En la Vigilia Pascual, el Papa llamó a no tener "una fe de museo"

LA NACION

ROMA.- Desterrar la "psicología del sepulcro", no "enterrar la esperanza" ni tener "una fe de museo", sino volver a abrirse a Jesús resucitado. Todo esto pidió esta noche Francisco en la séptima Vigilia Pascual de su pontificado, la celebración más importante del año litúrgico, que evoca el pasaje de la muerte a la vida de Jesús.

Como es tradición, el rito comenzó a las 20.30 locales en el atrio de la Basílica de San Pedro, donde el Papa bendijo el fuego y el cirio pascual. El templo se encontraba entonces a oscuras. El cirio prendido, llevado en procesión, con el que se fueron prendiendo las velas de los fieles, simbolizaba el ingreso de la luz, Cristo, del mundo de las tinieblas del pecado, la soledad y la muerte.

En una ceremonia en latín, con bellísimos cantos, en su sermón Francisco evocó el pasaje del Evangelio en el que las mujeres llevan los aromas a la tumba de Jesús, "pero temen que el viaje sea en balde, porque una gran piedra sella la entrada del sepulcro".

Las mujeres, sin embargo, descubren que su viaje no es en vano, que no termina en una piedra funeraria, porque Jesús ha resucitado. "La Pascua es la fiesta de la remoción de las piedras. Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad. La historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la «piedra viva», Jesús resucitado", explicó Francisco. "Nosotros, como Iglesia, estamos fundados en Él, e incluso cuando nos desanimamos, cuando sentimos la tentación de juzgarlo todo en base a nuestros fracasos, Él viene para hacerlo todo nuevo, para remover nuestras decepciones", destacó, ante más de 7000 fieles de diversas nacionalidades, diplomáticos, obispos y cardenales.

En la homilía, que pronunció en italiano, el ex arzobispo de Buenos Aires reconoció que muchas veces la esperanza se ve obstaculizada por la "piedra de la desconfianza". "Cuando se afianza la idea de que todo va mal, llegamos a creer con resignación que la muerte es más fuerte que la vida y nos convertimos en personas cínicas y burlonas, portadoras de un nocivo desaliento. Piedra sobre piedra, construimos dentro de nosotros un monumento a la insatisfacción, el sepulcro de la esperanza", admitió. "Quejándonos de la vida, hacemos que la vida acabe siendo esclava de las quejas y espiritualmente enferma. Se va abriendo paso así una especie de psicología del sepulcro: todo termina allí, sin esperanza de salir con vida", agregó. "Esta es, sin embargo, la pregunta hiriente de la Pascua: ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? El Señor no vive en la resignación. Ha resucitado, no está allí; no lo busquen donde nunca lo encontrarán: no es Dios de muertos, sino de vivos (cf. Mt 22,32). ¡No entierren la esperanza!", pidió.

Francisco evocó también el asombro de las mujeres al encontrar la piedra de la tumba de Jesús removida. "Quedaron «despavoridas» y con «las caras mirando al suelo». No tienen el valor de levantar la mirada. Cuántas veces nos sucede también a nosotros: preferimos permanecer encogidos en nuestros límites, encerrados en nuestros miedos. Es extraño: ¿por qué lo hacemos? Porque a menudo, en la situación de clausura y de tristeza nosotros somos los protagonistas, porque es más fácil quedarnos solos en las habitaciones oscuras del corazón que abrirnos al Señor. Y sin embargo solo él eleva", subrayó.

Acto seguido, citó a la poetisa nortaemericana Emily Dickinson, que escribió que «Ignoramos nuestra verdadera estatura, hasta que nos ponemos en pie», para recordar que "el Señor nos llama a levantarnos de nuevo con su Palabra, a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra; para las alturas de la vida, no para las bajezas de la muerte". "No nos quedemos mirando el suelo con miedo, miremos a Jesús resucitado: su mirada nos infunde esperanza, porque nos dice que siempre somos amados y que, a pesar de todos los desastres que podemos hacer, su amor no cambia. Esta es la certeza no negociable de la vida: su amor no cambia", dijo. "Es esencial volver a un amor vivo con el Señor, de lo contrario se tiene una fe de museo, no la fe de pascua. Pero Jesús no es un personaje del pasado, es una persona que vive hoy; no se le conoce en los libros de historia, se le encuentra en la vida. Recordemos hoy cuando Jesús nos llamó, cuando venció nuestra oscuridad, nuestra resistencia, nuestros pecados, cómo tocó nuestros corazones con su Palabra", agregó.

Como es tradición, en la segunda parte de la liturgia Francisco bautizó, confirmó y dio la primera comunión a 8 personas de Italia, Albania, Ecuador, Indonesia y Perú.

Mañana, luego de celebrar la misa de la Resurrección en la Plaza de San Pedro, Francisco enviará su mensaje pascual e impartirá desde el balcón central de la Basílica de San Pedro la tradicional "bendición urbi et orbi", a la ciudad y al mundo.