Vendedores ambulantes sin plan B ante cierre de playas en Río de Janeiro

Eugenia LOGIURATTO
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Un vendedor ambulante ofrece juguetes en la playa de Ipanema, a pesar de la epidemia de coronavirus, el 19 de marzo de 2020

Un vendedor ambulante ofrece juguetes en la playa de Ipanema, a pesar de la epidemia de coronavirus, el 19 de marzo de 2020 (AFP | CARL DE SOUZA)

"¡Caipirinha! ¿Una caipirinha?", ofrece sonriente Jorge Martins exhibiendo una bandeja de cócteles frutales a los pocos turistas que todavía pasean por la playa de Ipanema, una de las postales más famosas de Río de Janeiro.

A partir del sábado, el movimiento deberá desaparecer por completo, porque entrará en vigencia la prohibición de circular en las playas, para impedir la propagación del coronavirus.

Es un verdadero desafío para una ciudad de clima cálido que adora la vida al aire libre y el contacto social cercano y que además de los besos y abrazos, verá restringido el funcionamiento de bares y restaurantes.

"Mientras pueda, voy a seguir viniendo a vender. Todavía no pensé qué voy a hacer [cuando cierren la playa]", dijo a la AFP Martins, pocas horas antes de que anunciaran la medida.

Para los trabajadores informales como él, que no poseen ninguna protección contra problemas que les impidan salir a trabajar, el gobierno federal anunció que otorgará un 'vale' de 200 reales por mes mientras dure la crisis, equivalente al cambio actual a 40 dólares y a un quinto del salario mínimo en Brasil.

El Ministerio de Economía informó que el auxilio será distribuido entre los "trabajadores informales, microemprendedores individuales y desempleados" de bajos ingresos, para que puedan cubrir sus "necesidades básicas de alimentación e higiene".

"¿Qué voy a hacer con ese dinero? No da ni para desayunar. Y si compras pan... ¡ya fue!", asegura Martins, que tiene 55 años y el cuerpo bronceado de trabajar en la playa desde hace 32.

Brasil tiene actualmente una tasa de desempleo de 11,2%, indican cifras del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE).

Y un 40% de la fuerza de trabajo, 38,3 millones de personas, trabajan en el mercado informal.

- "Mejor poco que nada" -

"Es aquel dicho: mejor poco que nada. Pero no es una ayuda real. Trabajando aquí ganaríamos esa cantidad [200 reales] por día", coincide Zé Joaquim de Assis sin quitar los ojos de los escasos clientes potenciales que circulan cerca de su puesto de alquiler de sillas y sombrillas en Copacabana.

Al igual que muchas de las tiendas que brindan ese servicio (a USD $1 cada silla y USD $3 las sombrillas), Assis trabajó apenas hasta el jueves debido a la reducción del flujo de turistas, visible desde antes de que anunciaran la veda.

Según la Asociación de Hoteles de Rio de Janeiro (ABIH), la ocupación hotelera pasó de 70% la semana pasada a un magro 15% esta semana, cuando los casos confirmados de coronavirus aumentaron considerablemente en el país y el mundo.

Brasil, con 210 millones de habitantes, confirmó hasta el momento 621 contagios y seis muertes en todo el país. Rio es el segundo estado más afectado, con 65 casos confirmados y 2 fallecidos.

Mirando el horizonte recortado por los cerros Dois Irmaos en Ipanema, el británico Ian Cooper bebe una cerveza y explica las precauciones que él y su compañero de viaje están tomando contra el virus: "Nos lavamos las manos después de cada contacto e intentamos mantener distancia con las personas".

Afortunadamente, se encuentran en la recta final de sus vacaciones y no enfrentaron restricciones para circular dentro de Brasil (visitaron antes Sao Paulo y las Cataratas del Iguazú).

"No sé si lo habríamos disfrutado más con la ciudad más llena. Llegamos hace seis días, ha estado agradable y tranquilo", afirma Cooper.

Y salvo que su vuelo sufra alteraciones, volverán a casa el domingo, un día antes del cierre de fronteras que determinó el gobierno para impedir el ingreso a Brasil de personas provenientes de Europa y buena parte de Asia, zonas de concentración del virus.

El chiringuito de Copacabana en el que Marcilene da Silva trabaja canceló los shows musicales en vivo, redujo a la mitad el horario de funcionamiento y el número de mesas para poder respetar el metro de distancia entre las personas recomendado.

Para esta joven de 26 años, impedir el acceso a la playa es la única forma de evitar aglomeraciones el fin de semana.

"Muchos brasileños piensan que es solo una gripe, que no llegará aquí tan fuerte como en otros países. Y eso da miedo, porque estamos viendo lo que ocurre afuera y lo mismo debería ocurrir aquí, debemos prevenirnos", dijo a la AFP antes de colocarse nuevamente el tapabocas para retomar el trabajo.