Veneno: luces y sombras de una artista trans que revolucionó a la sociedad española

·4  min de lectura
Daniela Santiago en Veneno, una de las grandes ficciones españolas de 2020, que ahora llega a la Argentina
Daniela Santiago en Veneno, una de las grandes ficciones españolas de 2020, que ahora llega a la Argentina

Veneno (España/2020). Creada por: Javier Calvo y Javier Ambrossi basada en el libro ¡Digo! Ni puta, ni santa. Las memorias de La Veneno, escrito por Valeria Vegas. Elenco: Daniela Santiago, Isabel Torres, Jedet y Lola Rodríguez. Disponible en: HBO Max. Nuestra opinión: excelente.

Hay series que golpean por su contundencia. Se trata de relatos que fascinan a los espectadores, quienes quizá por accidente se tropiezan con historias que destruyen los límites establecidos. Y Veneno demuestra la riqueza de la televisión y cómo ese puede ser el medio perfecto para retratar mundos que, irónicamente, pueden ser demasiado grandes para la pantalla ídem.

Primero algo de historia: Veneno fue el seudónimo de Cristina Ortiz, una mujer trans que irrumpió con desparpajo en la televisión española de los 90. Cuando ya habían pasado veinte años del destape, ella demostró que varios sectores de la sociedad seguían más encorsetados de lo que estaban dispuestos a admitir y que aún quedaban muchos tabúes por demoler. La popularidad de la Veneno arrasó con todo, pero su protagonismo en medios y su exposición desmesurada terminó por ser un arma de doble filo que la devoró hasta los huesos, sumergiéndola en la miseria y llevándola a una adultez autodestructiva, en la que solo quedaban los recuerdos de una juventud libre. En un segundo plano, la serie retrata también la vida de Valeria Vegas, una joven trans fanática de la Veneno que tiene la posibilidad de conocerla cuando ella transita sus años lejos de la fama. Decidida a exaltar la importancia de su figura, Valeria comienza una amistad que deriva en la publicación de una biografía que redescubre a la mujer que se escondía detrás de su propio mito.

Los responsables de esta serie, Javier Calvo y Javier Ambrossi, comprenden a los medios como un monstruo encantador, que maltrata a sus figuras, pero que también puede reivindicarlas cuando la soledad las envuelve. Los Javis, como se los conoce popularmente, son la punta de lanza de una renovación en la televisión española, y quienes lograron con Paquita Salas un éxito que los puso en escena. Mediante este título, ellos pusieron en práctica un juego en el que mezclaban ficción y realidad. Y ese mismo recurso, que en esa comedia era una excusa para reflexionar sobre el cine español actual, en esta nueva propuesta se convierte en el vehículo para una historia mucho más poderosa.

Javier Calvo y Javier Ambrossi, en los premios Goya 2018
Carlos Delgado


Javier Calvo y Javier Ambrossi, creadores de la serie Veneno. (Carlos Delgado/)

Hay algo en el tono de Veneno que la convierte en una ficción de una identidad única. El pasado de Cristina Ortiz, en muchos aspectos, es una verdadera leyenda. Durante años cargó con la fama de ser alguien a quien le gustaba exagerar cada una de sus anécdotas, de darle un tinte épico a eso que muchos consideraban eran apenas las delirantes memorias de una prostituta, que tuvo un fugaz paso por la televisión amarilla. Pero “los Javis” -como se conoce a los creadores en España- entienden que la mística de Cristina justamente tiene que ver con el deseo de reinventarse, maquillando el pasado y borrando las mil palizas (literales y simbólicas) que le dio el destino. Porque la saga de la Veneno está llena de violencia. Atravesar una infancia de maltratos, transitar vínculos tóxicos y afectos mezquinos obligó a Cristina a fantasear con retazos de una vida que se le negó, pero que ella buscó incansablemente. De este modo, la trama hace foco en la lucha de una mujer que necesitaba creer que la vida podía (mejor dicho, debía) ser algo mejor.

Claro que no todo es un desfile de martirios e idealizaciones. La serie también muestra el lado menos amable de la Veneno, su cara oculta atrapada entre el vicio y el egoísmo. Los Javis sienten un sincero entusiasmo por su protagonista, pero eso no les impide mostrar sus grises, esa sordidez que pareció acompañarla en todas las etapas de su vida, y que terminó por alejarla de aquellas pocas personas que la amaron de forma genuina (como Paca la Piraña, otra prostituta trans que fue su mejor amiga, y que en ese ejercicio de realidad y ficción combinadas, los Javis convocaron para que se interpretara a sí misma).

Calvo y Ambrossi mezclan influencias y renuevan estilos. Parten de una estructura en la línea de El ciudadano, se adueñan de un mito y lo tiñen de colores de neón y canciones de Los Saicos. En cada uno de los ocho episodios que integran esta miniserie, logran un tono entrañable que navega por la comedia, el drama e incluso la fantasía. Construyen dos historias de identidades, de lealtades hacia una misma y de la fabricación de una leyenda a partir de una realidad dolorosas. En Todo sobre mi madre, Amparo aseguraba que “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Esa idea parida del cine de Pedro Almodóvar encuentra en Veneno una hija directa, a través de una figura que logró la autenticidad para sí misma, pero también para muchas mujeres trans que patearon puertas detrás de sus pasos, y para una TV que gracias a los Javis también puede ser un poco más verdadera.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.