Lo que la victoria de Lula en Brasil significa para el clima

Luiz Inácio Lula da Silva, ahora presidente electo de Brasil, en un mitin de campaña en São Paulo el sábado 29 de octubre de 2022. (Victor Moriyama / The New York Times)
Luiz Inácio Lula da Silva, ahora presidente electo de Brasil, en un mitin de campaña en São Paulo el sábado 29 de octubre de 2022. (Victor Moriyama / The New York Times)

RÍO DE JANEIRO - Los votantes brasileños derrocaron al presidente Jair Bolsonaro el domingo. En las elecciones más reñidas desde que el país regresó a la democracia en 1985, los electores decidieron traer de regreso al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que hizo del medio ambiente una piedra angular de su campaña.

“Brasil está listo para reanudar su liderazgo en la lucha contra la crisis climática”, dijo el domingo Da Silva en su discurso a sus seguidores tras la victoria. “Probaremos una vez más que es posible generar riqueza sin destruir el medio ambiente”.

El compromiso es importante porque Brasil contiene gran parte de la selva del Amazonas. En este momento, el bosque absorbe el dióxido de carbono de la atmósfera que calienta el planeta y lo almacena en las raíces de los árboles, las ramas y el suelo. Según una estimación, hay de 150 a 200 mil millones de toneladas métricas de carbono encerradas en el bosque. Pero eso podría cambiar. Si la deforestación continúa, la selva pronto puede convertirse en un emisor neto de gases de efecto invernadero.

La región es también uno de los lugares con mayor biodiversidad en la Tierra, y protegerla es clave para defendernos de una crisis mundial de biodiversidad.

De vuelta a una lucha conocida: contra la deforestación

Cuando da Silva asumió el cargo por primera vez en 2003, las tasas de deforestación eran más del doble de lo que son hoy. Él promulgó políticas que las redujeron un 80 por ciento. El ritmo más bajo de deforestación se registró dos años después de su renuncia en 2010.

Cuando Bolsonaro asumió el cargo en 2019, recortó los fondos para las agencias de protección ambiental, hizo que las multas ambientales fueran más fáciles de ignorar y alentó a sus partidarios a continuar con la minería ilegal. Las tasas de deforestación comenzaron a dispararse nuevamente. Brasil perdió más de 3 millones de hectáreas de la selva amazónica entre 2019 y 2021.

Ahora, da Silva dice que planea reanudar las políticas que redujeron la pérdida de bosques.

“Ahora lucharemos por el fin de la deforestación en el Amazonas”, dijo. “Brasil y el planeta necesitan una Amazonia viva”.

Pero la resistencia a las políticas para proteger el bosque probablemente será fuerte entre los partidarios de Bolsonaro, tanto en el Congreso como en el mismo Amazonas. Bolsonaro ganó en más de la mitad de los estados que componen la selva.

El presidente ha defendido durante mucho tiempo las industrias maderera, minera y ganadera. Si bien son destructivas para el bosque, estas industrias, que a menudo operan de manera ilegal, también brindan algunas de las pocas oportunidades económicas en la región.

Fuera de Brasil: el centro de atención está en el sur global

Los dos mandatos de Da Silva como presidente, de 2003 a 2010, estuvieron marcados por iniciativas para reformar los órganos de gobierno mundial, como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y para elevar el perfil de los países en desarrollo en los asuntos mundiales.

Hay señales de que podría volver a hacer de esos esfuerzos una prioridad, esta vez con un énfasis especial en los problemas climáticos.

Él puede “movilizar a otros países en el sur global para insistir que cualquier reforma que se haga a la gobernanza global asuma el tema del clima con seriedad pero que esto también tiene aportes de los países en desarrollo”, dijo Adriana Abdenur quien dirige Plataforma Cipó, una organización de investigación en Brasil que se enfoca en la política climática.

Meses antes de las elecciones, los asesores de Da Silva se estaban coordinando con Indonesia y la República Democrática del Congo a fin de presionar a las naciones ricas para que amplíen su financiamiento para proteger a los bosques. Marina Silva, su exministra de Medio Ambiente, dijo a Reuters el lunes que Da Silva enviaría a un representante a la COP27, la cumbre climática mundial que comienza el domingo en Egipto. Un portavoz de Da Silva dijo que el asunto aún se estaba decidiendo.

El principal asesor de asuntos exteriores de Da Silva, Celso Amorim, dijo que el presidente electo también planeaba invitar a los líderes regionales a una cumbre sobre la selva amazónica en 2023. Es una señal de que planea fortalecer la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, lo cual podría facilitar a los países de la región unirse para diseñar estrategias que protejan el bosque y atraigan inversión extranjera para proyectos de desarrollo sostenible.

Cuando Da Silva era presidente, Brasil creó uno de los mecanismos más importantes para la cooperación climática en la gestión forestal, el Fondo Amazonía. De 2009 a 2019, Noruega y Alemania donaron más de 1200 millones de dólares al fondo, que se convirtió en uno de los mecanismos de financiación más importantes para las agencias de protección ambiental en Brasil.

Bolsonaro disolvió el órgano rector del fondo, que congeló todas sus operaciones, pese a que su gobierno luchaba por combatir los delitos ambientales. El domingo, el ministro de Clima y Medio Ambiente de Noruega dijo a los periodistas que se pondría en contacto con Da Silva para reanudar la cooperación entre los dos países.

Está previsto que Da Silva asuma la presidencia el 1 de enero.

© 2022 The New York Times Company