Colombia y Venezuela: un fenómeno migratorio de ida y vuelta

Por: Carolina Lancheros Ruíz/Especial para Yahoo

Durante décadas Venezuela fue receptor de migrantes colombianos que llegaban atraídos por la bonanza petrolera o huyendo de la violencia. El éxodo masivo de venezolanos a territorio colombiano es la ocasión para saldar una deuda histórica de hospitalidad.

Los papás de Carolina Ardila son colombianos. Ella nació en Venezuela. Estudió y trabajó allí hasta el año pasado, cuando todos decidieron establecerse en Bogotá, en lo que se ha dado a conocer como la cuarta ola migratoria de venezolanos en Colombia. Su familia encarna un fenómeno de ida y vuelta entre Colombia y Venezuela que comienza hace más de cuarenta años.

En esta imagen del 23 de febrero de 2018, ciudadanos venezolanos llegan al barrio de La Parada en Cúcuta, Colombia, en la frontera con Venezuela. (AP Foto/Fernando Vergara)

La bonanza petrolera de Venezuela de los años setenta y el recrudecimiento del conflicto armado en Colombia durante finales de los ochenta y los noventa generaron una diáspora de colombianos en Venezuela, entre las que estaban los papás de Carolina. “Las personas nacidas en Colombia pasaron de conformar la tercera parte de la población de origen extranjero en Venezuela (30,20% en 1971) a constituir más de la mitad de ésta (51,79% en 1990)”, señala el documento ‘Dinámica de la migración colombiana a Venezuela en las últimas décadas”, incluido en el libro ‘Colombia y Venezuela: agenda común para el siglo XXI’, elaborado por un grupo académico binacional.

Más adelante, el declive de la economía venezolana empezó a revertir el proceso y las flechas del camino entre las fronteras cambiaron de sentido. Primero fue una ola de grandes empresarios venezolanos atraídos por la posibilidad de expandir sus negocios en Colombia. Luego, “desde 2003, salió una ola de venezolanos –principalmente de clases altas– pertenecientes a sectores productivos afectados por el chavismo que lograron sacar algo de capital del país y han contribuido en la economía colombiana”, señala Sebastián Bitar, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, en Bogotá. Más tarde fueron los trabajadores bien capacitados, y ahora son las personas con menos formación y también familias como la de Carolina, de colombianos emigrantes que deciden retornar dada la inflación, la escasez de alimentos y la situación política.

En esta fotografía del 21 de febrero de 2018, venezolanos hacen fila para cruzar el puente internacional Simón Bolívar con el fin de ingresar a Colombia. A medida que empeora la situación económica de Venezuela, un creciente número de personas huye como parte de una crisis de refugiados que pronto podría igualar las cifras de los sirios que huyen de su país devastado por la guerra. (AP Foto/Fernando Vergara)

Éxodo masivo

Pero a diferencia del éxodo de colombianos en el extranjero, estas últimas dos olas de emigración venezolana se han producido a un ritmo acelerado que tiene a Colombia en aprietos.  Con un 110% de crecimiento en el último año, se trata de la migración más alta en la historia de ese país, más acostumbrado a despedir a su gente que a recibir extranjeros.

Según Migración Colombia, a finales del año pasado más de 550 mil ciudadanos venezolanos permanecían en territorio colombiano de forma regular o irregular. Y aunque hay cifras más altas, como las del Laboratorio Internacional de Migraciones de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, según el cual son unos 900 mil venezolanos los que han llegado a Colombia desde hace 20 años, el estimado de colombianos que vivieron en Venezuela no está lejos de esos cálculos. En el censo venezolano de 2011 se registraron 721 mil nacidos colombianos en Venezuela. Pero también hay estimaciones que hablan incluso de más de 2 millones. “Nosotros fuimos; ahora ellos vienen”, indica Diana Uribe, fundadora de la Corporación Casa de la Historia, para simplificar la situación y convocar a los colombianos a la hospitalidad.

 

Relación migratroria

Para el investigador de la Universidad de Los Andes, “los colombianos no estábamos acostumbrados a recibir olas de migración de ninguna parte y por eso es hasta previsible que algunas personas reaccionen negativamente”.  Aunque buena parte de los colombianos se muestra solidario y recibe con hospitalidad y empatía a los venezolanos, no se puede desconocer la actitud contraria. Carolina, aún con su doble nacionalidad, reconoce haber percibido cierto rechazo a la presencia de venezolanos en Bogotá. Y aunque lo califica de “injusto”, entiende que los colombianos pueden sentirse “desplazados”, sobre todo cuando de competir por el trabajo se trata.

Pero hay otros factores. Entre enero de 2017 y febrero de 2018 fueron detenidos casi 1.900 venezolanos por cometer delitos en Colombia, principalmente hurto y microtráfico de estupefacientes, una realidad que ha calado en el corazón de los colombianos y empieza a evidenciar el rechazo hacia sus vecinos.

Sin embargo, el grueso de venezolanos “son personas responsables que están entregando su capacidad de trabajo en nuestro país”, señala Bittar, para quien esa mano de obra calificada representa un privilegio muy grande en la economía colombiana. “Esa es una de las principales razones para recibirlos bien”, indica el doctor en relaciones internacionales. Y en eso coincide Carolina Ardila, formada como administradora en Barquisimeto. “En Venezuela la gente está muy preparada y esa preparación a Colombia no le ha costado nada. Otros países, como Canadá, han sabido aprovechar ese talento”.

Además, resaltan ambos, la población venezolana acogió con solidaridad a los migrantes colombianos. Salvo comportamientos excluyentes de la Guardia Nacional Venezolana y un par de episodios recientes de deportaciones masivas de colombianos que ordenó el presidente Maduro, en general la convivencia fue positiva.

Por eso existe cierta deuda de hospitalidad entre los países. “Cerrar las fronteras es incentivar la irregularidad”, ha indicado Christian Krüger, director de la autoridad migratoria colombiana. Con esa idea en mente, el gobierno colombiano ha implementado medidas para regularizar la situación de venezolanos. El Permiso Especial de Permanencia, por ejemplo, es un documento que les permite trabajar, estudiar, acceder al sistema bancario y cotizar en el sistema de salud y pensiones.

Cientos de venezolanos cruzan la frontera con Colombia por el puente de internacional Simón Bolivar, el 10 de febrero de 2018. (AFP | GEORGE CASTELLANOS)

“Una apuesta decidida del gobierno colombiano por legalizar la situación de muchos indocumentados es la mejor manera de recibir a los migrantes”, indica el profesor. Primero, para evitar una suerte de esclavitud que se genera cuando los empresarios se aprovechan de las condiciones de ilegalidad de los trabajadores. Y segundo, porque en la medida en la que reciban recursos y tengan garantizados sus derechos como trabajadores, también pueden aportar al sistema de salud y contribuir con los impuestos, de modo que su presencia no sea una carga para el Estado.

Además, como recuerda la historiadora Diana Uribe para rescatar el efecto positivo de las migraciones, “un pueblo que solo se mira a sí mismo se pierde las ventajas de la diversidad”. Por eso invita a mirar las fronteras no como muros sino como puentes. Al fin y al cabo, como dice Carolina “el mundo es de todos”.