Venezolano rechazado en banco de esperma británico asegura que no fue por xenofobia

(Foto Fortune)

Gianni Mastrangioli es el padre biológico ideal. Es joven, sano, inteligente y guapo. Con tan solo 26 años es investigador universitario, emprendedor, políglota, amante de la ópera, el arte y el buen vino. Pero el Banco Nacional de Esperma Británico detectó una singularidad que le impide ingresar al programa de donantes voluntarios: es venezolano.

La sensación de Mastrangioli al asistir a un centro de salud pública en la céntrica zona de Londonbridge para inscribirse como donante de esperma fue de interés y emoción. Una atractiva campaña publicitaria por internet lo cautivó y una rápida investigación sobre los problemas de fertilidad que enfrentaron los sobrevivientes del Holocausto lo convenció a dar su aporte genético para ayudar a las familias incapaces de concebir.

“Me entrevisté con una enfermera y llené los papeles reglamentarios que te preguntan sobre tu árbol genealógico, patologías, comportamientos psicológicos, a qué te dedicas, de qué te graduaste, cuáles son tus aspiraciones a futuro”.

Los candidatos que son aceptados en el programa deben asistir al centro de salud dos veces por semana por unos 4 meses a donar esperma, por lo que reciben una contribución de 35 libras esterlinas por visita para cubrir los gastos de alojamiento y transporte.

Gianni Mastrangioli vive en Londres y viaja cada 15 días por distintas ciudades europeas (Cortesía de Gianni Mastrangioli)

El proceso iba viento en popa mientras la enfermera creyó que el aspirante era un italiano. Pero al mirar con más atención su pasaporte, la funcionaria notó que Mastrangioli nació en Caracas, una ciudad que desconocía pero que definitivamente no le parecía europea.

“Cuando se dio cuenta de que había nacido en Venezuela, empezó a preguntarme cuándo había llegado a UK y específicamente cuándo había sido la última vez que había ido a Venezuela”, relató.

La entrevista terminó cuando el académico ítalo-venezolano explicó que su último viaje a Venezuela fue en noviembre de 2017. “Me dijo que mi proceso no iba a poder seguir porque Venezuela tiene pésimas condiciones de salubridad y ellos no podían saber si contraje algo que pudiera afectar el desarrollo de los fetos”.

Aunque el gobierno de Venezuela ha censurado la publicación de estadísticas oficiales, organizaciones no gubernamentales como Cáritas han advertido que la mitad de los niños de las parroquias jóvenes del país sufrían de desnutrición en diciembre de 2017. Otro indicador preocupante es la reaparición de enfermedades tropicales que habían sido erradicadas como la malaria y la difteria.

Mastrangioli represó a su casa sorprendido. Nunca pensó que los indicadores sanitarios de Venezuela afectarían su decisión de donar esperma. Tardó dos semanas en asimilar lo ocurrido para escribir sobre su experiencia en sus redes sociales, donde el contenido se viralizó, generó gran polémica y captó la atención de la prensa internacional.

Pese al revuelo, el donante rechazado desea recalcar que no sintió lo sucedido como una muestra institucional de xenofobia.

“Después de que se viralizó mi crónica, muchos lo han interpretado como una expresión de racismo por parte del gobierno británico. Pero quiero destacar que la chica fue bastante amable al explicarme la situación con bastante paciencia y fue bastante metódica. Esto le pasaría a cualquier venezolano o cualquier persona de otro país que tenga la misma situación de salubridad”.

Opinó que “como todavía este proceso de inmigración y crisis es algo medianamente nuevo, este tipo de actitudes nos parecen escandalosas, inaceptables” pero considera que en la medida en que la comunidad venezolana aumente se irán creando ciertos clichés que podrían generar reacciones xenofóbicas en los países receptores.

“Pero eso lo iremos descubriendo con el paso de los años, ya que es la primera vez que los venezolanos nos vemos forzados a dejar Venezuela”.

Los británicos no quieren donar

El Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña estima que una de cada siete parejas británicas tienen algún problema de fertilidad, lo que afecta a unas 3,5 millones de personas.

