La vida en una unidad ucraniana: echarse pecho a tierra para cubrirse y esperar armas de Occidente

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Un vehículo carbonizado yace en un camino de terracería que conecta las posiciones en el frente ucraniano con la región de Jersón, en el sur de Ucrania, el viernes 6 de mayo de 2022. (David Guttenfelder/The New York Times).
Un vehículo carbonizado yace en un camino de terracería que conecta las posiciones en el frente ucraniano con la región de Jersón, en el sur de Ucrania, el viernes 6 de mayo de 2022. (David Guttenfelder/The New York Times).

PRYVILLIA, Ucrania — Con la ayuda de binoculares, los militares ucranianos pueden ver la posición rusa a la distancia. Sin embargo, la única arma de artillería que operan en un puesto de avanzada pequeño y desordenado en la estepa sur tiene un alcance insuficiente para poder impactarla.

Estas circunstancias han impuesto una rutina abrumadoramente sombría para los ucranianos, quienes son golpeados día tras día por la artillería rusa y no tienen medios de contestar el ataque. Cada cierta cantidad de horas, se echan pecho a tierra en las trincheras para eludir los proyectiles que cruzan el cielo.

“Tienen nuestra posición fijada, saben dónde estamos”, comentó el sargento Anatoly Vykhovanets. “Es como si estuviéramos en la palma de su mano”.

Mientras el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, hace peticiones casi diarias a Occidente para que le brinden artillería más pesada, son posiciones como la ubicada aquí, en la ribera poniente del río Dniéper las que ilustran bien cuán urgente es ese tipo de armamento para Ucrania. Analistas militares afirman que la batalla ahora no depende tanto de la habilidad o el valor de los militares ucranianos, sino de la precisión, la cantidad y el poder de impacto de sus armas de largo alcance.

La capacidad de artillería de los dos ejércitos cerca de Pryvillia favorece tanto a Rusia que los funcionarios ucranianos han destacado de manera específica la región en sus solicitudes de mayor apoyo militar a los funcionarios occidentales y a miembros del Congreso de Estados Unidos.

En respuesta, los aliados occidentales han comenzado a intentar apresurar el transporte de sistemas de artillería y equipo relacionado a Ucrania, los cuales están empezando a llegar. Pero no con la rapidez que los funcionarios ucranianos han deseado; en especial, en lugares como este puesto de avanzada pequeño en el sur.

Estados Unidos anunció planes para enviar 90 obuses M777, un sistema capaz de disparar a distancias de hasta 40 kilómetros con gran precisión, pero fue hasta esta semana que se disparó en combate el primero en esta región, según un video que el Ejército proporcionó a un medio informativo ucraniano.

Un militar ucraniano en una posición de artillería de corto alcance en la región de Jersón, en el sur de Ucrania, monitorea los movimientos rusos a la distancia, el viernes 6 de mayo de 2022. (David Guttenfelder/The New York Times).
Un militar ucraniano en una posición de artillería de corto alcance en la región de Jersón, en el sur de Ucrania, monitorea los movimientos rusos a la distancia, el viernes 6 de mayo de 2022. (David Guttenfelder/The New York Times).

Otras de las armas estadounidenses con las que Ucrania espera contar son drones para detectar objetivos y corregir el fuego de artillería, así como vehículos blindados con orugas usados para remolcar obuses y colocarlos en posición incluso cuando se está bajo ataque.

El lunes, el presidente estadounidense, Joe Biden, firmó una versión actualizada de la Ley de Préstamo y Arriendo, la cual permitiría la transferencia de armamento estadounidense adicional a Ucrania y, la noche del martes, la Cámara de Representantes aprobó un paquete de ayuda por 40.000 millones de dólares.

No obstante, por ahora, en el puesto de avanzada del Décimo Séptimo Regimiento de Tanques de Ucrania, en una línea de árboles entre dos campos, lo máximo que los militares pueden hacer es intentar sobrevivir.

Para lograrlo, designan a un centinela a toda hora. El elegido se para, como un perrito de la pradera en guardia, en el centro de la unidad, para estar atento en caso de que se escuche el estruendo distante de la artillería rusa saliente. La alerta es “¡Aire!”. Los militares tienen alrededor de tres segundos para echarse pecho a tierra en la trinchera antes de que impacten los proyectiles.

