoso desborde por la banda es una continua amenaza ante cualquier equipo, pero tanto la grada como los rivales saben que no importa los recortes que haga pues, hasta ahora, la pólvora de cara a gol la tiene mojada. De eso debería preocuparse el brasileño.