‘Antes vendía 10 pesos ahora vendo 1′: así han sobrevivido pequeños negocios al COVID

Arantza Ocampo
·6  min de lectura

¿En qué se parecen una papelería, una recaudería y una veterinaria? A simple vista, desde la distancia, en nada. No obstante, si se enfoca más la mirada podrán notarse un par de letreros similares, portadores del mismo mensaje precautorio para evitar contagios de COVID y si se mira más profundo se verá la crisis económica en la que los dejó el virus.

Como ellos, muchos negocios en México se enfrentaron a la llegada del virus desde su aterrizaje en el país a finales de febrero, pero no todos lograron sobrevivir a su paso. La enfermedad COVID-19 arrasó con más de 100 mil vidas humanas, y también con más de un millón de negocios que eran sustento de miles de familias.

“Digamos que fue como un coma inducido, es una recesión inducida”, explica Gabriel Pérez del Peral, maestro en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Debido a la falta de ingresos y a la falta de demanda, las empresas se vieron en la necesidad de bajar su ritmo, y en algunos casos, cerrar definitivamente, menciona.

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Según los resultados lanzados en la segunda edición de la Encuesta sobre el Impacto Generado por COVID-19 en las Empresas (ECOVID-IE) – levantamiento hecho por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) durante el tercer trimestre del año –, de los 4.9 millones de establecimientos micro, pequeños y medianos, solamente sobrevivieron 3.9 millones de ellos, lo cual equivale al 79.19% de la cifra original.

“Voy a hablar en números”, planeta Syr Jaimes, dueño de la papelería “Julián” en el municipio de Chilpancingo, “si (antes) yo vendía 10 pesos diarios, cuando empezó la pandemia yo vendía un peso diario y así estuve casi dos meses”.

La papelería de Syr Jaimes es uno de los pocos negocios que logró sobrevivir a la llegada del virus a la ciudad de Guerrero. Con 24 años de existencia, el establecimiento se vistió con una capa de plástico cristal y botes de gel antibacterial para protegerse de la enfermedad que provocó el cierre de locales vecinos.

En un escenario donde los Censos Económicos del 2019 mostraron que 99.8% de los establecimientos en el país son micro, pequeños o medianos; el cierre de negocios de barrio, como los afectados en Chilpancingo, muestran la gravedad en la muerte de estos.

Arrastrando el problema

La entrada del local está adornada por huacales que guardan tejocotes, guayabas, cañas, manzanas y mandarinas, frutas que avecinan la llegada de la época decembrina. Y al final del lugar, más profundo que largo, está Moisés Guadalupe, dueño de la recaudería de la colonia El Campanario, en el Estado de México.

El 2 de abril, el gobernador del estado, Alfredo del Mazo, anunció el cierre temporal de negocios no esenciales como medida para aplanar el alza de contagios. Sin embargo, la recaudería de Moisés no tuvo que pasar por tal filtro, aunque el comerciante admite que sus horarios sí se vieron recortados y las ventas continuaron con una baja que veía reflejada desde 2019.

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“El 2019 ya venía con recesión, con la caída del Producto Interno Bruto que fue de 0.3%; ya veníamos de bajada y se agudizó con el estallamiento de la crisis sanitaria”, mencionó el maestro Pérez del Peral. Además, la crisis es resultado de un choque externo simultáneo y masivo en la oferta y en la demanda, señaló.

La situación de la recaudería está reflejada en otros micronegocios, los cuales no logran ver un futuro largo con las ganancias que hasta hoy han recibido. La ECOVID-IE afirmó que un 47.9% de las PyMES y 46.6% de las microempresas opinan que solo podrán continuar operando en un periodo de tres a menos de 12 meses con su actual nivel de ingresos.

Sin empleos a la vista

“Tengo vecinos que son abarroteros, mayoristas, que tenían seis, ocho empleados; (ahora) tienen cuatro empleados, porque tuvieron que despedir a la mitad”, asegura Syr Jaimes, quien también solía contar con una joven estudiante que lo apoyaba a atender la papelería del centro de Chilpancingo durante las primeras horas del día. “Yo sé de muchos, muchos negocios que tuvieron que despedir para poder seguir trabajando”.

La situación se respalda con los resultados mostrados en la Encuesta sobre el Impacto Generado por COVID-19: en los establecimientos que dejaron de operar de manera definitiva laboraban casi 3 millones de personas, y los negocios que sobrevivieron experimentaron una disminución de 1.14 millones de empleados.

Uno de los factores principales de los negocios de barrio es la generación de empleos, asegura Pérez del Peral. Al representar casi el 99% de las empresas en el país, las MyPES son las mayores responsables de la empleabilidad de los mexicanos. La escasez de trabajo deriva, entonces, a la falta de ingresos y a la pobreza.

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“Hasta eso van muchas personas buscando trabajo, empleo, pero no les podemos dar empleo, porque no va a salir para pagarles”, reflexiona Syr Jaimes.

Uno entre millones

No muy lejos de la recaudería de Moisés, está el Centro Veterinario Campanario, fundado y dirigido desde hace 10 años por Daniel Sánchez Becerril, veterinario ortopedista. El local, enmarcado por accesorios para mascotas y distribuido entre una sala de estética canina, un consultorio y un quirófano, tampoco se vio afectado por los cierres de negocios, aunque sí tuvo que modificar su horario.

Sin embargo, su dueño se muestra optimista con su entorno. A lo largo de los 17 años que ha estado ejerciendo su profesión ha vivido altas y bajas, con lo cual aprendió que el trabajo se tiene que salir a buscar. “La chamba no bajó porque yo salía a buscarla”, afirma.

Aquello puede explicar por qué su veterinaria se mantuvo a flote, con una disminución mínima de diez clientes antes de la pandemia, a siete clientes durante la crisis sanitaria. Gabriel Pérez del Peral afirma que solo aquellos negocios que salgan a la calle, que entiendan a sus clientes y que sean flexibles ante la adversidad serán los que sobrevivirán la crisis económica.

Además, solo las empresas que se enfoquen en sus fortalezas competitivas serán las que prevalecerán, comenta el maestro en Economía. “Los negocios de barrio no deben de tratar de ser los mejores, hay algo mejor que ser el mejor y eso es ser único; si tú eres único, el mercado te lo paga muy bien”.

Un ejemplo es el caso del dueño de la papelería “Julián” quien ve a la competencia como una oportunidad de mejorar: “Si yo tengo varios productos que muchas papelerías no venden mis clientes me vienen a buscar a mí y la gente me va recomendando”.

Ni Syr Jaimes, ni Moisés Guadalupe o Daniel Sánchez saben cuándo acabará la pandemia, pero desde el interior de sus respectivos negocios seguirán con las medidas preventivas que los han favorecido durante los últimos meses. Y pese a que a la distancia parezcan diferentes, los une el mismo objetivo: salir adelante.

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