Una niña de 14 años celebra una fiesta y causa destrozos valorados en 20.000 dólares

Tras usar la tarjeta de crédito de sus padres para alquilar una casa y organizar una fiesta desenfrenada, una canadiense de 14 años ahora tiene que lidiar con un problema mayor valorado en 20.000 dólares. Ese es el precio de los daños que causaron los adolescentes en la fiesta y que ahora tendrán que pagar sus padres.

La semana pasada, la policía respondió a una llamada que denunciaba una “fiesta desenfrenada” en una casa del vecindario de West Vancouver. Cuando los oficiales llegaron, encontraron a casi 200 adolescentes desbordando la casa, según informó la agencia CTV News. Tras la fiesta, la vivienda quedó destruida, desde las paredes y los muebles hasta las obras de arte, por lo cual se responsabilizará a sus padres.

Según el informe de la policía, la joven responsable de la fiesta usó la tarjeta de crédito de sus padres sin su permiso. A pesar de ello, los progenitores tendrán que hacerse cargo de pagar los daños.

Para cualquier padre o madre eso sería una pesadilla, pero en el caso de los padres estadounidenses, no solo son responsables desde el punto de vista económico sino también legal, debido a la ley del anfitrión social que se aplica en muchos estados.

De hecho, se han reportado numerosos casos de padres que se enfrentan a cargos por permitir fiestas en las que los menores de edad consumen alcohol. Sin embargo, en este caso particular, los padres no estaban presentes y la fiesta ni siquiera era en su propia casa, sus nombres solo estaban en la tarjeta de crédito que se utilizó para pagar el alquiler de la vivienda.

“La ley del anfitrión social considera que las personas, incluidos los padres, propietarios e inquilinos, son responsables de los eventos sin fines comerciales, en los que los menores consumen alcohol en las propiedades que posean, arrienden o controlen de algún otro modo”, según el Centro para el Estudio de la Ley y la Política de Aplicación, lo que significa que los tutores son responsables, independientemente de que hayan proporcionado o no el alcohol. Por suerte para estos padres, la Corte Suprema de Canadá falló en contra de la ley de responsabilidad del anfitrión social en el caso de los Adolescentes contra Desomoreaux de 2006.

Sin embargo, dejando a un lado los problemas legales, el desastre que provocó esta fiesta en Canadá podría convertirse en una lección para los adolescentes que estén pensando en organizar su propia fiesta desenfrenada.

“Lo primero que deben hacer los padres es hablar con sus hijos”, le explicó la psicóloga infanto-juvenil Barbara Greenberg a Yahoo Vida y Estilo. “Existen dos estrategias para acercarte a ellos. La primera, siendo empático con tus hijos y poniéndote en su lugar para que sepan que estás de su lado. También puedes explicarles cómo funcionan las presiones que ejercen los compañeros y sus consecuencias negativas. La segunda, explicándoles que la casa es el hogar de todos, por el que tanto han trabajado y que, como parte de la familia, también deben protegerlo, así como a la economía familiar”.

También añadió la importancia de que un adulto los supervise ya que su presencia puede ayudar a los adolescentes a lidiar con la inevitable presión de sus compañeros.

“De hecho, cuando hay un adulto en casa o pasa un vecino, ayudas a tus hijos ya que les estás facilitando una salida”, explicó Greenberg. “Los jóvenes suelen asustarse con facilidad, por lo que en realidad te agradecerán que les hayas ayudado”, sobre todo en la actualidad, con la asombrosa capacidad que tienen las redes sociales de convertir una fiesta aparentemente inocente en un evento que se escapa del control de los jóvenes.

Respecto a la lección que podemos aprender del error de la joven que organizó una fiesta que terminó siendo un desastre económico, Greenberg concluyó que “los adolescentes y las tarjetas de crédito ilimitadas son una receta peligrosa”.

“Estos padres deberían elaborar un plan para que la adolescente pague su deuda”, dijo refiriéndose a la joven canadiense de 14 años, y agregó que este ejemplo extremo podría servir como tema de análisis para los padres de todo el mundo. “Muéstrale a tus hijos el artículo y pregúntales qué piensan. Ellos necesitan saber que valoras lo que dicen. Quieren sentirse importantes y ser escuchados”.