La vida de una bailarina: Chita Rivera habla sobre trabajar duro y aprender de los mejores

Chita Rivera en Nueva York, el 22 de marzo de 2023. (Philip Montgomery/The New York Times)
Chita Rivera en Nueva York, el 22 de marzo de 2023. (Philip Montgomery/The New York Times)

En su nuevo libro de memorias, Chita Rivera afirma que nunca se sintió identificada con la canción “I’m Still Here”, la querida oda de Stephen Sondheim a la perseverancia a pesar de las adversidades. A ella le gustaba la canción, pero, al ser una profesional que trabajaba a destajo, no tenía tiempo para la nostalgia: siempre estaba mirando hacia delante, hacia el próximo concierto. Entonces llegó la pandemia y, “como el resto del mundo, ahí estaba yo”.

Incluso cuando la pandemia le brindó la ocasión de hacer una pausa, su deseo de recordar el pasado surgió por la inquietud de devolver el favor. “De verdad quería una autobiografía que los niños pudieran leer y aplicar”, señaló Rivera, de 90 años, el mes pasado mientras tomaba un té en el Laurie Beechman Theater en el centro de Manhattan. “No son tanto unas memorias como una oportunidad para que los niños se den cuenta de que, si quieren dedicarse a esto, pueden hacerlo, pero tienen que trabajar duro”.

“Chita: A Memoir”, escrito con el periodista Patrick Pacheco y que estará disponible el martes, recorre la vida de la ganadora de tres premios Tony con la claridad y despreocupación de una veterana. A lo largo de sus 320 páginas, la intérprete puertorriqueña-estadounidense, criada en Washington D. C., recuerda con cariño sus primeras clases de danza, su traslado a Nueva York para estudiar en la Escuela de Ballet Estadounidense de George Balanchine, su logro como Anita en “Amor sin barreras” y su éxito continuo en Broadway (18 actuaciones en total) y más.

Tras reflexionar sobre todo lo que aprendió de maestros como Balanchine, Jerome Robbins y Bob Fosse, Rivera, a quien hacía tiempo que se le había propuesto escribir sus memorias, decidió contar su historia por fin. No le es ajeno compartir sus experiencias y ser mentora. La actriz Laura Benanti, con quien Rivera protagonizó un montaje nuevo de “Nine”, en Broadway en 2003, comentó en una entrevista telefónica que la generosidad de Rivera durante la producción fue casi maternal.

“De inmediato te hace sentir que eres parte de un equipo”, dijo Benanti. “No trabaja solo para sí misma. Me enseñó que eres tan buena como la persona que tienes enfrente, así que quieres que todo el mundo prospere”.

El libro también ahonda en las colaboraciones fructíferas de Rivera con el compositor John Kander y el letrista Fred Ebb. Su “triunvirato”, como lo describió Kander por teléfono, originó interpretaciones nominadas al Tony como Velma Kelly, la asesina sedienta de publicidad en “Chicago”; Anna, la dueña de una pista de patinaje que hace las paces con su hija, en “The Rink”; y Aurora, la diva que es objeto de adoración de un preso homosexual, en “El beso de la mujer araña”. A menudo se unía a las giras nacionales o internacionales de esas producciones, lo que estrechaba los lazos de Rivera con sus papeles más conocidos.

Chita Rivera en Nueva York, el 22 de marzo de 2023. (Philip Montgomery/The New York Times)
Chita Rivera en Nueva York, el 22 de marzo de 2023. (Philip Montgomery/The New York Times)

Rivera, con su agilidad aguda y sensual, ha sido una presencia habitual en los escenarios, desde su debut profesional en 1952 como bailarina destacada en la gira nacional de “Call Me Madam” hasta su última actuación en Broadway en 2015 con “The Visit”, otra colaboración con Kander y Ebb (y su libretista frecuente Terrence McNally). Nunca ha pasado más de tres años sin una producción importante, local o en gira (ni siquiera cuando estaba criando a su hija con Tony Mordente, aunque el nacimiento de Lisa retrasó el estreno en Londres de “Amor sin barreras”) y sigue actuando en su cabaret. Este trabajo constante es todo lo que conoce, señaló Rivera, aunque le ha dejado un pequeño punto ciego cuando se trata del negocio que tanto ama.