Sin embargo, la idea de donar esperma es un asunto poco atractivo para los británicos. El Banco Nacional de Esperma Británico paralizó el reclutamiento de donantes en 2016 debido a su bajo desempeño. Cifras publicadas por la prensa británica señalaron que la institución sólo había seleccionado a nueve hombres desde su fundación en 2014.

Se cree que los británicos se sintieron desalentados a donar tras las modificaciones en la legislación sobre la fertilización asistida en 2005 que eliminó el anonimato y estableció que los niños nacidos de esperma donada tienen derecho a rastrear a sus padres biológicos al llegar a la mayoría de edad.

La presión de grupos activistas permitió la reactivación de programas públicos y privados en 2017 gracias a la aprobación de nuevas asignaciones presupuestarias y a la instalación de firmas estadounidenses especializadas en criogenética.

Pero la competencia foránea no le hizo gracia a las empresas privadas dedicadas al almacenamiento de esperma. La firma Senovo publicó en su blog que se oponía a la invasión de esperma foránea.“Creemos firmemente que los hombres que viven en Gran Bretaña desean ser donantes y no importaremos esperma a nuestro banco”, expresó la empresa en su página web.

Sobre el sorpresivo rechazo a Mastrangioli,  la legislación británica no contempla una lista negra que incluya a los donantes de esperma de nacionalidad venezolana. Sin embargo, la página del Fondo Nacional de Donantes de Gametos advierte que las clínicas tienen políticas individuales sobre la aceptación de donantes que hayan visitado recientemente países fuera del continente Europeo.

Sobre el donante rechazado

Gianni Mastrangioli en la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela, donde fue alumno y luego profesor. (Cortesía Gianni Mastrangioli)

Mastrangioli es uno de los miles de descendientes de italianos que llegaron en diversas oleadas migratorias a Venezuela en busca de una mejor calidad de vida y que para el 2010 representaban el 10 por ciento de la población de 31 millones de habitantes.

Y al igual que muchos hijos de inmigrantes, su vida ha estado marcada por los logros a través del esfuerzo. El interés de Mastrangioli por la historia lo acercó a la docencia y a los 17 años ya impartía clases a estudiantes de educación media. Se licenció en Historia en la Universidad Central de Venezuela, donde fue profesor e investigador.

Pero la crisis económica y social de Venezuela lo llevó a emigrar por las mismas costas por donde un día llegaron sus abuelos.

“Decidí emigrar por las razones que todos conocemos. La situación se hizo insostenible desde el punto de vista económico y más cuando te dedicas a las humanidades y a las artes, como es mi caso”.

Fue un asalto a mano armada lo que le hizo tomar la decisión definitiva de partir. “La gota que derramó el vaso fue cuando fuí víctima del hampa en un autobús a las 12 del mediodía, cuando un sujeto intentó robarme el teléfono y me colocó una pistola en la frente”.

Vive en Inglaterra desde hace dos años y medio, donde reside gran parte de su familia paterna y donde ha vivido experiencias y aventuras que luego relata en forma de crónicas.

Uno de los detalles que lo delata como venezolano es la costumbre de viajar con una “pepa de zamuro” colgando de su pecho, una semilla negra pulida que en Venezuela se usa como amuleto contra las malas influencias. 

“No me considero para nada supersticioso pero soy consciente de que formo parte de ese pensamiento mágico sudamericano que no nos desampara, como creer en el destino, en la mala suerte, en que las cosas pasan por algo. Soy muy apegado a las tradiciones venezolanas”.

Su vinculación con Italia también tiene un gran peso en su vida. “Hablo el idioma a la par del español, lo considero incluso mi segunda lengua materna y voy a Italia frecuentemente. Desde pequeño mi abuelo mi inculcó el amor por la ópera y el gusto por el vino. Canté opera por muchos años con el coro juvenil de caracas. También tengo una pareja italiana. Yo soy gay y mi novio es italiano”.

Asegura que lo ocurrido en  el banco de esperma es un hecho aislado y se siente afortunado de vivir en una ciudad cosmopolita como Londres.

“Nunca he sentido racismo de parte de una persona inglesa. Pero podría contar 4 o 5 eventos que involucran a otros sudamericanos, que probablemente están más informados de la situación que vivimos en Venezuela, y que pueden hacer comentarios que no son agradables”.