El Ejército ucraniano sí responde la agresión con un sistema de artillería que opera en la parte posterior de esta posición, pero tiene muy pocas armas para desplazar a la línea de armamento ruso.

En ocasiones, unidades pequeñas penetran en esta zona media para entrar en combate e iniciar ataques con artillería, para lo que usan las escasas líneas de árboles para cubrirse. “No hay donde esconderse”, mencionó el comandante de una brigada de reconocimiento que despliega unidades en estas batallas. Solicitó ser identificado solo a través de su apodo, Botsman.

“Es como mirar un tablero de ajedrez”, señaló. “Cada bando ve los movimientos del otro. Solo depende de la fuerza de combate que tengas. Todo se ve. La única pregunta es: ¿puedes dar en el blanco?”.

Los militares de ambos bandos llaman con un apodo a las armas de artillería que pueden hacer eso: “Diosas de la guerra”.

Ucrania entró a la guerra con desventaja. Por ejemplo, los obuses Peony de 203 milímetros de Rusia pueden disparar a alrededor de 38 kilómetros, mientras que las armas Geocent de 152 milímetros de Ucrania disparan a 29 kilómetros. (Los sistemas de artillería de la era soviética, usados por ambos bandos, reciben nombres de flores; las armas Clavel y Tulipán también se usan en la guerra).

Es por eso que los ucranianos desean con tanta desesperación los obuses estadounidenses; su rango de 40 kilómetros y el hecho de que dispare una munición de precisión guiada por GPS inclinaría, en algunos lugares, la balanza de nuevo un poco a su favor.

“Los rusos tienen dos ventajas ahora: artillería y aviación”, opinó Mykhailo Zhirokhov, el autor de un libro sobre combate con artillería en la guerra contra los separatistas respaldados por Rusia en el este de Ucrania, “Gods of Hybrid War”. “Ucrania necesita artillería y misiles antiaéreos. Estos son de crucial importancia en el frente”.

Rusia no puede capitalizar su superioridad de artillería para avanzar. Su táctica para atacar en las planicies abiertas es golpear a las posiciones rivales con artillería; después, enviar vehículos blindados a que avancen con una maniobra llamada “reconocimiento a contacto”, diseñada para aturdir a lo que resta de la línea de defensa.

No obstante, debido a la riqueza de Ucrania de misiles y armas antiblindaje, Rusia no puede avanzar y hacerse de terreno.

Mientras tanto, Ucrania tampoco puede avanzar, aunque sus tácticas difieren. El Ejército ucraniano depende de unidades pequeñas de infantería con vehículos blindados que solo sirven de apoyo. Aunque Ucrania podría tomar control del terreno, no podría mantenerlo o usarlo como apoyo logístico para mayores avances, ya que cualquier territorio nuevo seguiría bajo el bombardeo ruso.

El avance ucraniano planeado en esta área depende de la llegada de los obuses M777 y otra artillería occidental de largo alcance que pueda propinarle un golpe rotundo a la parte trasera de la artillería rusa. Entonces, la infantería ucraniana tal vez podría avanzar bajo la cobertura de estos sistemas de más largo alcance.

Si llega artillería más poderosa, podría inclinar la balanza con rapidez, aseguró Oleksiy Arestovych, un asesor del jefe de personal de Zelenski.

En la batalla en la ribera occidental del río Dniéper, el objetivo de Rusia parece ser anclar a las fuerzas ucranianas que, de otra manera, podrían cambiar su curso para combatir en la región del Dombás, en el este de Ucrania.

La meta de Ucrania, cuando obtenga artillería capaz de igualar el rango del armamento ruso, es moverse a los campos dentro de la posición de ataque de dos puentes y una presa que cruzan el río Dniéper en un operativo que podría cortar las líneas de suministro de las fuerzas rusas, indicó, Arestovich, el asesor presidencial.

“Lo haríamos con placer, pero en este momento no tenemos nada que pueda neutralizarlos”, afirmó el coronel Taras Styk, un comandante en la Décimo Séptima Brigada de Tanques.

© 2022 The New York Times Company

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