Por ejemplo, vio por primera vez el espectáculo de variedades de 1978 de su amigo Fosse, “Dancin’”, cuando se reestrenó en Broadway esta primavera. “No tenía mucho tiempo para ver los espectáculos”, dijo. “Así fue para mí la edad de oro: un espectáculo tras otro, un fabuloso letrista tras otro fabuloso compositor, todos creciendo al mismo tiempo. Fue genial porque aprendía de manera constante”.

El montaje nuevo de “Dancin’”, dirigido por uno de los miembros del reparto original, Wayne Cilento, le recordó su época de esplendor. “Porque está lleno de bailarines fabulosos que trabajan muy duro, y solo se dedican a eso, bailar”.

Para ayudarla a revivir esa época en sus memorias, Rivera recurrió a Pacheco, a quien conoció en 1975 mientras él escribía sobre su actuación en el cabaret Grand Finale para la revista de espectáculos After Dark. También se reunieron en torno a unos cocteles cosmopolitan en 2005, cuando Pacheco la entrevistó a profundidad; sus notas le dieron forma al libro de McNally para su espectáculo en solitario en Broadway, “Chita Rivera: The Dancer’s Life”.

“Pacheco es simpático, le gusta mejorar el estado de ánimo y le pareció que yo era divertida”, aseveró Rivera. Más tarde, Pacheco añadió que los dos se llevaron bien por ser latinos y católicos, “una clave de su personalidad”, dijo. Las entrevistas para las memorias comenzaron en el verano de 2020, desde su casa en el condado de Rockland, Nueva York, y al principio fueron conversaciones informales. Una vez definida la estructura narrativa, se la propusieron a los editores.

No obstante, quienes busquen chismes se van a decepcionar. Aparte de algunas travesuras al describir sus aventuras amorosas y su debilidad por los hombres italianos, la revelación más jugosa del libro podría ser que Rivera rechazó la petición del dramaturgo Arthur Laurents de interpretar a Rose en el estreno londinense de “Gypsy”, a principios de los años sesenta.

Rivera escribió que, a sus 30 años en aquella época, se sentía demasiado joven, educada y distante de su “rebelde” interior para interpretar a una madre autoritaria en escena. Esa rebelde aparece en el libro como su alter ego, Dolores. (A Rivera la nombraron Dolores Conchita Figueroa del Rivero Anderson.) Mientras que Chita es la mujer dulce “que intenta unirlo todo, resolver los problemas y a la que le gusta reír”, comentó, Dolores no se contiene y se hace valer. “Ella era la que me protegía”, dijo. “Gracias a Patrick, la sacamos a la luz”.

Estos personajes se sientan sobre sus hombros, dijo Rivera, luchando como un Jekyll y Hyde boricua. Cuando se planteaba sustituir a su amiga Gwen Verdon en el papel principal de “Sweet Charity” en su gira nacional, recordó: “Los dos ángeles que tenía sobre los hombros me decían: ‘No puedes hacerlo’. ‘Bueno, sí puedes, si usas tus propios zapatos’”.

Es Dolores quien aporta la mayor parte del ingenio sarcástico del libro y se encoge de hombros ante las adaptaciones cinematográficas, aunque ella es la creadora de los personajes sobre el escenario. “Siempre están ganando premios Oscar por papeles que yo he hecho, pero está bien”, afirmó Rivera con una sonrisa confiada, refiriéndose a un comentario en el libro sobre las victorias de Rita Moreno y Catherine Zeta-Jones por “Amor sin barreras” y “Chicago”.

“Siento que no puedes reemplazar a la persona que crea un personaje”, continuó. “En mi actuación digo: ‘Catherine, quédate con tu Oscar, yo me quedaré con mi ritmo. Y es un gran ritmo. Lo sostenía todo el tiempo que me permitieran las dos primeras filas”.

Recordó la repetición del ritmo (la introducción de Kander a “All That Jazz” de “Chicago”, un seductor conteo de ocho tiempos que se puede alargar eternamente) y cómo, cuando interpretaba ese número emblemático, miraba al público y “solo seguía el ritmo”.

“Cada vez que oyes esa repetición del ritmo, piensas en ‘Jazz’”, afirmó, golpeando con los dedos como si fuera un redoble de tambor. “¿Y quién cantaba ‘Jazz’? Yo”.

c.2023 The New York Times Company